Cómo lograr que la Argentina vuelva a crecer

Hay seis países que pueden servirle a los argentinos como modelos para encontrar una salida al camino de la crisis y el fracaso. Cuáles son los factores comunes que llevaron a naciones muy diferentes a salir de la pobreza

Foto: REUTERS/Marcos Brindicci

En mis 45 años de vida y desde que tengo uso de razón, escucho y veo como la Argentina indefectiblemente elige el fracaso. Observo como año tras año y gobierno tras gobierno, la Argentina sigue aplicando políticas equivocadas, que sabemos de antemano que no generan los efectos deseados, pero que son más fácilmente digeribles que sus alternativas. La historia reciente parece reforzar la idea de que estamos destinados al fracaso. No vemos la salida o la única salida parece ser cambiar de país, en vez de cambiar el país.

Duele darnos cuenta que Argentina es una triste excepción en un mundo que está estructuralmente mejor y es más próspero. A nivel global, no hay grandes conflictos bélicos o están circunscriptos, mejoran los indicadores de descenso de la pobreza, aumenta la esperanza de vida, desciende la mortalidad infantil, hay más gente y se vive en promedio mejor. Sin embargo, nuestro país está estancado en un ciclo interminable de crisis y leves recuperaciones que no logran progreso sostenido.

La buena noticia es que hay salida. Hay otro camino y no tenemos más que detenernos a revisar cómo han hecho los países que han recorrido en estos últimos 50 años el camino hacia el progreso y el desarrollo. Vale analizar qué políticas han implementado, cómo han lidiado con las tensiones, cómo han preservado una visión y cómo la han llevado a la práctica.

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Al analizar como crecen y se desarrollan las naciones, vale detenerse en seis países que han experimentado recorridos virtuosos. He tomado para este análisis los casos de Corea del Sur, Noruega, Chile, China, Irlanda y Alemania. Muchas de estas naciones presentan factores individuales que marcaron sus trayectorias de manera bastante única, como puede ser el crecimiento y la innovación en el caso de Corea del Sur; la gestión responsable de sus recursos naturales en el caso noruego; la coherencia económica en el ejemplo de nuestro vecino trasandino; el viraje a la economía de mercado con crecimiento y exportaciones en el caso chino; el foco en la baja de impuestos en el ejemplo de Irlanda o el enorme apego a la productividad en el ejemplo alemán.

Pero lo más rico para este análisis es ver qué factores comunes llevaron a estas naciones tan diferentes a salir de la pobreza, y ahí encontramos cuatro políticas que todo país que quiere desarrollarse debe implementar. El primer factor es la libertad para hacer negocios, el segundo la calidad de las instituciones económicas, que aún en China, es mucho mas alta que en la Argentina, el tercer factor es la disciplina fiscal y el cuarto factor es la apertura al comercio internacional.

Sobresalen especialmente los casos de Corea del Sur y Alemania, donde los resultados de estas políticas además se contrarrestaron en varios años de la historia con la triste realidad de sus vecinos. La contracara del crecimiento, el desarrollo, el empleo, la competitividad de los unos, fue el estancamiento, la inflación o el desempleo de sus vecinos.

Al espejo de estos seis casos, cabe preguntarse por qué la Argentina no logra aplicar algunas de las recetas. Tenemos multiplicidad de trabas pero un primer problema es que la Argentina no logra dar continuidad a sus políticas en el largo plazo. Los esfuerzos se diluyen en marchas y contramarchas sin planes coherentes y sostenidos. Otro problema es el tamaño del Estado, que lleva a recurrentes crisis de endeudamiento o emisión para poder mantenerlo: gastamos mucho más de lo que producimos y esto no puede seguir así si queremos crecer. Un tercer inconveniente es la falta de competitividad de nuestras empresas: salvo excepciones, no logramos producir bienes o servicios de valor agregado que puedan competir con el mundo. Adicionalmente, no logramos tejer consensos sociales y políticos, con acuerdos sobre las grandes líneas de desarrollo, más allá de las presiones por ganar elecciones.

Retomando los senderos de los seis países mencionados, surgen patrones que pueden ser la base para un plan de salida, con seis principios fundamentales. El primer principio es la reducción del tamaño del Estado para evitar crisis recurrentes de financiamiento. El segundo es lograr estabilidad macroeconómica, trabajando especialmente para erradicar el déficit fiscal, eliminar la emisión y poner coto al endeudamiento. Un tercer principio consiste en potenciar la apertura, la libertad económica y la competitividad: mediante un plan gradual y consistente. Un cuarto pilar está relacionado al fortalecimiento de las instituciones económicas, mejorando su eficiencia. Un quinto pilar es el trabajo sobre la Justicia: reformándola para lograr independencia judicial. Por último, pero no menos importante, el sexto pilar está relacionado con la educación y su adaptación a las necesidades actuales.

Soy consciente de que no son cambios fáciles, pero también se que son cambios que en otros países fueron posibles y beneficiaron a la población en general. Cabe destacar que estos cambios en los 6 países que mencionamos requirieron visión, esfuerzo, constancia y sacrificio: hubo tensiones, que lograron superarse al ver los beneficios comunes. No fue un juego de suma cero.

Creo que llegó la hora de dejar de buscar culpables y empezar a mejorar nosotros, dejando los miedos de lado. Hay que intentar con esfuerzo, ganas, creatividad, tal como la Argentina lo logró en sus inicios: tenemos la capacidad de volver a hacerlo. Y darle la oportunidad a nuestros hijos de poder salir del círculo vicioso y trabajar para cambiar el país. Depende de nosotros.

El autor es fundador de Inversor Global y autor del libro “Argentina Potencia. Como volver a ser el país más rico del mundo”.

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