Sobre la coyuntura y las ideas de fondo

En la actualidad los debates suelen girar en torno a los sucesos diarios, así nos perdemos en disputas circulares que no van a la raíz de los problemas

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Johann Goethe
Johann Goethe

Ocurre en casi todos lados un fenómeno realmente curioso y llamativo. En la mayor parte de los medios de comunicación y ahora en las redes sociales, en gran medida la parla se circunscribe a datos, cuadros, estadísticas y acalorados debates que las más de las veces se limitan a los sucesos diarios pero se le otorga poco espacio a los valores, ideas y principios que precisamente son los que generan esos acontecimientos cotidianos.

No es que no deban transmitir esto o aquello, la libertad de expresión es sagrada sin la cual no hay posibilidad alguna de contar con una sociedad libre. Pero es del caso meditar sobre la encerrona que significa machacar solo en la coyuntura que es lo mismo que poner la carreta delante de los caballos. Lo primero es primero: los pasos son la construcción, elaboración y la difusión de las ideas y como consecuencia se da lugar a la coyuntura. Esa es la razón por la que uno de mis libros se titula Maldita coyuntura, no es que ésta no sirva para informar de los resultados de las ideas que para bien o para mal configuran los hechos que no vienen del aire sino de haber aceptado esta o aquella concepción de las cosas.

Por esto y solo por esto es que desde el lado marxista Antonio Gramsci ha dicho con mucha razón que “tomen la cultura y la educación y el resto se da por añadidura”, en este caso para destruir las bases de la sociedad libre, y desde el costado liberal el gran Ludwig von Mises ha sentenciado que “nada es más importante y prioritario que trabajar en la explicación y los fundamentos de la libertad”. En el primer caso los resultados se ven reflejados en la célebre grafiti de la revolución comunista de mayo de 1968 en París: “Seamos realistas, pidamos lo imposible”, lo cual encierra una gran verdad y es que de tanto insistir lo que parece primero imposible se torna políticamente posible. Este ha sido el éxito de los movimientos intelectuales de las llamadas izquierdas debido a su perseverancia, su constancia y sus esfuerzos en las aulas y luego en las calles. Mientras que del otro lado del mostrador muchos han sido los que se dicen partidarios de la libertad que no contribuyen al respeto recíproco, pero afortunadamente hay quienes se sacuden la modorra y trabajan todos los días en el estudio y la trasmisión de los valores de la corriente de pensamiento liberal.

Nuevamente, no se trata de negarse a poner al aire la coyuntura, se trata de otorgarle la debida proporción al efecto de dar espacio mayor a aquello que, como queda dicho, constituye la razón de la coyuntura. De lo contrario parecería que se considera que las cosas suceden por ósmosis y nos perdemos en debates circulares que no van a la raíz de los sucesos. Grandes personajes del pensamiento se han percatado de esto por lo que han puesto manos a la obra con esmerada dedicación, son los que sostienen la civilización. Sería imposible enumerar a tantos cerebros ilustrados, solo menciono unos pocos casos al correr de la pluma para ilustrar telegráficamente nuestro caso: Juan de Mariana, John Locke, Adam Smith, Carl Menger, Friedich Hayek, Israel Kirzner, Murray Rothbard, Gottfried Dietze, Donald Dozer, Robert Nozick, Milton Friedman, George Stigler, Gary Becker, James Buchanan, Gordon Tullok. Y no es que coincidamos en todo lo dicho y escrito por estos autores, como ha mencionado Jorge Luis Borges, citando a Alfonso Reyes, “no hay tal cosa como un texto perfecto” (y por eso agregaba que “si no publicamos nos pasaríamos la vida corrigiendo borradores”), el liberalismo es una navegación no un puerto que está en permanente búsqueda de nuevos paradigmas. Como tantas veces he consignando nullius in verba, el lema de la Royal Society de Londres que significa que no hay palabras finales. Como nos ha enseñado Karl Popper el conocimiento es siempre provisorio abierto a posibles refutaciones.

Entonces, dejarse envolver por la coyuntura no permite salir del pantano y el estancamiento para mover el amperímetro de la vida es menester trabajar con las neuronas y generar progreso vía la educación para trasmitir teorías sólidas siempre teniendo bien en cuenta el sabio pensamiento de John Stuart Mill: “Todas las buenas ideas pasan por tres etapas, la ridiculización, la discusión y la adopción”. Por eso es que hay distraídos que se mofan de nuevas ideas porque no se aplicaron antes con lo que como también he dicho ad nauseam no hubiéramos pasado del taparrabos y el garrote porque el arco y la flecha eran desconocidos y novedosos.

Como una anécdota personal cuento que cuando fui designado asesor económico de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires -hace la friolera de medio siglo- me encargaron una conferencia en el recinto principal de esa institución en la que la audiencia en general salió espantada, luego me dijeron porque incurrí “en la imprudencia e insensatez” de mencionar la palabra liberal y porque tuve “la contraproducente osadía que atenta contra la seguridad nacional” de, entre otras cosas, proponer la privatización de teléfonos.

Cualquiera sea la actividad que desempeñemos, todos estamos interesados en que se nos respete. Por tanto, cada uno de nosotros, al final de cada día, debería preguntarse en qué contribuyó para lograr aquel cometido. Si no hemos hecho nada, esperando que sean otros los que nos resuelvan el problema, el fracaso está garantizado.

En no pocos lares, muchos de los que se declaran partidarios de una sociedad libre se limitan a exhibir un fervoroso espasmo cívico el día de las elecciones, pero hay que mantener el ímpetu. Las conversaciones de no pocos giran en torno al negocio, la frivolidad y a comentar lo que está en los periódicos del día y que todo el mundo sabe. Son “almas deshabitadas” al decir de Giovanni Papini o “mamíferos verticales” según señaló Miguel de Unamuno. Habitualmente, esos seres anodinos se entusiasman vivamente con marchas e himnos patrios, se cuelgan escarapelas por doquier y revelan síntomas de alarmante xenofobia, pero son incapaces de dejar por un instante los arbitrajes que presentan sus quehaceres rutinarios para prestar un mínimo de atención al estudio y difusión de las ideas y principios que dan sustento a una sociedad abierta, ni a destinar recursos propios para la tarea.

Mucha razón tenía Edmund Burke al sostener que “todo lo necesario para que las fuerzas del mal se apoderen de este mundo, es que haya un número suficiente de personas de bien que no hagan nada”. Alexis de Tocqueville bosquejó una conjetura en su libro sobre El antiguo régimen y la Revolución Francesa en cuanto a que cuando un país goza de gran prosperidad moral y material, la gente tiende a dar eso por sentado. Como si el progreso estuviera garantizado y a buen resguardo. Momento fatal. Ese es el instante en el que los espacios son ocupados por otras ideas y cuando comienza el debate resulta que los supuestos defensores de la sociedad libre no tienen nada que decir porque no se han preocupado por repasar, mantener y acrecentar las necesarias defensas.

Es que no puede pretenderse que se está ubicado en una enorme platea en la esperanza que los que circunstancialmente ocupan el escenario sean los responsables de revertir o afirmar la situación. Esto constituye un peligroso espejismo. Todos estamos en el escenario. Cada uno es responsable de su destino. Es muy cómodo endosar la culpa a otros, en lugar de dejar testimonio adecuado a las circunstancias. Lo contrario es la receta para el fracaso. Nada resume mejor la preocupación que esbozamos en estas líneas que la sabia sentencia del extraordinario y multifacético Johann Goethe: “Sólo es digno de la libertad y la vida aquel que sabe cada día conquistarlas”.

En esta misma línea argumental, mi nuevo libro titulado Los aparatos estatales nos aplastan, que presentarán Emilio Ocampo y Manuel Adorni en UCEMA, abre con un epígrafe de Ortega y Gasset que ilustra todo este asunto: “Si usted quiere aprovecharse de las ventajas de la civilización pero no se preocupa usted por sostener la civilización…se ha fastidiado usted. En un dos por tres se queda usted sin civilización. Un descuido y cuando mira usted en derredor todo se ha volatilizado.”

Como decimos, la coyuntura es información útil pero pretender mantenerse en ese plano conduce indefectiblemente al suicidio. Debemos redoblar nuestros esfuerzos para salir de pozo, sobre todo ahora que un candidato argentino ha dado el ejemplo de abrir cauces para retomar el camino liberal que nunca debimos abandonar y que cuando lo emprendimos éramos la admiración de mundo por el nivel de vida y por un clima cultural como uno de los más adelantados de la época, hasta que nos invadió el estatismo siempre empobrecedor que nos tiene a maltraer hasta el presente.