Un complejo rompecabezas para armar

Lo que muchos interpretan como un “giro pragmático” de Milei provocó un fuerte cimbronazo interno

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Javier Milei (Télam)
Javier Milei (Télam)

El largo y extenuante proceso electoral llegó a su fin, sin por ello despejar el principal atributo que ha caracterizado a las campañas y a la política en este último tiempo: la profunda incertidumbre que, trasladada al plano de las percepciones, da cuentas de una realidad en la que todos los escenarios -incluso aquellos menos probables- son posibles.

En este contexto, si el balotaje resolvió con transparencia y contundencia el gran interrogante acerca de quién ocupará el “sillón de Rivadavia” en estos tiempos turbulentos, trasladó toda la incertidumbre al nuevo gobierno que asumirá el próximo 10 de diciembre, generando la sensación de que el país se adentra en un verdadero territorio desconocido

El propio presidente electo parece profundizar esa incertidumbre, con una transición caótica y desordenada que, una vez más, deja en evidencia las sustanciales diferencias entre “ganar” y “gobernar”. Es que si la campaña electoral de Milei se nutría precisamente de ese carácter impulsivo y en cierta forma aluvional propio de sus atributos de liderazgo, el ejercicio del gobierno demanda otra cosa: no solo un horizonte de previsibilidad sino el entendimiento de la necesidad de “recrear” casi a diario las mayorías que lo llevaron a la Casa Rosada. Y ello, ante un programa de drásticas reformas como el que plantea el libertario, no es en absoluto un tema menor.

La difícil y compleja transición, cuya manifestación más visible por estos días radica en las dificultades, tensiones y desprolijidades en el armado del futuro gabinete, da cuentas de la magnitud del desafío que enfrentará el nuevo presidente.

La sensación que generan estas situaciones es que el gobierno de Milei es aún un “modelo para armar”, un rompecabezas al que no solo parecen faltarle algunas partes sino en el que varias piezas que parecían destinadas a jugar un rol central en esta nueva experiencia política se cayeron finalmente del tablero. Una situación que se evidencia con particular crudeza en el área clave para el proyecto de Milei: el equipo económico.

Es que es precisamente allí, en el área económica, donde se han evidenciado sucesivas marchas y contramarchas, confirmaciones y desmentidas, renuncias anticipadas y tensiones de diversa naturaleza, tanto hacia el interior del propio espacio de LLA como hacia sus nuevos “socios”. Así las cosas, Milei pasó de afirmar que no iba a confirmar al ministro hasta las vísperas de su asunción, a alimentar una danza de nombres de diverso perfil y extracción política, para terminar dando por hecho -al menos hasta hoy- que el titular del candente Palacio de Hacienda será finalmente un viejo conocido de inocultable cercanía con Macri: Luis Caputo.

Lo que muchos interpretan como un “giro pragmático” provocó un fuerte cimbronazo interno. En tanto Caputo no sería partidario ni de la dolarización ni de la eliminación del Banco Central, renunciaron anticipadamente el autor del proyecto de “dolarización” Emilio Ocampo, y el referente del CEMA, Carlos Rodríguez.

Estos movimientos no solamente exacerbaron las contradicciones internas de una fuerza que ganó las elecciones con una manifiesta debilidad en materia de equipos y cuadros técnicos, sino que entrañarían también una reorganización de objetivos. En este sentido, algunos de los ejes programáticos del proyecto de LLA, en muchos casos convertidos en signos identitarios del espacio durante la campaña, parecen relegados a un futuro incierto bajo el eufemismo de reformas de “segunda” y “tercera” generación.

Las desavenencias propias de una metodología de construcción de un gobierno en base a “ensayo y error” se completaron con el sorpresivo desplazamiento de una de las primeras funcionarias confirmadas por el propio presidente electo. Carolina Píparo, ex candidata a gobernadora bonaerense y otrora parte del núcleo duro del libertario anunciaba en redes sociales sus próximos pasos como directora de ANSES, mientras se conocía un acuerdo con sectores del peronismo cordobés para sentar en esa poderosa silla a Osvaldo Giordano, actual ministro de Finanzas de Juan Schiaretti.

Un “pragmatismo” que, a todas luces, puede resultar casi obligado, teniendo en cuenta que si bien contó con el acompañamiento del 55,69% de los electores en el balotaje, casi la mitad de esos votos (6 millones de sufragios) fueron en cierta forma “prestados”, por lo que el apoyo puro -y duro- a Milei está en el 30% que cosechó en la primera vuelta. A ello debe sumarse que, por primera vez desde la recuperación democrática en 1983, la fuerza gobernante contará con solo el 15% de los diputados nacionales que integran la Cámara baja y con apenas una décima parte de los senadores nacionales. Una debilidad en el plano legislativo que ni siquiera un acuerdo explícito con los sectores afines a Macri podrá revertir.

Pero lo cierto es que lo que pareciera reforzar este pragmatismo inicial -plasmado también en cierta suavización de las formas, y en acercamientos a actores ante denostados- es la idea de que solo así podrá desplegar la política de shock con la que buscará un ajuste sin precedentes como vía para alcanzar el equilibrio fiscal y reducir la inflación.

Aquí es donde surgen muchos de los interrogantes de cara al futuro próximo: sin bien el mantra de que el “ajuste lo pagará la casta y no las personas de bien” puede funcionar como recurso narrativo, será difícil de sostener en la realidad. O alguien cree que privatizando empresas públicas, recortando gasto social, eliminando la obra pública y prescindiendo de transferencias directas a las provincias sólo se erosionarán privilegios y prerrogativas de gobernadores, intendentes y “empleados públicos” supuestamente improductivos.

Así las cosas, habrá que ver si quien muchos consideran un dogmático en lo que respecta al ajuste fiscal, cuando se enfrente a una realidad compleja que no se ajuste a su deseo, también encuentre en el pragmatismo un refugio para sostenerse en el lodazal argentino.

El autor es sociólogo, consultor político y autor de “Comunicar lo local” (La Crujía, 2021)