Construir otra escuela es posible

Es necesario fomentar una educación más significativa para los estudiantes y los docentes: que rompa con la burocracia estatal de cumplir con cierto reglamento; que se enseñen saberes, pero también destrezas y habilidades; donde se memorice, pero también se comprenda; donde se transmita, pero también se construya el conocimiento

A casi dos años del comienzo del confinamiento por el COVID-19, las consecuencias son devastadoras y contundentes. Estudiantes que cursaron a medias y otros que abandonaron la escuela son claros ejemplos de las catastróficas secuelas.

Y si bien desde hace un tiempo se volvió con una presencialidad apenas las autoridades de Salud lo permitieron, hoy por hoy el sistema educativo argentino atraviesa uno de sus mayores desafíos.

En el contexto de pandemia, la premisa fue, principalmente, mantener el vínculo con los estudiantes, en desmedro, en ocasiones, de reforzar los aprendizajes. Incluso, a mediados del ciclo lectivo 2021, se difundió el concepto de trayectoria de baja intensidad para aquellos estudiantes que apenas alcanzaban una participación menor al 25% o trayectorias intermitentes para hacer referencia a los alumnos cuya intervención era entre el 25% y el 70% en las actividades de clase recomendadas por la escuela, en cualquiera de las maneras de escolarización establecidas.

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En la provincia de Santa Fe, con un 10% de estudiantes del sistema educativo nacional, se habla de unos 8.500 estudiantes fuera de la escuela. Es por eso que hace unas semanas, el Gobernador solicitó a todos los intendentes y jefes comunales que acompañen el programa “Todas las Chicas y los Chicos en la Escuela Aprendiendo” para revincular a los jóvenes con las instituciones. Rápidamente algunas de las autoridades locales se negaron porque se hicieron eco de las disputas por los fondos que no llegan a los municipios.

Ahora bien, el gobierno provincial no puede dejar a la deriva o a la voluntad de cada intendente la educación, una función indelegable de cada jurisdicción. Además, no alcanza con ir a buscarlos. es necesario ofrecer otras alternativas de cursados para que la escuela les resulte significativa. Sería como creer que tengo un sweater sólo por haber comprado la lana. Claramente es condición fundamental, pero no habrá prenda si no entramamos los hilos.

La deserción escolar es un tema grave y profundo que merece soluciones claves para que todos los jóvenes vengan y se queden en el aula. Si la mira está puesta en el abandono escolar, también debe ponerse en la apropiación de contenidos, más allá de contar el porcentaje de actividades entregadas como se suele hacer.

Si ya conocemos el diagnóstico, ¿qué hacemos para cambiar la escuela? He aquí algunas propuestas:

- Modificar el formato de la escuela secundaria; esto es, ofrecer otras alternativas de cursado, abordando los contenidos por problemáticas; con prácticas virtuales- sincrónicas o asincrónicas-, y con proyectos interdisciplinarios. Es necesario dejar de lado la enseñanza atomizada y fragmentada que caracteriza el nivel y fomenta el desinterés de los estudiantes.

- Articular la escuela primaria y secundaria, ya que es un momento clave en el desgranamiento escolar porque los chicos dejan una escuela y no se inscriben en el nivel siguiente.

- Identificar y abordar fehacientemente las problemáticas adolescentes como embarazos, consumo de drogas, alcoholismo, violencia intrafamiliar, noviazgos violentos, entre otras.

- Ofrecer estrategias específicas, especialmente para las familias más vulneradas, para que asistan desde el primer momento al nivel inicial. No es de conocimiento masivo que sala de 4 es obligatoria.

- Contar con proyectos focalizados con prácticas selectivas según las problemáticas de los barrios. En este caso, las alianzas con las ONG son fundamentales.

- Proponer una escuela donde se valoren las distintas inteligencias: corporal, naturista, musical, visual, intra e interpersonal, lingüística y matemática con propuestas entretenidas, donde todos los jóvenes se sientan parte; con actividades donde los números se entrelacen con la música o con la educación física y donde no sea valorado sólo el estudiante que es capaz en matemática.

- Educar la inteligencia emocional. Es en la escuela donde aprendemos a estar con otros, a convivir. Valorar y reconocer las emociones propias y ajenas podrán ayudar a entender que “somos con otros”

- Elaborar trabajos colaborativos entre compañeros para aprender unos de otros. Es más motivador y más creativo.

- Acompañamiento a docentes nóveles, a quienes se inician; quienes generalmente asisten a barrios más alejados, donde el aprender y el enseñar se desdibuja por los problemas sociales que surgen y pasan a un segundo plano la enseñanza y el aprendizaje.

- Ante el fracaso escolar consumado, planificar una educación de adultos que sea respetuosa de los saberes previos y locales y, a su vez, que enseñe diferente a la escuela diurna.

- Escuelas con aulas virtuales de apoyo para que los chicos puedan plantear dudas o aprender lo que no pudieron hacer en la presencialidad. Es de conocimiento público que no se aprende de una sola vez.

- Promover climas escolares amigables, con bancos móviles, para superar el formato tradicional que proponía un alumno detrás de otro mirando la nuca del compañero

Sin lugar a dudas, se puede construir una escuela mejor, más significativa para los estudiantes y para los docentes, que rompa con la burocracia estatal de cumplir con cierto reglamento y, además, que se enseñen saberes, pero también destrezas y habilidades, donde se memorice, pero también se comprenda, donde se transmita, pero también se construya el conocimiento, con libros, pero también con computadoras, que prepare para el mundo del trabajo, pero sobre todo que se disfrute el mientras tanto.

Otra escuela es posible si la educación se convierte en prioridad para los gobiernos de turno.

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