(Foto: Gustavo Gavotti)
(Foto: Gustavo Gavotti)

En nuestra República Argentina millones de personas pasan hambre y frío noche tras noche. En las ciudades y los pueblos, a lo largo y ancho de la patria, miles y miles de personas viven en las calles. El porcentaje de niños hambrientos y pobres es del orden del 50%. Esta terrible situación que afecta a millones de personas es consecuencia de la acción de un gobierno entreguista, inepto y manipulador, al servicio exclusivo de los sectores más concentrados de poder. La insensibilidad social y el desprecio a los sentimientos patrios se conjugaron en una particular modalidad política: nunca como en estos últimos años se hizo un esfuerzo tan sostenido para borrar la memoria y la identidad histórica de los argentinos, pulverizando su sentido de nación. Ante este panorama, el pueblo, protagonista fundamental de las grandes gestas históricas, se encargó de vencerlos con el acto cívico del voto en las urnas. Pero el dolor humano, la pobreza sufriente y la indigencia, siguen.

En el campo militar existe una importante doctrina, muy influyente en el pensamiento de Perón: la Nación en armas y la movilización total. Más allá de Colmar von der Golz, de Ernst Junger y del General Perón, la Doctrina es parte legal de las facultades últimas del Estado Argentino ante situaciones excepcionales. Hoy día, allende la ocupación colonial de las Islas Malvinas y el problema de controlar y defender el Mar Argentino, se avizora la promisoria prolongación del horizonte de paz. En principio, ni un mediocre desequilibrado como Bolsonaro podría afectar esta situación en el nivel del Cono Sur.

Las Fuerzas Armadas argentinas poseen la misión principal en la salvaguarda de los intereses nacionales vitales y en el cumplimiento de los objetivos de la política de defensa nacional – dependiente del Jefe de Estado-, a las que se añaden una serie de misiones subsidiarias que responden a necesidades específicas con una ubicación espacio-temporal acotada.

Si, como se anuncia, se declarará la emergencia social y alimentaria, ¿qué se hace a continuación? Como aporte a la decisión urgente, proponemos la traslación de la doctrina militar al ámbito civil para centralizar estratégicamente en un ámbito común -similar al Consejo de Defensa Nacional contemplado por la legislación- las prioridades, estrategias y cursos de acción para resolver en un plazo brevísimo los problemas de alimentación, abrigo y salud de millones de personas. Para eso, es preciso diseñar un ámbito de planeamiento, coordinación y conducción integrado por el gobierno, las organizaciones del voluntariado, los credos religiosos, las organizaciones gremiales obreras y patronales, con la fuerte presencia del elemento militar, particularmente preparado para esfuerzos y sacrificios excepcionales. Se trata de poner en marcha una estrategia de salvación social basada en la movilización total de las capacidades humanas y los recursos materiales.

Las FFAA poseen una reserva de personal perfectamente adecuado- plenamente integrado al conjunto del pueblo- para brindar apoyo a la población civil en tareas de asistencia alimentaria, sanitaria, habitacional y recreativa, una urgente y necesaria atención a la población más vulnerable (por ejemplo, en el año 2003 la campaña de vacunación de la tercera edad en los montes tucumanos la realizó el Ejército Argentino, con altísima eficacia). Poseen además una vasta experiencia en misiones humanitarias internacionales. Concretamente, las FFAA pueden movilizarse masivamente al servicio de la realización de tareas humanitarias y sociales en los sectores vulnerables, nuestros hermanos con hambre y sed de justicia.

Para eso, se requiere planificar, coordinar y movilizar los esfuerzos de ayuda social directa del pueblo, las empresas y el Estado. Es preciso que las organizaciones libres del pueblo -clubes y gremios obreros, como ya lo vienen haciendo- sean convocadas a una misma mesa con las autoridades estatales, religiosas y los representantes de las empresas. Se trata de poner pan y caridad sobre la mesa de los argentinos. Los obreros pueden donar un porcentaje de su salario mensual, los funcionarios públicos de todos los niveles otro tanto, los empresarios un porcentaje de sus ventas, las iglesias de todos los credos abrir sus puertas y su voluntariado, el Estado poner no sólo los recursos técnicos para vehiculizar las transferencias de ingresos sino también volcar su potencial en hospitales, centros deportivos, etc. Se trata de movilizar los recursos de la Nación Argentina para dar comida al hambriento, abrigo al necesitado, salud al enfermo. Podemos hacerlo.

Sobran ejemplos en nuestra propia historia argentina. Empezando por la Comisión Popular que se reunió a partir de la movilización de miles de personas en Plaza de Mayo ante la huida del presidente Sarmiento y su vice Alsina a la entonces ciudad de Belgrano -hay que anotar en la huida al ex presidente Mitre, ambos corresponsables de la guerra del Paraguay que trajo la enfermedad (Diario Clarín, Revista Viva, 14-1-2018,)- nuestro pueblo ha sido ejemplar a la hora de la solidaridad. Más cercano a nosotros, hay que recordar que la Fundación de Ayuda Social Eva Perón se sostenía con los fondos provenientes de la clase trabajadora y las donaciones de las grandes empresas, además de una eficacísima y honestísima administración y movilización de sus recursos, como consta en las investigaciones que hiciera Juan Carlos Landó, comisionado por el gobierno de Lonardi. En los últimos meses, reconforta constatar el despliegue de los vecinos de la ciudad de Buenos Aires para garantizar alimento y abrigo a las miles de personas y familias que pasan las noches y los días en la calle. La descalificación que intentaron los personeros del gobierno neoliberal chocó contra la buena voluntad de la sociedad civil.

En una hora como la actual, en la que el pueblo argentino derrota a los profetas del odio y el egoísmo, asumiendo plenamente el mensaje de amor al prójimo predicado por Su Santidad Francisco, proponemos poner manos a la obra. Ahora.

El autor es docente universitario y profesor en la Escuela Superior de Guerra Conjunta