“Buenas tardes. Mi nombre es Angélica Chavarría Altamirano. Actualmente me encuentro detenida en el Centro Penitenciario Integral de Mujeres”. Con esas palabras comenzó la inesperada aparición pública de Angélica Chavarría, pareja sentimental del fallecido general Humberto Ortega y cuñada del dictador Daniel Ortega, en un video difundido por medios oficialistas nicaragüenses, después de casi dos años sin que se conociera oficialmente su paradero.
La grabación, cuidadosamente producida y difundida por la maquinaria mediática del régimen, muestra a Chavarría leyendo un mensaje en el que asegura haber recibido “trato digno y respetuoso” por parte de la Policía Nacional y el Sistema Penitenciario. “Semanalmente recibo visitas de mi mamá y de mi hermana”, afirma.
También asegura que recibe alimentación diaria, atención médica especializada, medicamentos, acceso al jardín y televisión. “Agradezco al Sistema Penitenciario y a la Policía Nacional por el trato digno y respetuoso hacia mi persona”, concluye.
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La aparición ocurre luego que organismos de derechos humanos y medios de comunicación denunciaran la desaparición de la pareja sentimental de Humberto Ortega. Infobae publicó recientemente un reportaje en el que se denunciaba que la mujer permanecía desaparecida desde mayo de 2024 y que organismos nacionales e internacionales exigían pruebas de vida.
Chavarría desapareció el mismo día en que el régimen ordenó el arresto domiciliario y la incomunicación del general Humberto Ortega, exjefe del Ejército y hermano menor de Daniel Ortega. El detonante fue una entrevista publicada el 19 de mayo de 2024 por Infobae y realizada por el periodista Fabián Medina, en la que Humberto cuestionó la deriva dinástica del régimen y el poder acumulado por Rosario Murillo y sus hijos.
Tras aquella entrevista, el régimen acusó al antiguo comandante sandinista de “traición a la patria”, lo mantuvo bajo vigilancia policial y aislamiento absoluto, y restringió el acceso a atención médica independiente, según denunciaron familiares y organismos de derechos humanos.
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Humberto Ortega murió el 30 de septiembre de 2024 en el Hospital Militar de Managua, bajo custodia estatal. El parte médico oficial habló de un “paro cardiorrespiratorio” y “choque cardiogénico”, pero opositores y activistas calificaron su muerte como “un asesinato de Estado en cámara lenta”, atribuyéndola al aislamiento y al deterioro físico acelerado durante su cautiverio.
Después de la muerte del exjefe militar, la desaparición de Angélica Chavarría adquirió mayor notoriedad internacional. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos otorgó medidas cautelares a su favor y organizaciones como el Colectivo de Derechos Humanos para la Memoria Histórica de Nicaragua denunciaron que permanecía en condición de desaparición forzada.
El caso también llegó al Grupo de Trabajo sobre Desapariciones Forzadas de la Organización de las Naciones Unidas, mientras familiares y activistas exigían información sobre su estado físico y acceso de familiares y abogados.
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Para los organismos de derechos humanos, el caso de Chavarría tenía un fuerte componente de “venganza política” por su cercanía con Humberto Ortega y por el impacto que causó la entrevista publicada por Infobae.
La presentación de Chavarría sigue un patrón que organizaciones humanitarias, ex reos políticos y opositores han denunciado reiteradamente en Nicaragua: la utilización de “pruebas de vida” cuidadosamente montadas cuando aumenta la presión nacional e internacional sobre el régimen Ortega-Murillo.
Un extenso reportaje publicado en septiembre de 2025 por Infobae documentó cómo la dictadura recurre a escenografías, uniformes nuevos, comida abundante, cortes de pelo, afeitados y visitas controladas para fabricar imágenes destinadas a contrarrestar denuncias de torturas y desapariciones.
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“Es un circo”, dijo entonces Juan Lorenzo Holmann Chamorro, gerente general de La Prensa y ex preso político, al describir una de esas presentaciones. “Todo eso lo montan para engañar, para mostrar una realidad que no existe”, añadió tras relatar cómo los presos eran alimentados temporalmente y vestidos con ropa limpia antes de ser exhibidos ante cámaras oficialistas.
El ex precandidato presidencial Félix Maradiaga, quien pasó 611 días encarcelado en El Chipote antes de ser desterrado, explicó el mecanismo con crudeza: “Cuando la presión interna y externa aumenta, huelgas de hambre, denuncias, pronunciamientos, el régimen no corrige el abuso; cambia de libreto. Empieza el teatro”.
Maradiaga aseguró que antes de las grabaciones el régimen mejora la alimentación, controla el peso de los presos y prepara escenarios con refrescos, manteles y platos servidos. “Quieren imágenes de ‘trato digno’: presos sentados, comida abundante, una postal que se pueda exportar al mundo”, afirmó.
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Según el mismo reportaje, después de terminada la filmación los reos regresan a las condiciones habituales de aislamiento, raciones escasas y restricciones extremas. “La generosidad dura lo que dura la grabación”, resumió Maradiaga.
La aparición de Angélica Chavarría ocurre además en medio de crecientes denuncias sobre desapariciones forzadas en Nicaragua. Organismos de derechos humanos sostienen que al menos 14 presos políticos permanecen desaparecidos, entre ellos el líder indígena miskito Brooklyn Rivera y el ex asesor presidencial Steadman Fagot.
El video de Chavarría vuelve a colocar bajo escrutinio internacional el uso de montajes propagandísticos por parte del régimen nicaragüense para responder a acusaciones de desaparición forzada y represión política.
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