Réquiem para Navalny: la amenaza sobre las democracias

Los ciberataques, especialmente los respaldados por “Estados”, crecen en volumen, capacidad y eficiencia. Infraestructura crítica, humor social y operaciones de desprestigio y fake news están a la orden del día

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Alexei Navalny murió el 16 de febrero como preso político del régimen de Vladimir Putin (Foto: AP Foto/Andrew Medichini)
Alexei Navalny murió el 16 de febrero como preso político del régimen de Vladimir Putin (Foto: AP Foto/Andrew Medichini)

Durante los primeros días de abril de 2021, un ataque de phishing tuvo lugar por parte de ciberdelincuentes que se hacían pasar por Leonid Volkov, jefe de Gabinete de Alexei Navalny, líder de la oposición al gobierno de Putin. Estos suplantaron la identidad de Volkov con el propósito de influir negativamente y manipular información. Dichos ciberataques buscan afectar la imagen, distorsionar la información y perturbar las operaciones de personalidades que el Kremlin cataloga como amenazas.

Mientras Putin intentaba silenciar, desprestigiar, envenenar y matar a Navalny, los grupos organizados de ciberdelincuentes erosionaban la respetada reputación del equipo de Navalny en Occidente. La muerte del líder opositor ruso es un quiebre y profundiza la grieta entre las democracias y el resto.

El líder opositor de 47 años, creador en 2011 la ONG Fundación Anticorrupción, cuyo objetivo fue la investigación de la corrupción de funcionarios, autoridades y empresas rusas controladas por el Estado, es un punto de inflexión que agrava la tensión entre las democracias y los regímenes autoritarios.

Rusia, China, Irán y Corea del Norte están cerrando filas y se distancian del sistema democrático, y está claro que Putin no está solo: Irán fabrica y envía drones a Rusia; Corea del Norte, municiones; China da soporte económico financiero a través del comercio, incluidos productos tecnológicos y de ciberinteligencia, a Moscú, con sus ciberataques contra Zelenski.

Ya en 2021, Biden advirtió a Putin sobre los ciberataques y la salud de Navalny, enfatizando respecto de las consecuencias de llevar a cabo ciberataques a la infraestructura de misión crítica de Estados Unidos y evitar la muerte del líder opositor. Tres años después, Navalny ya no está entre nosotros y los ciberataques, especialmente los respaldados por “Estados”, crecen en volumen, capacidad y eficiencia. Infraestructura crítica, humor social y operaciones de desprestigio y fake news están a la orden del día.

En este 2024 habrá más votantes que nunca en la historia de las democracias de la humanidad, con una posibilidad cierta de que la actividad de ciberdelincuentes organizados dirigida a elecciones soberanas se incremente significativamente en todo el mundo.

La Unión Europea y 64 países más celebrarán elecciones nacionales este año, unos 2.000 millones de votantes que representan aproximadamente el 49% de la población mundial. Sin dudas, la más importante será la elección presidencial de Estados Unidos, cuyo resultado podría modificar y condicionar radicalmente los destinos de las relaciones geopolíticas y los conflictos a nivel mundial.

Además de campañas de interferencia extranjera y ciberespionaje, los agresores pretenden sembrar incertidumbre sobre la integridad de las elecciones mediante operaciones que apuntan a perturbar y manipular la opinión pública a nivel mundial. Lamentablemente, estos incidentes siguen siendo complicados desde el punto de vista de la investigación y, a menudo, son imperceptibles para el público.

Uno de los objetivos centrales será adquirir y explotar los datos de los votantes. Si bien algunas de estas amenazas implican filtración de datos motivados por objetivos económicos, también lo hacen por hacktivismo ideologico. La vulneración de accesos a cuentas de redes sociales debido a la reutilización de contraseñas en múltiples plataformas y los datos de votantes filtrados siguen utilizándose años después de la filtración inicial.

Ésta es una de las cuestiones más cruciales que los gobiernos deberían abordar. En un contexto de rápido aumento de las amenazas cibernéticas, garantizar una protección integral de la identidad de los votantes se ha vuelto fundamental para preservar la integridad del proceso democrático.

Navalny ya no está y ni siquiera se conocen las circunstancias de su fallecimiento y desaparición, la comunidad internacional no pudo evitarlo. Ucrania, Israel, Occidente y sus democracias parecen estar apuntados por ataques que podrían ocurrir en cualquier lugar y en todo momento, afectando la vida cotidiana de millones de personas sin previo aviso. Trabajar en prevenir, educar y ser conscientes de esta nueva realidad podría ser un inicio.