¿Profesiones del futuro o futuro de las profesiones?

Tanto las carreras tradicionales como las que se han ido creando en las últimas décadas tendrán posibilidades de inserción laboral. ¿De qué dependerá?

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Profesiones del futuro
Profesiones del futuro

Es común leer y escuchar mensajes que promueven lo que se considera como “carreras del futuro”, es decir programas de estudios superiores que estarían asociados a tendencias que anuncian oportunidades destacadas para quienes los elijan. Por definición, se supone que si algunas carreras universitarias y por ende, algunas profesiones, representan las oportunidades que se visualizan para el futuro, otras carecerían de ellas. Algunas carreras que aún ofrecen las Universidades de Argentina y el mundo estarían ancladas en el tiempo, subsistiendo por razones inerciales o corporativas, pero desligadas del mandato de formar profesionales para abastecer aquellos espacios que crearán mucho valor en el futuro y que, en consecuencia, serán altamente demandantes de técnicos y profesionales.

Es hora de afirmar con contundencia que esta mirada es limitada y parcial. Por no decir directamente desacertada. Trazar una división entre carreras del futuro y carreras disociadas del mismo o, lo que es lo mismo, sólo enfocadas en un presente que tiende a desaparecer, constituye una simplificación inadecuada de un fenómeno mucho más complejo que trataremos de explicar en esta nota. Por supuesto, hay razones que justifican el extendido mensaje acerca de que algunas carreras representan mejor el futuro esperado, como por ejemplo el creciente impacto que las tecnologías ocupan en las actividades económicas y en el funcionamiento general de las sociedades, el desbalance que suele haber (como en Argentina, claramente) entre los niveles muy superiores de adhesión que aún reúnen las carreras más tradicionales frente a aquellas más nuevas (lo que dispara alertas para incentivar la mayor elección de estas últimas) y también una inevitable cuota de incertidumbre y confusión que siempre acompaña los procesos de transformación y cambio acelerado como el que transitamos en esta tercera década del siglo XXI.

Sería necio negar que hay carreras y profesiones con mejores proyecciones de impacto socio económico y desempeño laboral que otras. Pero ello siempre transcurre en el terreno de las estimaciones, bajo un océano de posibilidades sobre el que conviene detenerse para explorar qué más hay debajo de la superficie. Allí, descendiendo a lo más profundo de los procesos que transitamos en nuestro tiempo, encontraremos una matriz de cambios fenomenales y de cuyos desenlaces dependerá en gran medida cómo se irá configurando el futuro de la Humanidad y consecuentemente, las formas y orientaciones que terminarán adquiriendo el trabajo y las profesiones humanas.

Los cambios generan desafíos colectivos. Y como todo cambia aceleradamente, los desafíos de la Humanidad son mayúsculos en este momento. Podemos agruparlos en cinco mega desafíos:

  1. La adopción y organización de las tecnologías avanzadas en todas nuestras actividades, especialmente la inteligencia artificial. No hay sectores inmunes a la incursión digital, que promete productividad y progreso pero amenaza con mayor desigualdad e irrelevancia laboral.
  2. La transformación de nuestros modelos de producción, creación de valor y distribución, lo cual supone en general la optimización de las mejores virtudes del capitalismo (en sus distintas variantes) y su evolución en aquellos aspectos que responden a demandas de un mundo más sensible a nuevos equilibrios económicos y sociales.
  3. La reparación del Planeta Tierra, a la luz de la gravedad que adquieren los indicadores que ponen en zona de peligro real nuestra supervivencia como especie.
  4. La innovación aplicada a nuestros modelos de convivencia y gobernanza, atento a las crecientes tensiones que se viven en el ejercicio de combinar libertad con comunidad, tanto dentro de un país como en la escena global.
  5. El sentido de la vida humana, asediado por múltiples factores que explican una ola creciente de insatisfacción e infelicidad. Vidas que se alargan, poblaciones que envejecen y crecientes opciones de modificar y potenciar la biología humana con tecnologías, dan forma a un fenómeno cargado de incertidumbre.

Estos desafíos agrupan miles de actividades y proyectos. Orquestan, de alguna manera, las demandas, temores y energías de nuestros tiempos. Y, por ende, generan presiones e incentivos hacia las profesiones y oficios que elegimos las personas. Es en este marco donde debemos intentar leer los cambios en las carreras universitarias y las profesiones que están en marcha y anuncian realidades dominantes en el futuro. Podemos afirmar que analizar y desentrañar las señales para el futuro posible de las distintas carreras o profesiones es más apropiado que concentrar la mirada en un grupo de carreras o profesiones del futuro. Todas las carreras existentes tienen trayectos que repensar y propuestas de valor a reconstruir en el marco de un mundo donde todo se transforma aceleradamente. Salvo alguna excepción aislada que podríamos discutir, no es apropiado decretar el fin de alguna carrera o profesión, bajo la leyenda de no tener futuro. Más bien, estamos invitados a delinear caminos de innovación, combinación y transformación para todas las carreras y profesiones, a la luz de las arquitecturas que van dando forma al mundo del mañana.

Ahora bien, para que esta mirada no sea sólo una expresión de deseos o un intento voluntarista frente a tantas voces que anuncian un futuro amigable sólo con algunas carreras o profesiones, debemos ofrecer una argumentación creíble. El marco que explica nuestra mirada está dado por cinco elementos que entendemos podrían explicar la demanda de profesionales en el futuro:

  1. Las habilidades o competencias que puedan desarrollar en el recorrido de cada carrera. La verdad es que ellas son cada vez más transversales. Dependen menos de la carrera elegida y más del sistema pedagógico propuesto para lograrlo. Habilidades digitales, personales e interpersonales conforman un mundo de alto impacto y que, cada vez más, cruza a todas las carreras o profesiones.
  2. Sectores de la sociedad y la economía donde se insertan las carreras o profesiones. Los viejos se transforman (legal, turismo, seguridad, transporte, salud, agro, etc). Los más nuevos van hacia la maduración y expansión (bienestar, sustentabilidad, biotecnología, data, etc). Todos ofrecen oportunidades, aunque en magnitudes, características y ritmos diferentes.
  3. Potencial de automatización tecnológica y espacios para nuevas aplicaciones de desempeño humano. Nuevamente, esto es más transversal que vertical a nivel de carreras o profesiones. Más aún desde que la IA generativa se adentra en actividades más cognitivas de las personas. Pero cada sector o ámbito del desempeño tiene distintas potencialidades de desplazamiento y potenciación de tareas humanas. No hay certezas, recién lo estamos tratando de entender y proyectar.
  4. Grado de internacionalización de las distintas disciplinas que originan carreras o profesiones. En un mundo cada vez más interactivo y con movilidad internacional de mano de obra, aquellas con menor anclaje nacional pueden tener mejores proyecciones, aunque de nuevo reconociendo que todas deberían poder internacionalizarse, con mayor o menor dificultad o instancias de validación.
  5. Distintos niveles de facilidad que carreras o profesiones puedan tener para desempeños futuros bajo nuevas modalidades de trabajo. El futuro promete una expansión de formatos de trabajos más flexibles, contingentes, por proyectos e independientes. En principio, no debería haber profesiones impedidas de incursionar en ellos, pero seguramente hay algunas con mayores facilidades que otras para hacerlo.

Todas las carreras y profesiones y, especialmente, todas las personas que las elijan, pueden abordar con éxito su encuadre de desempeño futuro en base a estos cinco elementos que, de alguna manera, condicionan el potencial que podemos visualizar para las mismas.

Un futuro abogado (carrera super tradicional) equipado con habilidades en expansión, como interactuar con dispositivos de inteligencia artificial y empatía en la prestación de sus servicios; puede capitalizar oportunidades en un sector en plena transformación (más orientado a servicios de valor agregado, por ejemplo en el ámbito de nuevas maneras de contratar y afiliar personas en los ecosistemas de trabajo que reemplazan a las viejas nóminas laborales de empresas); encontrar espacios donde el desempeño humano seguirá siendo necesario aunque combinado con tareas automatizadas (por ejemplo la asistencia profesional para optimizar la fuerza laboral de una empresa bajo las modalidades legales disponibles); estará más cerca de internacionalizar sus servicios si fuera necesario o así lo eligiera y claramente tendrá chances crecientes para organizar su desempeño profesional de forma independiente (en una profesión que siempre ha sido afín a ello).

Un futuro Lic en Gestión Ambiental o en Ambiente y Energías Renovables (carreras con corto recorrido aún), equipado con competencias de innovación para diseñar proyectos y comunicación asertiva para construir vínculos y clientes; saldrá a la cancha a capitalizar la sostenida expansión de oportunidades dadas por organizaciones públicas y privadas familias y personas que deciden modificar prácticas (e inversiones) favorables al medio ambiente, ofreciendo servicios, instalaciones y gestiones que ninguna máquina podrá resolver de forma 100% automatizada; asumiendo que en estas cuestiones el mercado es, de entrada, el mundo entero (desempeño muy internacionalizable) y sin límites visibles para los innumerables formatos de trabajo independiente que entendemos ofrecerá la economía cada vez más verde del futuro.

Finalmente (por tomar solo tres ejemplos), un futuro Lic en Inteligencia Artificial y Robótica (carrera nueva) puede tener un escenario más atractivo aún por delante, si ha adquirido habilidades blandas (capacidad de trabajar en equipo, coordinación de tareas interdisciplinarias, etc.) además de las más técnicas propias de la carrera; serán super demandados por todas las industrias y organizaciones que ya tendrán en marcha sus estrategias de inteligencia artificial en distintas áreas o temas; serán los primeros en capitalizar esta idea de que IA y robots no pueden hacer todo solos (diseñarlas, prepararlas, corregirlas, mantenerlas, integrarlas, implementarlas, etc., seguirán siendo tareas humanas), irán a cualquier parte del mundo a ofrecer sus servicios y será casi imposible afiliarlos para trabajar en relación de dependencia durante tiempos prolongados (lo cual da cuenta de su aptitud para el trabajo independiente).

En síntesis, tanto las carreras tradicionales, como las que se han ido creando en las últimas décadas, tienen posibilidades de futuro. Los profesionales de una disciplina serán cada vez más una combinación única e irrepetible de conocimientos, competencias y experiencias bajo una plataforma de base común. Cada biografía personal respaldada por uno o más títulos universitarios será una fuente de creación de valor original destinada a sectores socioeconómicos con distintos niveles de requerimientos y potencial, pero todos portadores de posibilidades de desempeño futuro. La máxima del original pensador e inversor Paul Graham: “hacer algo que la gente quiera y hacerlo de forma distintiva a otros”, estará más vigente que nunca en el mundo hacia el que vamos. Es lícito y esperable que haya mejores incentivos para que más personas elijan carreras o profesiones de mayor potencial de desempeño futuro pero pongamos en claro que todas las vocaciones e inclinaciones podrán tener lugar en un futuro de profesiones más diverso y heterogéneo que el que suele invocarse.