A menos de dos meses de las elecciones generales, Alberto Fernández va delineando su política exterior, definiendo la economía por lo que no hará y buscando despejar temores en la justicia.

Cristina Kirchner, por su parte, ha vuelto de Cuba, este sábado presentó su libro en La Plata y lo seguirá haciendo este mes en varias ciudades del interior del país.

La exitosa movilización del oficialismo del 24 de agosto le permite evitar la dispersión de sus partidarios, cohesionar a sus votantes y recrear la esperanza de triunfo entre ellos. El Presidente sostuvo que "se puede dar vuelta" la elección, entusiasmando a sus votantes. El argumento es que en las PASO de 2015 Cambiemos obtuvo 30%, en la primera vuelta 34% y terminó granando con 51%. Es decir, se sumaron 21 puntos desde lo obtenido en las primarias. Pero esto parece haber pasado hace mucho tiempo, no sólo una semana atrás.

Pero este pronóstico encuentra dos objeciones: la primera es que entonces la economía no jugaba negativamente para Macri como ahora y la segunda que el peronismo está unido y no dividido por Massa como sucedió en aquel momento. Es probable que esta movilización exitosa entusiasme a un oficialismo desmoralizado, como sucedió dos meses atrás con la elección de Pichetto como candidato a la vicepresidencia, que finalmente no influyó demasiado en el resultado electoral. Además, faltan 55 días hasta la primera vuelta y hasta entonces muchas cosas pueden cambiar, en uno y otro sentido.

Pero la gran amenaza electoral para el Gobierno es la inflación de agosto y septiembre, que el mismo ministro de Economía Hernán Lacunza ha dicho que será alta. Las medidas adoptadas en los últimos meses hacen más probable que se incremente.

El reclamo de compensación de los gobernadores por la baja del IVA a los alimentos, el aumento del piso para el pago de ganancias y el congelamiento de la nafta es el conflicto político más importante del Gobierno en lo inmediato. Numerosos gobernadores se presentaron ante la Suprema Corte, reclamando la "inconstitucionalidad" de las medidas. Ello no hará fácil que el Congreso sancione el proyecto de ley que postergar el pago de bonos, que una calificadora ha calificado de "default restringido".

La necesidad de un acuerdo político entre Macri y Fernández se hace evidente tanto en las conversaciones con el FMI como en la relación con la administración Trump y para los mercados. Se trata de la condición necesaria, aunque puede no ser suficiente para recuperar la confianza económica.

La misión del FMI se reunió con el ministro de Hacienda y con delegados económicos del ganador en las PASO. La renovación del acuerdo -si se logra- requerirá seguramente un pacto tripartito que incluya a ambos candidatos (Macri y Fernández) y que parece cada vez más lejos al comenzar septiembre.

En este contexto, el descontrol de los mercados (aumento del riesgo país y del dólar, la caída del valor de las empresas argentinas, fuga de capitales, comienzo de salida de depósitos, etc., muestran que la Argentina ya vive una crisis de envergadura, en la cual se combina la desconfianza económica, con las dificultades políticas que sufre un Gobierno que ha tenido una fuerte derrota electoral en las primarias.

Sólo asumiendo que la Argentina enfrenta en 2019 una crisis de la envergadura de las sufridas en 1989 y 2001, existirá la posibilidad de generar los acuerdos políticos que permitan controlarla o al menos contenerla, cuando todavía faltan 55 días para la primera vuelta y 100 para la finalización del mandato. Evitarla debe ser la prioridad de la política argentina a 36 años del restablecimiento de la democracia y un cuarto de siglo de la reforma de la Constitución Nacional.

En este contexto, las medidas que se han adoptado entre el miércoles pasado y este domingo no parecen suficientes para recomponer la confianza económica que la Argentina ha perdido dentro y fuera del país, en lo cual hay culpas concurrentes.

Pero lo social será decisivo de ahora en más. Por esta razón, el precio del dólar paralelo que surgirá con el control de cambios será determinante de la tasa de inflación, la variable clave que impacta directamente en el precio de los alimentos.

El autor es director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría