Presidente, ¿qué le pasa?

Mas que extravío, luce como incapacidad de ubicarse en tiempos y espacios democráticos, respetuosos del estado de derecho y de la ley

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Horacio Rosatti dijo: “El gobierno de Alberto Fernández tiene un problema de funcionamiento muy serio. Su gobierno ha comenzado a degradarse en su credibilidad. El tema es muy preocupante”.

En quinto año de la secundaria aprendí que hay un método de demostración de teoremas que se denomina “por el absurdo”. Consiste en poner una premisa falsa que, de no ser demostrada, da por cierto lo contrario. El primer párrafo de esta crónica es falso.  El presidente de la corte de justicia jamás dijo eso de Alberto Fernández.

Quizá semejante absurdo permita tomar dimensión de la enormidad de los dichos del presidente de la nación¿Alguien imagina la conmoción que implicaría que el máximo juez le diga al presidente que no tiene credibilidad? Siendo el presidente abogado, profesor de derecho penal, atacando a la Corte en clara intromisión de los poderes, sólo cabe preguntarse: ¿Qué le pasa?

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Tras cartón, el vice ministro de justicia Juan Martin Mena salió a apoyar, en nombre de Alberto, claro, una marcha a la Corte Suprema motorizada, entre otros, por Luis D’Elía para pedir, qué se yo, que se vayan, supongo. ¿Qué le pasa?

Semejante “qué le pasa” se suma a casi todas las áreas de su gobierno. Ayer, el embajador argentino en Nicaragua avaló la asunción de Daniel Ortega por quinta vez con toda la oposición presa. Como si no le alcanzara a Alberto (porque el embajador Capitanich -de probada experiencia diplomática, como todos sabemos- se sacó la foto al lado de uno de los acusados por la voladura de la Amia en Buenos Aires¿Qué le pasa?

Ayer también el presidente usó una radio de alcance local para atacar al presidente de los Estados Unidos. “No está clara la posición de Estados Unidos” (respecto del acuerdo con el Fondo) pero debería apoyarnos”, dijo por radio. ¡Por radio le habla a Biden! ¿Qué le pasa?

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Alguna vez se escribió desde esta columna que la gestión K está extraviada. Estar extraviado es, según el diccionario, estar perdido. Que el propio presidente no tiene rumbo ni luce cuál podría ser el mismo. Hoy, semejante calificado, queda desactualizado.

El gobierno que pelea como toda épica económica el poner a las Melbas en el listado de precios cuidados mientras la inflación trepa cómoda por sobre el 50 por ciento, la gestión que no ha dado una sola muestra de abordar la cuestión de inseguridad, la misma que no explica las idas y venidas con la política sanitaria del COVID, se permite proponer la destitución de la corte por la prensa, se alía con Ortega y la Irán acusada de explotar la AMIA y sermonea a los Estados Unidos por la radio.

Mas que extravío, luce como incapacidad de ubicarse en tiempos y espacios democráticos, respetuosos del estado de derecho y de la ley. Fernández es Nicaragua, Irán y tirar jueces por la ventana.

Quizá sea eso, permítaseme la asociación libre de ideas, si total, cada uno dice lo que quiere, lo que fermenta un compost de ideas alocadas que germinan en defensas vernáculas de Novak Djokovic como el defensor de la libertad mundial por no querer vacunarse. Me había prometido no escribir ni una sola línea al respecto pero viendo las reacciones en redes sociales y medios masivos me permito proponer algunas reflexiones.  ¿En serio alguien cree que el genial tenista representa el ejercicio de la libertad al no querer vacunarse ni respetar las reglas previas para convivir en la sociedad global azotada por el COVID? ¿De verdad alguien supone que Djokovic es Luther King luchando contra la opresión de no sé quién? Si semejante idea es desafiar y menospreciar a la ciencia que permitió, con datos y no opiniones, bajar la tasa de muerte, evitar internaciones graves, planteada desde la Argentina fuera de juego es enunciar con todo de Milstein y Mariano Moreno lo que de verdad es propio del doctor Cureta y del Olmedo de Costa pobre.

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