4 de mayo de 2008, Superclásico. Estoy en la Socios Sur de la Bombonera, atrás del arco que da al Riachuelo. Juan Román Riquelme va a patear un córner, pero a diferencia del 99% de los jugadores que habitan este planeta, se demora de manera casi inexplicable. Por supuesto, hay una razón profundamente táctica. Ocurre que Juan José López, el DT de River Plate, decide dejar dos jugadores en la mitad de cancha “para la contra”. Román lo advierte y llama a Rodrigo Palacio para que se acerque, lo saca del área y, junto con él, salen otros dos jugadores de River. En el área quedan entonces cuatro defensores contra tres atacantes. Lo que sigue es conocido: gol de Sebastián Battaglia de cabeza. Todo en un minuto y cuarenta segundos.
Se trata de un video que he repasado en al menos más de veinte conferencias en todo el país y al que siempre recurro, como en este caso, cuando quiero resaltar la imagen de que planificar, pensar y comprometerse con el aquí y ahora, para el dirigente político, debe ser un solo movimiento. Sobre todo, que puede hacerse sin la necesidad de que el tiempo se detenga o de que se pague cara la ilusión de enajenarse de la realidad.
Siento que a muchos dirigentes les falta tomarse ese tiempo, tan necesario y tan urgente después de tantas derrotas. Porque sí, porque fueron muchas. Porque perder cinco de las últimas seis elecciones da una señal inequívoca de que la mayoría de la sociedad prefiere, por diversas razones, a otras opciones. Quizás como en la película, simplemente no nos quieran, pero creo que este caso amerita una vuelta de tuerca.
El primer desafío es evitar la psicosis proyectiva que nos afecta desde la fallida consigna de que “La Patria es el Otro”. Parafraseando a Barrionuevo, tenemos que dejar de asignar significados por dos años. Y aunque sepamos desde Lacan hasta acá que es una tarea imposible, me parece que la potencia de querer suspender, aunque sea del discurso público estas cuestiones, ayuda. Porque así como para algunos el Otro es la Patria, para otros es la Dictadura, y entonces hay orcos y zurdos, y gorilas y garcas. Y así, la grieta, que si por lo menos le sirviera al peronismo para ganar elecciones, uno podría ser capaz de valorarla mejor, pero no.
El segundo desafío es el de un nuevo liderazgo. No hay manuales para esto. Y por mucho que escribamos y discutamos no hay receta alguna más que la realidad como partera de varones y mujeres capaces de asumir el reto. La tarea titánica es la de comprender y volver a enamorar a aquellos que están enojados luego de años y años de un peronismo peleado a muerte con los problemas de la gente común. Ya no alcanza con que alguien pase con la ambulancia a recoger a los heridos de un peronismo sectario y faccioso. Se necesita fundar un nuevo pacto hacia adentro y hacia afuera. No va a ser fácil.
Parar la pelota implica tener la audacia de leer este tiempo político sin curvas. De ninguna manera sugerimos que se acompañe el desquicio de un DNU a todas luces errático en sus formas y en su legitimidad, o cualquier otra aventura de las que promueve el nuevo gobierno, pero tal vez sea momento, para quienes no estamos en funciones legislativas, de frenarnos y organizarnos.
Los chinos usan una frase en política que dice algo así como “ver desde arriba de la montaña como se pelean los leones”. Seguramente aplique para esta coyuntura y seguramente algún león de los nuestros tenga -por responsabilidad institucional y política- que estar en el barro de la discusión, pero necesitamos a muchos de los nuestros, de los jóvenes, bajando un cambio y parando la pelota. Porque se acaba de perder una elección y porque creemos profundamente en la democracia. Porque entendemos que la empiria nos dice que las recetas que propone Milei suelen fracasar en mayor o menor medida y porque cuando esto ocurra tenemos que ser capaces de ofrecer respuestas acordes a las expectativas que tiene nuestro electorado y el resto al que podemos convencer. Porque esto no significa hacernos los tontos, sino organizarnos para ser de nuevo mayoría, para ser mejores.
Ojalá el Román jugador y el Román dirigente nos hayan dejado la lección de que, en el manejo de los tiempos, está el secreto de cualquier victoria.
La pelota siempre al 10, que ocurrirá otro milagro.