Nuevos modelos para la maternidad

Vivimos tiempos donde los procesos se transforman y los valores se cuestionan día a día. Por eso la pluralidad de saberes que van más allá de los mandatos hegemónicos acercan nuevas miradas con respecto a la crianza

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Nuevos modelos para la maternidad
Nuevos modelos para la maternidad

¿No tiene frío el bebé sin las medias? ¿Por qué no consultás a un homeópata por el tema del llanto? ¿Aseguraste la vacante en la escuela? Mirá que faltan 3 años nada más. ¿Sacaste turno para la criopreservación de células madre? ¿Ya tenés partera o doula? ¿Y el parto en el agua?

Las mil y un preguntas ubican a las madres, sobre todo a las más jóvenes, frente a un abanico de propuestas alternativas sobre la crianza. Ser una buena madre, para el imaginario social, es cumplir con ciertos estándares de soluciones diseñadas para cubrir necesidades. O generarlas. Entre las propuestas que abundan en el mercado, las opciones van desde clases de inglés previas al parto, “para que se vayan familiarizando con el idioma”, talleres de porteo ergonómico para cargar al bebé y clases de Shantala, la técnica de masajes de relajación para las y los recién nacidos.

¿Duerme con ustedes? La pregunta que cuestiona el colecho también es un clásico que exige explicaciones y argumentos. Ya tantas familias lo practican, sin la culpa de otras generaciones, que hasta surgieron líneas de mobiliario especialmente pensadas para que las y los bebés duerman acompañados. Entre los beneficios de las cunas para colecho -funcionan como extensiones de la cama matrimonial- la práctica promete promover el contacto físico con la mamá y el papá, estimular el vínculo, facilitar la lactancia y también favorecer el descanso de todos. Todo muy discutido en otras épocas.

Sobre el tema de medias sí /medias no aún en pleno invierno, quienes optan por esta alternativa que ya es tendencia consideran que mejoran la estabilidad cuando llegue el momento de aprender a caminar. Y que como la planta de los pies recibe información es mejor estimularlas antes de cumplir el año.

Las mamás se ven interpeladas a aducir razones, la variedad las abruma. En la plaza y en la calle. En las reuniones familiares y las de la escuela: hay que argumentar las decisiones. Pero ¿hasta dónde son genuinas estas elecciones? Por un lado forman parte de la oferta del mercado. Y por otro, responden a la diversidad de estilos de maternar hoy. Sin fórmulas, con la libertad de elegir y equivocarse: hoy las tribus de crianza son una opción para las nuevas generaciones de mamás que buscan construir lazos vinculares afectivos, honestos y significativos. Redes sociales, pero sin pantallas, como entramados de intercambios sociales o como puentes para crear conexiones relevantes. Así, las tribus de crianza surgen como respuesta a distintos modelos de maternar: comunidades de mamás que crían solas a sus hijos e hijas que se empezaron a encontrar en las plazas de distintos barrios y hoy están conectadas por redes, intercambian datos, consejos y experiencias.

¿Qué oportunidades presenta esta dinámica? Las de construir comunidad, con enlaces directos y personales a las y los consumidores de las futuras generaciones. Innovar, tal vez, sea recuperar las dinámicas ancestrales de las mujeres que transmitían sus saberes de generación en generación. El porteo, por ejemplo, es una práctica ancestral que distintos pueblos originarios adoptaron para trasladar a las y los chicos y, al mismo tiempo, fomentar el contacto piel a piel. La evolución de esta costumbre hoy presenta distintas alternativas, en textiles orgánicos, ajustables y diseñadas en función del crecimiento.

Las mil y una formas de maternar

La nueva generación de madres, nativas digitales, son más flexibles y tienen la escucha más entrenada. Saben lo que quieren, prueban opciones, les interesa criar a sus hijos con perspectiva de género. De acuerdo a la investigación regional que realizamos en Trendsity -abarcó Argentina, Chile, Perú, Brasil y México- las madres vinculadas a la Generación Y o millennials presentan cambios en la crianza y educan a sus hijos de otra manera que la que eligen las mamás mayores de 40 años. Los resultados de este informe se presentaron en una edición del Congreso Latinoamericano “Latam Fest” de ESOMAR, una comunidad global que reúne a investigadores de mercado de más de 130 países. Otro dato relevante es que a esta generación le preocupa mucho menos que las hijas jueguen a otro tipo de juegos, más unisex o incluso que practiquen deportes culturalmente relacionados con el universo masculino, como el fútbol. Solo un 22% admitió preocupación porque las nenas se estén volviendo menos femeninas, mientras que entre las mamás de más de 40 años alcanzó el 40%.

Este segmento sueña con hijos e hijas más afectivos y comprometidos con las tareas de la casa, que valoren el rol de la mujer en la sociedad. Quieren hijas más seguras y empoderadas y también hijos que sean buenos compañeros.

A toda velocidad

Procesos acelerados, cambios abruptos y dinámicas que se reformulan. Todo pasa rápido, como los mensajes de voz a 1.5. Este panorama cuyo horizonte desdibuja las fronteras conocidas y plantea nuevos mapas vinculares también recala en la crianza, la maternidad y la familia: no hay un formato, hay múltiples variables en cuanto a configuraciones familiares. Híbrido es la palabra de moda, pero lo cierto es que de acuerdo a las investigaciones impulsadas por Trendsity el entramado familiar tal como lo conocíamos está en jaque.

Desde Trendsity relevamos que el 78 por ciento coincide en que no todas las personas tienen la intención de ser padre o madre, mientras que el 67 por ciento afirma que tener hijos ya dejó de ser un mandato. Además, el informe explica que las personas de 26 a 39 años, con mayor nivel socioeconómico, se interesan por la libertad en las relaciones por encima de las exigencias de obediencia y conformidad con las tradiciones. Es decir, tienen claro el permiso para pensar si quieren tener hijos y cuántos.

Acompañar esta transición cultural desde discursos que ayudan a transitar la evolución requiere actores que asuman el desafío del cambio y el propósito de construir un discurso para equiparar las oportunidades y los derechos. Sin distinción de géneros. Sin imposiciones, con compromiso y perspectivas que reduzcan el binarismo tradicional. Y con puntos de vista que inviten a la construcción de nuevos imaginarios.

Surge una oportunidad para las marcas: hablar el mismo lenguaje que las comunidades que surgen en busca de un mensaje honesto y coherente, que respete sus intereses. Diversidad y escucha atenta, las claves para la comunicación ya no de productos sino de información relevante.

Vivimos tiempos donde los procesos se transforman y los valores se cuestionan día a día. Por eso la pluralidad de saberes que van más allá de los mandatos hegemónicos acercan nuevas miradas con respecto a la crianza. Surge la medicina alternativa, la astrología, la influencia de culturas orientales y las prácticas vinculadas a fomentar el contacto con la Naturaleza. La crianza en tribu se suma al menú de opciones; donde se refleja otra tendencia: las abuelas activas, con sus propias actividades que ya no están disponibles las 24 horas. La economía plateada pisa fuerte y sus integrantes no contemplan el cuidado de los nietos como una obligación sino por puro placer.

La nueva generación de madres, y abuelas, cambió su mirada sobre la crianza. Es tiempo que los llamados a la acción acompañen esta transformación.