Dos “no-proyectos” asentados en dos odios

Una plaga de liberales rentistas y marxistas violentos y mediocres, ambos sin patria, nos llevaron a una confrontación permanente y sin sentido

El expresidente uruguayo José Mujica (EFE/Juan Ignacio Roncoroni/Archivo)

“Hemos asistido en cada etapa de la historia humana a la dominación de los que saben manejar las palabras sobre los que saben manejar las cosas” - Simone Weil

La entrevista de Nelson Castro a Pepe Mujica generó admiración y dolor, me recordó a aquella entrevista al General Perón con tres periodistas -de los más respetados del momento y ninguno de su causa- como Roberto Maidana, Jacobo Timerman y Sergio Villaroel. Son dos reportajes simétricos aun cuando nos cueste reconocer que ayer fuimos maduros y que ahora habitamos tiempos de estar enamorados de ser necios. Aquel Perón y este Mujica son hombres sabios que están de vuelta del poder y del dolor. El General decía estar “descarnado, ser un león herbívoro”, momentos en los que un hombre contiene o expresa a la casi totalidad de la sociedad y porque de eso se trata la política, de convocar a quienes no piensan como nosotros. Nelson está lejos de opinar como Mujica pero es claro que las virtudes son universales y dignas de respeto por propios y extraños. Perón cargaba diez y ocho años de exilio, Mujica doce años de preso sin embargo ambos querían pacificar. No tuvimos suerte, los guerrilleros que hubieran reflexionado en nuestras tierras son desaparecidos. Sobreviven quienes carecen de historia digna y de persecución, en muchos casos, casi ni encontramos respetables herederos de la causa. Uruguay tuvo todo, una represión mucho menos sangrienta, una guerrilla mucho más lúcida y la conversión de esa etapa en experiencia. Mujica aclara, insiste en no elegir el camino de la venganza, de la esterilidad del resentimiento.

El diálogo de Nelson Castro con Mujica es imperdible, desnuda la fuerza de quienes le sacan el jugo a la vida. Hay un camino diseñado por la formación recibida, la lectura propia, la biblioteca y otro trazado por la experiencia, el aprender viviendo, como aquel Mandela de los veintiocho años de cárcel ecuánime y sin resentimiento, o ese ejemplo universal que fue Gandhi. No fue la ideología lo que permitió gestar esos hombres, fue la vida tomada como Maestra, el dolor como enseñanza, la lucha contra el sectarismo como guía. Perón sabía decirnos, “ni sectarios ni excluyentes”, todo un desarrollo que choca contra el amontonamiento de marxistas oxidados que solo perciben la justicia como consecuencia de la confrontación.

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Así fue la España del encuentro -después de la muerte de Franco- entre su heredero Fraga Iribarne y su perseguido Santiago Carrillo, histórico jefe del Partido Comunista, sucedió por sobre un millón de muertos y muchos años de enfrentamiento entre hermanos. Ellos fueron esenciales para la España de hoy. Un legado de paz de dos guerreros, en rigor es esa la paz que vale, aquella que atravesó el dolor y la muerte generada por la confrontación. Creo recordar, era mi exilio, palabras de Fraga Iribarne sobre Carrillo, “no tengo nada que ver porque es comunista pero por ser español lo considero el mejor comunista del mundo”. Estaban poniendo la patria por encima de las ideologías, eso que a nosotros nos permitió ser nación hasta los años 76 y que nunca más logramos recuperar. Una plaga de liberales rentistas y marxistas violentos y mediocres, ambos sin patria, nos llevaron a una confrontación permanente y sin sentido.

En rigor, los bancos, los negocios, la codicia se instalaron sobre la sociedad y entonces los ricos se volvieron desmesurados y los pobres, multitudes. Los anti democráticos de siempre vinieron a suplantar la industria por los bancos, hay tiempos donde florecen los fundamentalismos que en rigor permiten el desarrollo de los energúmenos. Dueños de recetas, dogmas, esquemas, denuncias, fanatismos, se creen mejores que todos, ambos, dos hinchadas emitiendo alaridos y denuncias solo intentado evitar que quede al desnudo su patética carencia de ideas, proyectos, ilusiones. Los que sufrieron persecución y llegan a un lugar de poder suelen ser sabios, lo malo son aquellos que se inventaron un pasado o que como el doctor Zaffaroni o el oscuro Verbitsky necesitan sobreactuar para inventarlo.

Me duele el olvido impuesto al último Perón, la izquierda inventa un desorbitado López Rega intentando olvidar su demencia suicida, y la derecha liberal instala el estallido del plan Gelbard tratando de disimular lo imposible, desmesurada traición a la patria de su indefendible Alfredo Martínez de Hoz. Ellos, los uruguayos, pudieron mantener su tronco histórico, nosotros necesitamos falsificarlo y se nota el resultado. Los liberales destruyeron la industria solo porque les quedaba grande ese sayo y los marxistas buscaron en las armas el apoyo que jamás hubieran obtenido por los votos. Y entre el liberalismo de banqueros e intermediarios y el marxismo de guerrilleros y otros resentimientos, nos dejan a la sociedad sin destino. Son dos frentes que arrastran fracasos, el gobernante que no encuentra su propio equilibrio y el opositor, que expresa la unidad del error. Si el país se hunde y la alianza no entra en crisis como propone Macri, queda claro que implican dos realidades diferentes donde la política puede ser exitosa aún dañando a la sociedad. Unidos en torno a la patria es una cosa pero hermanados en torno al poder de los negocios que aporta la ocupación del Estado, es muy otra.

Gobernar enriquece a los funcionarios mientras hunde a la sociedad y eso se viene repitiendo hace varias gestiones, en rigor desde que recuperamos la misma democracia. Los representantes de la política son burócratas en su mayoría, son buscadores de oro en el pedregoso desierto de la miseria social. Sin proyecto no hay futuro, ninguno de los dos frentes tiene una mirada más extensa que sus propias ambiciones. Dos “no-proyectos” asentados en dos odios más figurados que reales. Es un campeonato de denuncias sobre la necesidad de destino. Asistimos a la hora de halcones que simulan atacar enemigos mientras queda claro que los ciudadanos son sus palomas preferidas. Vemos el enfrentamiento entre hinchadas que solo impiden el desarrollo del juego de una sociedad paralizada por la falta de reglas. Por fuera de la política abruman las convocatorias a un encuentro superador, expresan el miedo reinante y la vitalidad de sus habitantes que propone la lucha. Salgamos de la grieta y del economicismo, la política es otra cosa, obliga a la reflexión y un análisis más allá de las prebendas que define e impone este triste modelo que solo empobrece y endeuda. La síntesis superadora sigue siendo la única salida, intentémoslo que es lo único que vale la pena.

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