No hay sendero libre de turbulencias

Las condiciones iniciales del segundo tramo de gobierno del Frente de Todos están marcadas por la herencia de su propia gestión

La pandemia de COVID-19 está quedando atrás y ya no es la responsable de la crisis que emerge amenazante en la segunda mitad del gobierno de Alberto Fernández (Reuters)

La pandemia de COVID-19 está quedando atrás y ya no es la responsable de la crisis que emerge amenazante. La falta de horizonte que se refleja en el derretimiento de las expectativas económicas y la confianza en el gobierno tiene que ver con la función de reacción revelada por la coalición política durante estos dos años, su encierro en un mundo del pasado y su caja de herramientas medieval. La Iglesia en el Bajo Renacimiento entendía un poco más (no mucho más, es cierto) de economía y sociedad.

Aislamiento y represión generalizada dan lugar a un retroceso social y económico histórico de la Argentina respecto de su historia pasada y en relación con nuestros vecinos. Esas fórmulas alquimistas que manipula la Administración solo pueden perfeccionarse -como la Inquisición- con más represión y prohibiciones que frenan el crecimiento por menor acumulación factorial (capital y trabajo de calidad dada) y por caída de la productividad total factorial.

Por supuesto, los gobiernos pueden retrasar el momento del colapso cuando tienen suerte (suben los precios internacionales de las materias primas) o tienen abundantes stocks disponibles para gastar (fondos de pensión para repartir, reservas en el Banco Central, o alguna otra caja). Sin ello solo pueden evitar el colapso por un tiempo muy corto presionando sobre los flujos, en una estrategia de juego de la gallina (chicken game) en la que se recomienda ser “cobarde” saltando del auto (que no es lo mismo que doblar el volante) para asegurarse que el problema lo tenga el otro que viene de frente.

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El problema es que faltan dos años para entregar el poder político y más vale no contar con la suerte externa (los precios de las materias primas y el premio a la soja enfrentan un escenario a la baja, y un nuevo reparto de DEG -si ocurre- queda lejos en el tiempo).

Además, se agotaron los stocks: las reservas en el Banco Central son un papelito de China que equivale a casi la mitad del total, más una línea del BIS de Basilea, títulos y encajes de depósitos, algo de oro y muy poco efectivo. El otro stock que queda del 2007 -los fondos previsionales en el Fondo de Garantía de Sustentabilidad- no son una alternativa.

se agotaron los stocks: las reservas en el Banco Central son un papelito de China que equivale a casi la mitad del total, más una línea del BIS de Basilea, títulos y encajes de depósitos, algo de oro y muy poco efectivo (Reuters)

Por lo tanto, habría que financiar el desequilibrio con mayor presión impositiva, mayor deuda compulsiva (porque de la voluntaria no hay) y más emisión. Ese es el modelo que reveló tener en la cabeza esta Administración, con o sin Martín Guzmán en Economía.

El modelo enfrenta problemas

El primero es que la economía ya no rebota como antes. Luego de que el PBI ajustado por estacionalidad cayera en el segundo trimestre, crece 1% trimestral o poco más en el tercero, pero caen la construcción y la industria que fueron los principales motores del rebote. Bajo crecimiento proyectado para 2022 (solo 1,2% en la última corrida del modelo de FIEL) con caída de los términos de intercambio implica menor recaudación, y por lo tanto se requiere ajustar el gasto primario (si no suben otros impuestos). La promesa de no ajustar tarifas hasta abril suena así como una forma de anticipar aumentos en mayo, pero nada está escrito en la roca. Podría ser mucho antes, si los márgenes de acción se achican.

Habrá por lo tanto que ajustar el gasto, sea con mayor inflación (porque con menos de 50% el gasto real podría subir) de modo de licuar flujos y stocks (salarios, jubilaciones, depósitos privados, deuda del BCRA), o bien habrá que introducir ajustes drásticos de caja (menos inversión, gasto en bienes y servicios, transferencias discrecionales, etc.). Sin ajuste ordenado y programado los ajustes son siempre desordenados (y de paso, la culpa es de la inflación).

Con reservas casi nulas y sin espacio para recuperarlas -excepto con un frenazo más brusco a las importaciones que retroalimenta negativamente en el PBI y aumenta el déficit fiscal- no habrá margen para defender un tipo de cambio fuera de línea con el exceso de pesos y que se atrasa visiblemente. Si se corrigiera el fisco con una baja apreciable del desequilibrio primario el problema cedería en intensidad y caerían las brechas.

Si, por el contrario, no hay corrección del déficit las brechas seguirán altas a pesar de que también se acelere la depreciación del peso. Veríamos en ese caso una aceleración de la devaluación en todos los tipos de cambio y una mayor inflación sin corrección de precios relativos. Todos terminarían corriendo más rápido, pero los desequilibrios aumentarían.

La tercera cuestión que la Argentina debe evitar en 2022 es caer nuevamente en default, esta vez con organismos multilaterales (FMI, y a partir de allí con el Club de París) porque el acuerdo es condición necesaria, aunque no suficiente, para anclar expectativas de una salida ordenada hacia la próxima Administración.

La Argentina debe evitar en 2022 es caer nuevamente en default, esta vez con organismos multilaterales (FMI, y a partir de allí con el Club de París) porque el acuerdo es condición necesaria, aunque no suficiente, para anclar expectativas de una salida ordenada hacia la próxima Administración (Reuters)

Por lo tanto, se requiere un acuerdo con el Fondo -lo antes posible- con compromisos para lograr al menos la estabilización macroeconómica de corto plazo (2022-23). Es poco probable que esta Administración se comprometa a reformas microeconómicas de relevancia. Aparte de restablecer mecanismos de ajuste tarifarios -algo que difícilmente pueda llamarse reforma- lo máximo a lo que se puede aspirar es que se desarmen los mecanismos de represión en los mercados de factores y productos, y que el Gobierno renuncie a la aplicación de políticas que desalientan el ahorro y la competencia.

Si las diversas fracciones que integran la coalición de gobierno pretenden transitar un escenario que minimice los sobresaltos de aquí a fines de 2023, deben hacer una lectura cuidadosa de las restricciones y alternativas disponibles. No hay sendero libre de turbulencias, y por lo tanto hay costos que pagar para no caer en un nuevo abismo. Mientras más tiempo se tome para corregir el rumbo mayor el trayecto en el que el Gobierno y los agentes económicos deberán volar a ciegas y con instrumental deficiente.

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