Los desafíos para Argentina, si la política quiere

Los desafíos del nuevo gobierno debieran centrarse en el rescate de los caídos por la mala praxis política hacia el mundo visible del trabajo, mientras tironea y gana la droga como negocio de cooptación del narcotráfico

Compartir
Compartir articulo
Los desafíos que afronta el gobierno de Javier Milei. (Foto: AP/Natacha Pisarenko)
Los desafíos que afronta el gobierno de Javier Milei. (Foto: AP/Natacha Pisarenko)

Estamos asistiendo a un cambio de ciclo político/social, en momentos en que Argentina cumple 40 años ininterrumpidos de democracia. Las luces y las sombras dependen de la suma de nuestras vivencias. Inclusive, de si cada protagonista vivió o no las épocas de dictadura.

Hace 40 años nuestra democracia era delegativa representativa. Hoy pareciera que nos encaminamos a una etapa en donde ya no se depositaría todo el Poder en el gobierno. Pareciera que la ciudadanía tiene otros tiempos. Otras paciencias.

Hasta aquí los gobiernos no se dedicaron a construir a largo plazo, sino a perdurar –ellos-, en el largo plazo. No se dedicaron a la construcción de un país –el nuestro-, sino a construirse. Se arroparon de soberbia y poder. Sin el largo plazo no hay posibilidades de resolver la coyuntura. Seguramente la mejor y más patética imagen de sus yerros es el 44.7% de pobres caminando sus angustias y desesperanzas, en el país posibilitador de alimentos y trabajo. Pero esto último –alimento y trabajo- llega a los necesitados sí y solo sí se planifica.

Los desafíos debieran centrarse en el rescate de los caídos por la mala praxis política hacia el mundo visible del trabajo, mientras tironea y gana la droga como negocio de cooptación del narcotráfico (este desafío tiene sentido si le interesa a la política). Entre paréntesis, el mundo reconoce que la guerra contra las drogas ha fracasado tanto en la reducción del consumo como en impedir el crecimiento de su mercado ilegal. Impacta lo dicho por la ONU: “Más del 80% de la población mundial carece total o parcialmente de acceso a analgésicos contra el dolor moderado o intenso”. Acota: “Es el 10% de los ciudadanos que consumen 90% de esta sustancias lícitas”. Este es nuestro mundo hoy.

Esta cronista hace estas referencias para señalar lo imprescindible que se vuelve para nuestra democracia –y para las del mundo-, el otro, cuya multiplicación nos lleva en Argentina a ponerle rostro a casi 19 millones de personas. A ellas –si a la política le interesa- hay que llegar con educación, con salud, con trabajo. Si la política no entiende que este conglomerado de personas no tiene todas las potencialidades para su despegue individual, seguiremos fracasando por izquierda o por derecha. Hay que pensar, aunque sea obvio, que no buscaron ser mal alimentados, mal educados, mal amados, por políticas que los utilizaron o, al menos, no los tuvieron presentes para su rescate imprescindible.

¿Tendrá el presidente Milei capacidad y sabiduría para este rescate imprescindible? Dentro del 62.9% de los jóvenes pobres hubo muchísimos votantes de Milei. El Presidente, ¿contempla cómo darles respuestas y ser trampolín de despegue de sus vidas?

¿Qué pasó con el Presidente que se va y qué va a pasar con el Presidente que llega?

Alberto Fernández llegó como síntesis del peronismo (del kirchnerista y del que no lo era). Cristina Kirchner tenía la mayor cantidad de votos pero no le alcanzaba para ganar las elecciones. Alberto Fernández, moderado y crítico severo de su actual vice, garantizaba al peronismo no kirchnerista un equilibrio en el poder. El Presidente tuvo posibilidad de despegar de Cristina Fernández y cerrar la grieta en los días aciagos del COVID. Días en los cuales el diputado Negri le decía “comandante”. Días en que Alberto Fernández le decía a Rodríguez Larreta “mi amigo Horacio”. Quiso caminar con un pie en cada orilla de caminos distintos: imposible. Ahí comenzó su parálisis y retroceso, anexado a la fiesta de Olivos, Vicentín y a soportar los desplantes de sus ministros sin renunciarlos. Quiso ser un Presidente normal y no pudo. Fue cooptado primero por Cristina Kirchner y luego por Sergio Massa. Alberto Fernández fue el Presidente que tuvo que surfear adversidades como la pandemia y la sequía, pero principalmente la inflación y Cristina Kirchner . Además de estar preso de una promesa de imposible cumplimiento: “No me voy a pelear nunca más con Cristina”.

Javier Milei (y sus metamorfosis). Fue el captador de un cambio que mayoritariamente la sociedad venía solicitando inclusive –veremos-, dispuesta a acompañar los riesgos que ese cambio produciría. Ahora bien –lo hemos dicho desde esta columna-, hubo un Milei absolutamente outsider, provocador, extremo, soez. Luego caminó hacia una moderación cuya mayor demostración está en su gabinete. Ahí residen dos visiones claramente expresadas por Diana Mondino (dura y libertaria) y Guillermo Francos (negociador y contemporizador).

¿Por cuál de estas versiones se inclinará el nuevo Presidente? ¿O indistintamente irá por una u otra dependiendo de la circunstancia?

¿El presidente Milei ha dejado atrás para siempre sus iracundias, o éstas lo esperan agazapadas cuando los problemas, que son muchos, pongan a prueba su temple?

En política, cuando se soluciona un problema, aparecen nuevos problemas que esta solución provoca.

La sociedad argentina viene abollada y golpeada desde hace mucho. La pobreza duele. El 62.9% de niños y jóvenes pobres interpela con crudeza al Presidente que se va y al que llega. La sociedad toda debe entender que en ellos está mayoritariamente nuestro futuro. Y el remedio no se encontrará sin un Estado eficiente. Es más, algunos creen que la inflación es producto de la pobreza y no al revés. El recientemente fallecido Henry Kissinger dijo alguna vez: “Un líder es el que puede llevar a sus representados al máximo de sus posibilidades”.

En Santa Fe pasó algo similar a lo nacional. Omar Perotti llegó con el acompañamiento de todo el peronismo. No logró que su promesa de seguridad tenga atisbos de realidad. Su gabinete mediocre tuvo mucho de loteo. Eso no funciona. Sí fue un gestor en vender Santa Fe al mundo y en potenciar obras. Pero fundamentalmente su carácter solitario y taciturno le impidió formar equipos y construir gobernabilidad.

Maximiliano Pullaro ganó contundentemente. Es un hombre del interior, con costumbres del interior. Este domingo al asumir hará mucho hincapié en la necesidad de un gobierno austero. Los ejes estarán en la defensa de Santa Fe. El federalismo. En seguridad -tema clave-, sobre los cambios en la operatividad policial para mejorar la prevención y avanzar sobre el crimen organizado. Volverá al esquema de altos perfiles, hoy disueltos, en el servicio penitenciario. En educación, eliminará la no repitencia. En producción, apuntalará el potencial exportador de la provincia y la importancia de la asociación regional. Si bien no citará al Dr, Arturo Illia, tratará de seguir sus pasos en la práctica.