Pacto del 25 de Mayo y la orgía de corrupción populista

El león outsider que pareciera no pretender instalarse en el poder por siempre y entonces pone en juego su capital político y ataca a quienes “han conformado una clase dirigente mediocre y egoísta”

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Los puntos salientes del discurso del presidente Milei. REUTERS/Agustin Marcarian
Los puntos salientes del discurso del presidente Milei. REUTERS/Agustin Marcarian

El rumbo es imprescindible y quienes profesamos las ideas de la libertad, la república y la irrestricta vigencia de la ley, debemos apoyarlo para evitar que vuelvan los responsables de “la orgía populista” a quienes el presidente nominó en su discurso inaugural de las sesiones ordinarias del Congreso de la Nación como “los jinetes del fracaso” refriéndose a Sergio Massa, Maximo Kirchner, Juan Grabois, Roberto Baradel y Cristina Fernandez de Kirchner, respecto de quien señaló, encabezó a “uno de los peores gobiernos de la historia” y yo agrego, el más corrupto del que tengamos memoria.

Pocos políticos tienen la autoridad para exigir buenos modales al presidente que con su diatriba sigue en verdad haciéndose eco del malestar de una nación arrasada, cuando además han formado parte del establishment corrupto que siempre conspiró y organizó “un sistema en absoluta bancarrota moral que solo puede generar pobres, y a costa de ellos produce una casta privilegiada que vive como monarcas, que llega a absurdos obscenos de impunidad, como el caso de un ex gobernador que metió tras las rejas sin debido proceso a un ciudadano por 50 días, meramente por hablar mal de la corona en un chat privado’.

Sucede que la hipocresía y la rosca despiertan la ira del león outsider que pareciera no pretender instalarse en el poder por siempre y entonces pone en juego su capital político y ataca a quienes “han conformado una clase dirigente mediocre y egoísta, concentrada en un toma y daca que siempre prioriza sus proyectos personales y ambiciones con el intercambio de favores, cargos y negocios” y que poco tiene que ver con el bienestar general.

En este sentido Javier Milei definió ante la brutalidad de la herencia recibida, que el modelo del “Estado Presente” ha sido en verdad “un sistema corrupto que ha generado cientos de millones de dólares de retorno que terminaron en los bolsillos de los políticos…. Una organización criminal, diseñada para que, en cada permiso, en cada regulación, en cada trámite y en cada operación haya una coima para el político de turno”.

Con crudeza enfatizó sobre una realidad que se verifica a cada paso, pero ha sido ocultada por actores relevantes y por años en nuestro país, la existencia de un “esquema putrefacto extendido a todos los poderes del Estado: tanto el Poder Ejecutivo, el Poder Legislativo y el Poder Judicial; y en todos sus niveles, nacional, provincial y municipal. Sustentados por medios de comunicación que viven de la pauta oficial y formadores de opinión ensobrados que miran para el otro lado o que eligen cuidadosamente a quien acusar y a quién no. Sustentado también por empresarios prebendarios que apoyan este modelo porque el retorno de pagar una coima es más tentador que el desafío de competir en el mercado. También por sindicalistas que entregan a sus trabajadores, engañándolos con supuestos beneficios mientras promueven un régimen laboral que solo los beneficia a ellos. Es decir, un sistema en absoluta bancarrota moral e intrínsecamente injusto”.

Y concluye con razón “Un sistema que haga tanto daño a tanta gente no es casualidad, el desastre en lo que nos han sumergido se trata de un esquema consciente y planificado… lo que yo llamo el modelo de la casta”.

No puede acertar más el presidente en cada una de estas afirmaciones que entre comillas he ido destacando. En relación con este tema, dentro del paquete de Leyes Anti-Casta lleva al Congreso propuestas de extrema relevancia para eliminar incentivos a la corrupción y proteger la integridad y estabilidad del sistema democrático.

  • Toda persona condenada x corrupción en segunda instancia no podrá candidatearse en elecciones nacionales.
  • Todo funcionario con condena firme en segunda instancia por delito de corrupción perderá cualquier beneficio que haya tenido por haber sido funcionario.
  • Se reducirán drásticamente los contratos de asesores de diputados y senadores.
  • Se eliminará el financiamiento público de los partidos políticos.
  • Se limitan los mandatos sindicales y se imponen elecciones con control judicial.
  • Se discutirá el financiamiento público de los partidos políticos.
  • Se propone penalizar al presidente de la Nación, al ministro de Economía, a los funcionarios del Banco Central y a los diputados y senadores que aprueben un presupuesto que contemple financiar déficit fiscal con emisión monetaria y darle significación de delito de “lesa humanidad”.

Debo destacar aquí que aún sin la colaboración del Congreso de la Nación, el presidente ha encarado con determinación un proceso de desregulación, desburocratización, control del gasto y rediseño de la relación Nación-Provincias que todos los días demuestra ser una contundente y eficaz política de lucha contra la corrupción y que por su parte, el ministro de Justica ha retrocedido en la idea inicial de debilitar en los procesos el rol de querellante de la Oficina Anticorrupción y la Unidad de Información Financiera y comienza a tomar medidas que muestran la intención de enfrentar este flagelo que ha traído un empobrecimiento estrafalario, degradación social e institucional y deslegitimación de nuestra democracia por el descrédito de sus dirigentes.

Dicho ello, el presidente plantea en este aspecto una ambiciosa agenda para fortalecer un pilar indispensable de una sociedad libre, la lucha contra la corrupción y ante la crueldad de ese pasado sugiero poner más énfasis en la necesidad de que los responsables de esa tragedia, de quienes han conformado la asociación criminal de la que habló en su discurso sean juzgados con celeridad para poner fin a su impunidad y para que los argentinos podamos recuperar lo robado y la paz.

Ser parte del “PACTO DEL 25 DE MAYO” debería ser un honor y un compromiso para gobernantes de bien, creíbles, que quieran cambiar el rumbo de Argentina para siempre y no pueden ser convidados los responsables y cómplices de esa trágica corrupción sistémica y estructural que tan bien describió en su discurso el presidente y que en gran parte explican nuestro presente infame.