Sylvester Stallone: desde el cine porno a la gloria

El actor de 77 años protagonizó grandes films de Hollywood como la saga de Rocky y Rambo. Stallone aprendió a boxear en serio con la ayuda de Roberto “Mano de Piedra” Durán, uno de los mejores peleadores sobre un ring en toda la historia

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Sylvester Stallone con 77 años cumplidos
Sylvester Stallone con 77 años cumplidos

El tipo no parecía elegido para un triunfo en el cine como actor, productor y guionista. La expresión al actuar tiende a resbalar con peligro hacia unos ojos ovinos y unas muecas de furia que parecen de la época muda, tal el énfasis con que levanta las cejas como el malo de Chaplin o el personaje que le toca, envuelto en un disfraz mucho más que en una caracterización.

Pero nunca se sabe cómo van a rodarlos dados. Mide un 1.78 y, cumplidos los 77 se muestra en forma, aunque el hecho a admirar es que el tipo por el que nadie daría mil pesos argentinos, es decir nada, hace ya mucho tiempo se ha aceptado que se trata de un creador señalado con una marca y una manera, una huella nítida dentro del arte de masas en el siglo XX.

Es decir con los Spielberg – bueno no tanto, está bien-, los Tarantino, o los Coppola. La enumeración o la comparación es arbitraria y necesita matizarse un buen rato, no se negará. Tampoco se negará que puso en marcha una notable orfebrería para Rocky y para Rambo, que no falta a la estética, ni al ritmo, ni al negocio grande de la industria.

El Papa Francisco se reúne con el actor Sylvester Stallone en el Vaticano (Vatican Media/Handout via REUTERS)
El Papa Francisco se reúne con el actor Sylvester Stallone en el Vaticano (Vatican Media/Handout via REUTERS)

Además, el entretenimiento donde hay acción a patadas- o a trompadas- , héroes verosímiles con sus subidas y bajadas para que ganen los buenos en instantes de emoción abierta: Muhammad Ali, el grandísimo- “Vuelo como una mariposa y pico como una abeja”- vio 16 veces el primer Rocky. Nada que explicar, nada que decir.

La crítica más intelectual y los films con firma al pié se han rendido a una explosiva fórmula que se ha visto de mil modos y continuará: David vence a Goliat.

Rocky Balboa vence a Apolo Creed, a cargo del admirable actor Carl Weathers y el mundo se enamora de pronto, aún contra las objeciones al boxeo: la idea es vencer hasta dejar todo con valentía y nobleza, la violencia reglada y organizada.

Sylvester Stallone golpea a Dolph Lundgren en 'Rocky IV', 1985. (Photo by United Artists/Getty Images)
Sylvester Stallone golpea a Dolph Lundgren en 'Rocky IV', 1985. (Photo by United Artists/Getty Images)

Y la violencia, confesemos, nos encanta a menudo en el cine. Que es cosa distinta en las calles, en las guerras reales, en los asesinatos seriales, en los francotiradores encaramados en un árbol mimetizados y letales que tiran a chicos, a gente que va a comprar el pan, a todo. Está bueno, como suele decirse - además de inevitable a estas alturas porque estuvo desde el principio- el factor violencia. En el cine.

Rocky es violencia y redención bien mezcladas en la coctelera que Sylvester Stallone escribió en un día sin respiro, como si lo hubieran visitado las diosas blancas, las musas, cuando no tenía un mango – ahora cuenta con 400 millones de dólares- ni encajaba en las posibilidades mínimas en las escuelas de actuación y arte en cualquier vertiente.

Inventó Rocky y, no se sabe la razón, le puso de apellido Balboa: Rocky crece entre matones y gánsters de poca monta y trabaja, digamos, como cobrador cuando los deudores de los mafiosos, prestadores implacables con usura, se atrasan en devolver y pagar. Todo dentro del barrio ítalo americano, donde nació Sylvester Stallone, hijo de peluqueros que trabajaban mucho y tenían poco en los bolsillos, pero nadie se llamaba Balboa, un apellido vasco de aquí a la China. Da igual: lo transformamos en italiano y ya está.

Sylvester Stallone como Rambo
Sylvester Stallone como Rambo

Antes de la erupción de Rocky – iba a ganar sus Oscar por película y guión – vivía frustración tras frustración en los cursos de la Universidad de Miami. Luego de varios secundarios con pésima conducta, consiguió en el porno una primera figura, de The Italian Stallion (¿Juego de palabras?), El semental Italiano, que puede entreverse en internet. En una de las famosas entrevistas de la revista Playboy dijo con claridad que tenía que comer y salir adelante. Déjenme decir que en el rubro las medidas necesarias son desde luego diferentes a las del cine general. Me parece.

Rocky ambula por las calle de Nueva York con su sombrerito un poquitín ridículo- la “caracterización”- , se entrena con disciplina y desesperación: no se detiene por el sueño, tiene que tener fondo, aire, reflejos, resistencia. Stallone aprendió a boxear en serio con la ayuda de Roberto “Mano de Piedra” Durán, uno de los mejores peleadores sobre un ring en toda la historia. Formidable, puede verse al panameño, con recomendación de sus encuentros con Sugar Ray Leonard.

Rambo fue llevado al cine a partir del gran libro escrito por David Morrell “First Blood”: un boina verde vuelve de la guerra en Vietnam condecorado pero arrasado por el estrés postraumático, acampa en un pueblo cuyo sheriff no tarda en expulsarlo de allí como una presencia que manifiesta el desastre y no encuentra lugar en el final y la derrota. Luchará con todo lo aprendido y espantado- se tomó en gran parte del militar Audie Murphy, con servicio variado durante la Segunda Mundial y no pudo recuperar su mente destruida- y dará lugar a otra guerra, solitaria, injusta, bien ubicada por cierto en momentos importantes del cine de acción con una franquicia que dio lugar a varios “rambos”.

Así las cosas, Stallone está en la vía láctea de Hollywood. La madre- de paso- dejó la peluquería y ocupó la conducción en un programa de televisión con horóscopos y predicciones de enorme popularidad. Lo agregamos para ver cómo cambiaron y cómo rodaron aquellos dados.

La semana pasada fue recibido con todos sus hijos, cinco, por el Papa, que se mostró alegre y no ahorró unas fintas de boxeo. Stallone cumplió con la visita y con el encuentro con los lugares del Sur de Italia que vieron partir a los Stallone hacia los Estados Unidos. El tipo, así con la confianza anterior y con respeto, agregó entonces a una vida cuyas propias peripecias forman una película. Buena.