
La diabetes tipo 1 en los niños es una afección en la que el cuerpo de tu hijo ya no produce una hormona importante (insulina). Tu hijo necesita insulina para sobrevivir, por lo que la insulina que le falta debe reemplazarse con inyecciones o con una bomba de insulina. La diabetes tipo 1 en niños solía llamarse “diabetes juvenil” o “diabetes insulinodependiente”.
El diagnóstico de la diabetes tipo 1 en los niños puede ser abrumador, especialmente al principio. De repente, tú y tu hijo (según su edad) deben aprender a aplicar inyecciones, contar los carbohidratos y controlar el nivel de glucosa en la sangre.
No hay cura para la diabetes tipo 1 en los niños, pero se puede controlar. Los avances en el control del nivel de glucosa en la sangre y la administración de insulina han mejorado el control de la glucosa en la sangre y la calidad de vida de los niños con diabetes tipo 1.
Síntomas
Los signos y síntomas de la diabetes tipo 1 en los niños suelen desarrollarse rápidamente y pueden incluir:
Aumento de la sed
Orinar con frecuencia, posiblemente mojar la cama en un niño entrenado para ir al baño
Hambre extrema
Pérdida de peso involuntaria
Fatiga
Irritabilidad o cambios de comportamiento
Aliento con olor a fruta
Cuándo debes consultar a un médico
Consulta al proveedor de atención médica de tu hijo si notas alguno de los signos o síntomas de la diabetes tipo 1.

Factores de riesgo
La diabetes tipo 1 suele ser más frecuente en los niños, pero puede manifestarse a cualquier edad. Los factores de riesgo de la diabetes tipo 1 en los niños incluyen los siguientes:
Antecedentes familiares. Cualquiera que tenga un padre o un hermano con diabetes tipo 1 afronta un riesgo levemente mayor de tener la afección.
Genética. Ciertos genes indican un mayor riesgo de tener diabetes tipo 1.
Raza. En los Estados Unidos, la diabetes tipo 1 es más común entre los niños blancos de ascendencia no hispana que entre los niños de otras razas.
Determinados virus. La exposición a diversos virus puede desencadenar la destrucción autoinmunitaria de las células de los islotes.
Diagnóstico
Hay varios análisis de sangre para la diabetes tipo 1 en los niños. Estas pruebas se utilizan para diagnosticar la diabetes y controlarla:
Examen aleatorio de glucosa sanguínea. Este es el examen de detección primaria para la diabetes tipo 1. Se toma una muestra de sangre al azar. Un nivel de glucosa sanguínea de 200 miligramos por decilitro (mg/dl), u 11,1 milimoles por litro (mmol/l) o superior, junto con los síntomas, sugieren diabetes.
Prueba de hemoglobina glucosilada (A1C). Esta prueba indica el nivel promedio de glucosa sanguínea de tu hijo durante los últimos 3 meses. Un nivel de hemoglobina glucosilada (A1C) de 6,5 % o más alto en dos pruebas separadas indica diabetes.
Examen de glucemia en ayunas. Se toma una muestra de sangre después de que tu hijo no haya comido nada (ayuno) durante al menos 8 horas o toda la noche. Un nivel de glucosa sanguínea en ayunas de 126 mg/dl (7,0 mmol/l ) o superior puede indicar diabetes tipo 1.
Pruebas adicionales
Si el análisis de glucosa en la sangre indica la existencia de diabetes, es probable que el proveedor de atención médica recomiende pruebas adicionales para distinguir entre la diabetes tipo 1 y la diabetes tipo 2, ya que las estrategias de tratamiento difieren según el tipo. Otras pruebas incluyen análisis de sangre para detectar los anticuerpos que son comunes en la diabetes tipo 1.

Tratamiento
El tratamiento de la diabetes tipo 1 comprende lo siguiente:
Tomar insulina
Controlar la glucosa sanguínea
Consumir alimentos saludables
Hacer ejercicio de forma regular
Trabajarás estrechamente con un equipo para el tratamiento de la diabetes de tu hijo, conformado por un proveedor de atención médica, un especialista diplomado en educación y atención médica de la diabetes y un dietista titulado. El objetivo del tratamiento es mantener la glucosa sanguínea de tu hijo dentro de determinados niveles. Este rango objetivo ayuda a mantener el nivel de glucosa sanguínea lo más cerca posible del valor normal.
El proveedor de atención médica te informará cuál es el rango objetivo de glucosa sanguínea para tu hijo. Este rango puede variar a medida que tu hijo crezca y manifieste cambios.
Insulina
Cualquier persona que tenga diabetes tipo 1 necesita un tratamiento de por vida con uno o más tipos de insulina para sobrevivir.
Existen muchos tipos de insulina disponibles, incluidos los siguientes:
Insulina de acción rápida. Este tipo de insulina empieza a actuar en 15 minutos. Alcanza su efecto máximo a los 60 minutos y dura aproximadamente 4 horas. Este tipo se usa a menudo de 15 a 20 minutos antes de las comidas. Algunos ejemplos son lispro (Humalog, Admelog), aspart (NovoLog, Fiasp) y glulisina (Apidra).
Insulina de acción corta. Este tipo de insulina, que a veces se llama insulina regular, empieza a actuar unos 30 minutos después de la inyección. Alcanza su efecto máximo entre 90 y 120 minutos después de administrarla y dura aproximadamente de 4 a 6 horas. Algunos ejemplos son la insulina humana (Humulin R, Novolin R).
Insulina de acción intermedia. Este tipo de insulina, a la que también se llama insulina isófana (NPH, por sus siglas en inglés), empieza a actuar entre 1 y 3 horas después de inyectarla. Alcanza su efecto máximo entre 6 y 8 horas después de administrarla y dura de 12 a 24 horas. Algunos ejemplos son insulina NPH (Humulin N, Novolin N).
Insulina de acción prolongada y ultraprolongada. Es posible que este tipo de insulina proporcione cobertura de 14 a 40 horas. Algunos ejemplos son glargina (Lantus, Toujeo, otras), detemir (Levemir) y degludec (Tresiba).
Opciones de administración de la insulina
Las opciones de administración de la insulina comprenden:
Aguja fina y jeringa. Se parece a una inyección que podrías recibir en el consultorio del proveedor de atención médica, pero con una jeringa más pequeña y una aguja mucho más fina y corta.
Pluma para insulina con aguja fina. Este dispositivo parece un bolígrafo de tinta, excepto que el cartucho está lleno de insulina. Se le coloca una aguja para la inyección.
Bomba de insulina. Se trata de un pequeño dispositivo que se lleva en el exterior del cuerpo y que se programa para administrar cantidades específicas de insulina a lo largo del día y cuando comes. Un tubo conecta el reservorio de insulina a un catéter que se inserta bajo la piel del abdomen. También hay una opción de bomba sin tubo que consiste en usar una cápsula que contiene la insulina en el cuerpo combinada con un pequeño catéter que se inserta bajo la piel.
Control de azúcar en sangre
Tú o tu hijo deberán controlar y registrar el nivel de glucosa sanguínea de tu hijo al menos cuatro veces al día. Por lo general, la prueba de glucosa en sangre debe hacerse antes de cada comida y a la hora de acostarse y, ocasionalmente, en mitad de la noche. Pero es posible que deban controlarla más a menudo si tu hijo no tiene un glucómetro continuo.
Las pruebas frecuentes son la única manera de asegurarse de que el nivel de glucosa sanguínea de tu hijo se mantenga dentro del rango objetivo.
Medidor continuo de glucosa
Los glucómetros continuos miden la glucosa en la sangre cada pocos minutos mediante un sensor temporal que se inserta bajo la piel. Algunos dispositivos muestran la lectura de la glucosa en la sangre en todo momento en un receptor o en el teléfono o reloj inteligentes, mientras que otros requieren que se compruebe la glucosa en la sangre al pasar el receptor por el sensor.
Sistema de circuito cerrado
Un sistema de circuito cerrado es un sensor continuo de glucosa, que controla los niveles de glucosa en la sangre cada cinco minutos y una bomba de insulina, que se comunican entre sí. El dispositivo usa un algoritmo sofisticado para administrar automáticamente la cantidad correcta de insulina o retenerla cuando el medidor indica que se necesita.
Esto se considera un sistema híbrido de circuito cerrado. Tú o tu hijo todavía tienen que indicar al dispositivo cuántos carbohidratos ingieren y confirmar periódicamente los niveles de glucosa sanguínea, pero el dispositivo ajusta la administración de insulina a lo largo del día de forma automática.
Los dispositivos disponibles continúan mejorando y actualmente, hay más sistemas en fase de ensayo clínico.
Alimentación saludable
La comida es una parte importante de cualquier plan de tratamiento de la diabetes, pero eso no significa que tu hijo tenga que seguir una "dieta para la diabetes" estricta. Al igual que el resto de la familia, la dieta de tu hijo debe incluir regularmente alimentos nutritivos y bajos en grasas y calorías, como por ejemplo:
Verduras
Frutas
Proteínas magras
Cereales integrales
El dietista titulado de tu hijo puede ayudarte a crear un plan de comidas conforme a los objetivos de salud y preferencias alimenticias del niño, así como a planificar los gustos ocasionales. También te enseñará a contar los carbohidratos de los alimentos para que puedas utilizar esa información cuando calcules la dosis de insulina.
Actividad física
Todo el mundo necesita ejercicio aeróbico regular y los niños con diabetes tipo 1 no son la excepción.
Pero recuerda que la actividad física puede afectar a la glucosa sanguínea. Este efecto en los niveles de glucosa sanguínea puede durar horas después del ejercicio, e incluso toda la noche. Puede que tú o tu hijo necesiten hacer ajustes en el plan de comidas o en la dosis de insulina por el aumento de actividad.
Si tu hijo comienza una nueva actividad, comprueba su nivel de glucosa sanguínea con mayor frecuencia de lo habitual hasta que tú y tu hijo sepan cómo reacciona su organismo a la actividad.
Haz de la actividad física una parte de la rutina diaria de tu hijo. Alienta a tu hijo a realizar al menos 60 minutos de actividad física diaria o, mejor aún, haz ejercicio con él.
Hacer frente a los desafíos
La glucosa sanguínea a veces puede cambiar de manera impredecible. Durante estos desafíos, hacer pruebas de glucosa sanguínea más frecuentes puede ayudar a identificar los problemas y guiar el tratamiento. Pregúntale al equipo de tratamiento de la diabetes de tu hijo cómo manejar estos y otros desafíos:
Alimentación selectiva. Los niños muy pequeños con diabetes tipo 1 podrían no terminar lo que tienen en sus platos, lo que puede ser un problema si ya han recibido insulina para ese alimento.
Enfermedad. La enfermedad tiene efectos variables en las necesidades de insulina de los niños. Las hormonas producidas durante la enfermedad elevan los niveles de glucosa sanguínea, pero la reducción de la ingesta de carbohidratos debido a la falta de apetito o a los vómitos disminuye las necesidades de insulina. El proveedor de atención médica de tu hijo recomendará una vacuna contra la gripe para tu hijo cada año y es posible que también le recomiende la vacuna contra la neumonía y la vacuna contra la COVID-19 si tu hijo tiene 5 años o más.
Período de crecimiento y de pubertad. Justo cuando has logrado dominar las necesidades de insulina de tu hijo, él crece aparentemente de la noche a la mañana y, de repente, no recibe la insulina suficiente. Las hormonas también pueden afectar las necesidades de insulina, en especial, en las niñas adolescentes cuando comienzan a menstruar.
Sueño. Para evitar problemas de bajo nivel de glucosa sanguínea durante la noche, es posible que tengas que ajustar la rutina de insulina de tu hijo y los horarios de los refrigerios.
Cambios temporales en la rutina. A pesar de la planificación, los días no siempre son iguales. Controla los niveles de glucosa sanguínea con frecuencia cuando los horarios cambien inesperadamente. Planifica con antelación los días festivos, las ocasiones especiales y las vacaciones.
Atención médica continua
Tu hijo necesitará citas periódicas para llevar un buen control de la diabetes. Esto puede incluir una revisión de los patrones de glucosa sanguínea de tu hijo, necesidades de insulina, alimentación y actividad física.
El proveedor de atención médica también revisa los niveles de hemoglobina glucosilada A1C de tu hijo. La Asociación Americana de la Diabetes generalmente recomienda una hemoglobina glucosilada A1C del 7 % o inferior en niños y adolescentes con diabetes.
El proveedor de atención médica también revisará periódicamente a tu hijo para controlar lo siguiente:
Presión arterial
Crecimiento
Niveles de colesterol
Función tiroidea
Función renal
Pies
Ojos
Signos de problemas
Pese a todos tus esfuerzos, a veces surgirán problemas. Ciertas complicaciones a corto plazo de la diabetes tipo 1 requieren atención médica inmediata porque, de lo contrario, pueden llegar a ser muy graves. Entre estas complicaciones podemos encontrar las siguientes:
Glucosa sanguínea baja (hipoglucemia)
Glucosa sanguínea alta (hiperglucemia)
Cetoacidosis diabética
La hipoglucemia es un nivel de glucosa sanguínea inferior al rango objetivo de tu hijo. Los niveles de glucosa sanguínea pueden disminuir por muchas razones, entre ellas, saltearse una comida, hacer más actividad física de lo normal o inyectarse demasiada insulina. La glucosa sanguínea baja no es algo poco frecuente en las personas con diabetes tipo 1, pero si no se trata rápidamente, los síntomas empeorarán.
Entre los signos y síntomas de la glucosa sanguínea baja, se incluyen los siguientes:
Palidez
Temblores
Hambre
Sudoración
Irritabilidad y otros cambios en el estado de ánimo
Dificultad para concentrarse o confusión
Mareos o aturdimiento
Pérdida de la coordinación
Habla arrastrada
Pérdida del conocimiento
Convulsiones
Explícale a tu hijo cuales son los síntomas de la glucosa sanguínea baja. En caso de duda, siempre debes hacer un análisis de glucosa sanguínea. Si no dispones de un glucómetro y tu hijo tiene síntomas de glucosa sanguínea baja, trátalo como si la tuviera y luego realízale la prueba lo antes posible.
Si tu hijo presenta una glucosa sanguínea baja, haz lo siguiente:
Dale un carbohidrato de acción rápida. Pídele a tu hijo que consuma de 15 a 20 gramos de un carbohidrato de acción rápida, como jugo de fruta, tabletas de glucosa, pastillas, gaseosa común (no dietética) u otra fuente de glucosa. Los alimentos con grasas agregadas, tales como el chocolate o el helado, no elevan tan rápidamente la glucosa sanguínea porque la grasa reduce la absorción de la glucosa.
Vuelve a controlar la glucosa sanguínea. Vuelve a controlar la glucosa sanguínea de tu hijo en unos 15 minutos para verificar que esté de nuevo dentro del rango objetivo. Si no lo está, vuelve a darle un carbohidrato de acción rápida y a hacer un control en 15 minutos según sea necesario hasta que el resultado se encuentre dentro del rango objetivo de tu hijo.
A continuación, dale un refrigerio o una comida. Una vez que la glucosa sanguínea vuelva a estar dentro del rango objetivo, pídele a tu hijo que coma un refrigerio o una comida saludable para ayudar a prevenir otro nivel bajo de glucosa sanguínea.
Si un nivel bajo de glucosa sanguínea hace que tu hijo pierda el conocimiento, puede ser necesaria una inyección de emergencia de una hormona que estimule la liberación de glucosa en la sangre (glucagón).
La hiperglucemia implica un nivel de glucosa sanguínea por encima del rango objetivo de tu hijo. Los niveles de glucosa sanguínea pueden aumentar por muchas razones, que incluyen enfermedades, comer demasiado, comer determinados tipos de alimentos y no usar suficiente insulina.
Entre los signos y síntomas de un alto nivel de glucosa sanguínea, se incluyen los siguientes:
Micción frecuente
Aumento de la sed o sequedad de la boca
Visión borrosa
Fatiga
Náuseas
Si sospechas que el nivel de glucosa sanguínea es alto, controla el nivel de glucosa sanguínea de tu hijo. Si el nivel de glucosa sanguínea es superior al rango objetivo, sigue el plan de tratamiento para la diabetes de tu hijo o consulta con su proveedor de atención médica. Los niveles altos de glucosa sanguínea no bajan rápidamente, así que pregunta cuánto tiempo debes esperar para volver a controlar la glucosa sanguínea.
Si tu hijo tiene un nivel de glucosa sanguínea superior a 240 mg/dl (13,3 mmol/l ), debe usar un kit de prueba de cetonas para comprobar si tiene cetonas.
Una falta grave de insulina hace que el cuerpo de tu hijo descomponga la grasa para obtener energía. Como consecuencia de esta descomposición se produce una sustancia llamada cetona. El exceso de cetonas se acumula en la sangre de tu hijo y se genera una afección potencialmente mortal que se conoce como cetoacidosis diabética.
Los signos y síntomas de la cetoacidosis diabética incluyen:
Sed o boca muy seca
Aumento de la frecuencia de micción
Piel seca o enrojecida
Náuseas, vómitos o dolor abdominal
Un olor dulce y afrutado en el aliento de tu hijo
Confusión
Si sospechas que tu hijo tiene cetoacidosis diabética , comprueba el exceso de cetonas en la orina. Si los niveles de cetonas son altos, llama al proveedor de atención médica de tu hijo o solicita atención de emergencia.
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