El líder humanizado: las enseñanzas que nos deja la Selección Argentina en este Mundial

Estos líderazgos deben tener la habilidad de sembrar el concepto de generosidad resiliente; despertar la generosidad en uno de sus colaboradores ya es suficiente para producir un efecto de cascada: cada acto generoso producirá un efecto de imitación y contagio entre sus compañeros

(Télam)

Argentina se consagró como campeón en la última edición del Mundial de fútbol que recién termina y todavía estamos celebrando. Más allá del título obtenido, esta Selección nos deja grandes enseñanzas que trascienden el mundo del deporte.

Una de ellas es el tipo de liderazgo, en este caso, encarnado por Lionel Messi, el capitán de la selección. Es el mejor jugador del mundo y de este campeonato, dueño de todos los títulos y récords nacionales y globales. Sin embargo, nunca dejó de estar cerca de todo el equipo y hacer sentir parte a todos y cada uno de los jugadores. Esta selección demostró en cada oportunidad que confían y se esfuerzan a la par de su líder para lograr un objetivo en común, en este caso, un sueño esperado por más de tres décadas.

Las organizaciones ya han tomado nota de este estilo de liderazgo, más centrado en las personas. Hoy un líder no es una persona que imparte órdenes y parece saberlo todo, sino, por el contrario, es quien sabe generar motivación, pertenencia y sentido en cada uno de los miembros de su equipo. La palabra clave es “empatía”: la capacidad de sentir las emociones de los demás y de imaginar lo que otros pueden estar pensando o sintiendo.

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La palabra clave es empatía

Para el líder, esto involucra tener la habilidad de comunicarse de manera clara, honesta y transparente y, al mismo tiempo, de aplicar la escucha activa, con un interés real no solo en cómo está avanzando el proyecto o qué obstáculos laborales aparecieron en el camino, sino también en la situación personal del colaborador, su estado de ánimo o los elementos externos que podrían estar afectando la calidad de su trabajo. El líder humanista también promueve la participación inclusiva y el reconocimiento a los logros de cada miembro en particular y del equipo en general.

Lionel Messi (foto: REUTERS/Kai Pfaffenbach)

Todavía nos conmueven las palabras de Messi en su arenga previa a la final de la Copa América de 2021: “hoy quiero darles las gracias, muchachos, quiero darles las gracias por estos 45 días (…). El Dibu fue papá y no le pudo hacer upa (…) Teníamos un objetivo y estamos a un pasito de conseguirlo, ¿y saben qué es lo mejor de todo? Que depende de nosotros ganar esta Copa.”

Tan importante resulta el desarrollo empático de los líderes que en el último informe Breakthrough lanzado por la compañía fabricante de computadoras Dell Technologies quedó de manifiesto que se trata de uno de los pilares para el éxito empresarial, tan importante como la conectividad tecnológica o la productividad.

La colaboración por un objetivo común

Los liderazgos humanistas tienen un desafío adicional: encontrar el balance entre cumplir con los requerimientos que cada persona necesita para entregar lo mejor de sí y hacer que todo ese conjunto de individualidades, con esquemas tan personalizados, puedan trabajar de manera colaborativa como un verdadero equipo y en dirección hacia los objetivos comunes.

Messi, el segundo máximo goleador de este Mundial y hombre récord, también se destacó con asistencias a sus compañeros para que pudieran anotar y pudiéramos escalar hasta lo más alto. ¡Porque solo se llega más rápido pero juntos más alto!

En las organizaciones, la historia recién está comenzando a escribirse, pero ya se delinean algunos habilitadores clave para estas circunstancias, como los nuevos ámbitos de trabajo híbridos. El líder humanista, además, debe tener la habilidad de sembrar el concepto de generosidad resiliente. Esto significa que despertar la generosidad en uno de sus colaboradores ya es suficiente para producir un efecto de cascada: cada acto generoso producirá un efecto de imitación y contagio entre sus compañeros.

En esta Selección, los 26 jugadores, tanto en cancha como en el banco de suplentes, más el equipo técnico en su conjunto avanzaron juntos con la convicción del objetivo en común, por el que trabajaron con esfuerzo por más de cuatro años. Y cada jugador, cuando entraba, daba lo mejor de sí, y más, por el equipo, encolumnados detrás y al lado de su capitán.

El liderazgo humanista propone volver a la esencia de la definición de “organización”: un conjunto de personas motivadas por una causa superior a todos ellos, una lección que el equipo liderado por Lionel Scaloni y la resiliencia de Messi nos volvieron a poner sobre la mesa.

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