El Niño ya empuja al sector agropecuario de Nicaragua hacia una crisis de empleo y deuda que productores del Pacífico y el Corredor Seco describen como sin salida a corto plazo. El gobierno evita declarar la emergencia, mientras sus vecinos centroamericanos activan sus máximos niveles de alerta.
El fenómeno llegó a Nicaragua en junio de 2026 y escaló con rapidez. El Observatorio de Fenómenos Naturales (Ofena) lo clasifica como El Niño fuerte, con posibilidad de intensificarse, tras una secuencia que arrancó en neutralidad, pasó por una La Niña débil y derivó en una categoría seca hacia agosto. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) había advertido que el episodio podría ser el más intenso jamás registrado.
Qué está pasando en los campos nicaragüenses
El impacto más inmediato no es la ausencia total de lluvia, sino su distribución irregular. Según Ofena, el fenómeno “modifica la distribución espacial y temporal de las precipitaciones”, lo que genera períodos secos prolongados, pérdida de humedad en el suelo y estrés agrícola grave en el Pacífico, el Corredor Seco y zonas del Centro-Norte.
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El Corredor Seco concentra la mayor vulnerabilidad: una franja de 63 municipios que se extiende desde el Lago Cocibolca hasta la frontera con Honduras, con departamentos como León, Chinandega, Managua, Masaya y Granada, además de Carazo y Rivas, entre los más expuestos al déficit hídrico.
En comunidades de Nueva Segovia, al menos 15 días consecutivos sin lluvia dejaron cultivos de maíz y frijol prácticamente secos en julio, según Radio Segovia.
El maíz entró en fase de espiga sin la humedad necesaria para desarrollar mazorcas. El frijol perdió flores en plena floración.
Tres cultivos en el ojo de la crisis
El maní es el caso más documentado. Un productor, bajo anonimato, explicó la situación a La Prensa: “Tenemos grandes áreas de cultivo de maní que no han cargado todavía, les falta agua. Esperamos que de aquí a septiembre le caigan unas cuantas lluvias, pero no creo que sean tan copiosas”.
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La caña de azúcar y los granos básicos, maíz y frijol, también acusan pérdidas en la siembra de primera, especialmente dentro del Corredor Seco. La ganadería, por su parte, enfrenta lo que Ofena describe como “una crisis pronunciada” en el hato, por la ausencia combinada de pastos y agua.
Desempleo y deuda: las consecuencias que ya se sienten
El deterioro productivo se traduce en recortes de personal. Otro productor consultado por La Prensa, también sin identificarse, describió la lógica de supervivencia de los ingenios y empresas maniceras: “Se está despidiendo a las personas, se está reduciendo el personal a lo máximo para que podamos ser sostenibles”.
A eso se suma la presión financiera. “Muchos tenemos créditos en la banca, y si los cultivos no se levantan, con qué vamos a pagar”, advirtió la misma fuente. La proyección que circula entre el sector es que el comercio podría deprimirse y los precios de los granos básicos subirían el próximo año por efecto de la escasez.
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La postura oficial y la brecha con el sector privado
Marcio Baca, director de Meteorología del Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (Ineter), reconoció el déficit de lluvias en el Pacífico y el Centro-Norte, pero insistió en que el impacto “no ha sido tan severo” y que las precipitaciones en otras zonas “han sido favorables”.
Afirmó que septiembre traerá un repunte: “Recordemos que hemos terminado un período canicular en agosto; en septiembre debemos de empezar a ver seguramente un repunte de lluvias más que el mes de agosto”.
El régimen de Daniel Ortega no emitió alertas preventivas ni anunció fondos de apoyo para los productores del Corredor Seco, según Nicaragua Investiga. Tampoco presentó un plan de contingencia para el sector campesino.
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Lo que hacen los vecinos mientras Nicaragua espera
El contraste regional es directo. El 25 de agosto, Panamá declaró emergencia nacional para agilizar respuestas ante un fenómeno que ya mantiene 11 cuencas hidrográficas en estrés hídrico y que obligó al Canal de Panamá a reducir su tránsito diario de 36 a 32 barcos a partir de mediados de septiembre.
Ese mismo día, El Salvador activó la alerta roja máxima por sequía meteorológica y agrícola en todo su territorio. El país acumulaba 19 días secos consecutivos desde el 7 de agosto y registró 14 récords de temperatura durante ese mes.
La primera cosecha de granos básicos proyecta una pérdida del 20%, según la Asociación Cámara Salvadoreña de Pequeños y Medianos Productores Agropecuarios.
Honduras, por su parte, declaró alerta roja el 19 de agosto en 75 municipios de Comayagua, La Paz, Francisco Morazán, El Paraíso, Valle y Choluteca, con déficits acumulados de precipitación de entre 100 y 200 milímetros en las zonas más afectadas.
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Naciones Unidas activó en abril un mecanismo de acción anticipatoria de USD 4 millones para proteger hasta 65.000 personas en ese país.
El período que Ofena señala como decisivo
La ventana de septiembre a diciembre de 2026 es, según Ofena, “un período clave de vigilancia meteorológica, especialmente en la agricultura y ganadería”.
La proyección del observatorio apunta a que el déficit de lluvias continuará en el Pacífico, el noroccidente y el Corredor Seco, asociado al fortalecimiento del fenómeno.
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La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) advirtió que el Corredor Seco centroamericano alberga unos 10,5 millones de habitantes, de los cuales cerca del 60% vive en situación de pobreza y más de 2 millones dependen de la agricultura de subsistencia.
Durante el episodio de El Niño de 2015-2016, 3,5 millones de personas en la región quedaron en inseguridad alimentaria.
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