Profundizar el vínculo entre Italia y Argentina es una tarea de todos

Nicolás Debernardi

En estos días somos miles los italianos, ítalo-argentinos e italianos nacidos en Italia que hoy residen en Argentina, que estamos en condiciones de votar. Para ponerlo en números: somos más de 1,5 millones de italianos en America meridionale (América del Sur), de los cuales más de la mitad residimos en Argentina, aproximadamente unos ochocientos mil.

Seguramente muchos de ustedes tengan su ciudadanía y pasaporte italiano, o lo tengan en trámite, y si no es así, seguro tienen algún familiar, amigo o conocido que sí lo tiene. ¿Cuántos de ustedes han viajado a Italia y se sintieron como en casa? ¿O cuántos de ustedes han hablado con algún italiano o lo escucharon en la tele y sintieron como si lo conocieran de toda la vida? A los italianos les pasa algo similar aquí, con nosotros, los argentinos. Es algo único ese vínculo que tenemos.

Posiblemente con nadie en el mundo nos entendamos de esta manera tan particular, por citar solo algunos ejemplos, cuando hablamos o discutimos de futbol, de comida, de costumbres, de la familia, de religión, de la vida. Difícilmente encontremos alguien que viva y sienta las cosas como nosotros, argentinos e italianos.

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¿Por qué será entonces que no nos involucramos más con nuestra italianidad? ¿Qué tipo de participación, qué tipo de vínculo activo tenemos hoy con Italia, fuera de acordarnos de las ventajas que nos da ser "tanos" cuando queremos viajar al exterior, irnos a trabajar o estudiar afuera, etcétera?

Los invito a que se tomen dos minutos para pensar. Estas semanas se ponen en juego muchísimas cosas en Italia, y nosotros no somos ajenos a esta realidad. Todo lo contrario, resultamos un factor decisivo en el curso que Roma pueda tomar a partir del 4 de marzo. Todo depende del derecho del que gozamos para elegir representantes, diputados y senadores, quienes ejercerán su mandato en el Congreso y además incidirán sobre la conformación del Gobierno futuro. ¿Qué tanto somos conscientes de ello?

Es tiempo de entender que nuestra ciudadanía italiana trae aparejada derechos, pero también conlleva responsabilidades que directa o indirectamente terminan incidiendo en nuestro bienestar y el de quienes nos rodean.

Nuevamente los invito a reflexionar, ahora mirando para adelante, pensando en el futuro. Italia es actualmente la octava economía del mundo, pero tiene una población que cada vez envejece más (la edad media está por encima de los 45 años y los nacimientos están en su mínimo histórico. De hecho, la población decrece año tras año). Nosotros, por el contrario, somos una población más joven y tenemos un país en el que aún restan muchísimas cosas por hacer.

¿Comprendemos lo complementarios que somos? ¿Somos realmente conscientes de lo que podríamos hacer juntos si nos pusiéramos de acuerdo para fortalecer el vínculo entre ambos países, generar mayores puentes comerciales y alianzas entre nuestras empresas, si fomentáramos el aprendizaje de la lengua italiana y sobre todo su rica cultura que nos une, etcétera?

Las oportunidades son infinitas, no solo para ambos países y sus empresas, sino también para cada uno de nosotros como ítalo-argentinos. Su concreción depende 100% de nuestro esfuerzo y capacidad de trabajar en equipo, tirando todos para el mismo lado, con valores y objetivos comunes.

Los invito a ponernos en marcha y hacer honor a nuestras raíces. Ejercer el derecho al voto es nuestro primer paso en ese camino del que nos podemos beneficiar todos como sociedad.

El autor es abogado y candidato a diputado al Parlamento italiano en las elecciones del 4 de marzo, por la circunscripción América del Sur (lista Civica Popolare).

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