El precio de los combustibles en Nicaragua permanece fijo desde abril de 2022, una política que coloca al país entre los territorios con la gasolina y el diésel más caros de Centroamérica.
Según datos publicados en enero de 2026 por Reuters, el valor de la gasolina súper ronda los 48,97 córdobas por litro, lo que equivale a aproximadamente 1.33 dólares estadounidenses.
El gobierno sostiene el congelamiento de los precios de la gasolina y el diésel como una medida destinada a mitigar el impacto inflacionario internacional, según declaraciones de funcionarios del Ministerio de Energía y Minas (MEM) y del Instituto Nicaragüense de Energía (INE). La medida, que se comunica semanalmente a través de disposiciones oficiales de ambos organismos, se mantiene vigente al menos hasta principios de 2026.
La política estatal implica que el Estado asuma la diferencia entre el precio internacional y el precio local. La decisión de mantener los precios fijos durante casi cuatro años ha generado un debate persistente sobre su sostenibilidad fiscal, su impacto en la economía doméstica y el efecto real en el costo de vida de la población.
Hasta diciembre de 2023, el costo semanal para el Estado oscilaba entre 4 y 6 millones de dólares, una cifra financiada en parte con líneas de crédito y apoyo del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE).
El congelamiento de combustibles impacta en la cadena productiva y en los precios de la canasta básica
La administración del presidente Daniel Ortega presenta la medida como un alivio para la economía familiar, la producción nacional y el transporte colectivo. Sin embargo, esta política ha recibido cuestionamientos de sectores económicos y de la oposición, quienes advierten acerca de los límites de su eficacia.
Economistas sostienen que el congelamiento, fijado en un punto alto, genera un efecto de arrastre en los precios de bienes y servicios. A pesar de que los combustibles no suben en las estaciones de servicio, el hecho de que sean los más caros de la región repercute directamente en el costo de producción y distribución de los productos.
De igual manera, la estructura logística nacional se ve afectada por el precio elevado de los combustibles. Los productos agropecuarios, como frijoles, hortalizas y lácteos, se transportan en camiones pequeños o medianos que pagan el combustible a precio de gasolinera. Si el valor del flete supera al de países vecinos como Honduras, ese costo se traslada al precio final del tomate, la cebolla o cualquier otro alimento básico.
Además, muchos sistemas de riego y maquinaria agrícola en Nicaragua dependen del diésel. El precio congelado a niveles altos impide que el costo de producción agrícola baje, incluso cuando el petróleo cae a nivel internacional.
El efecto “piso” en la economía se manifiesta cuando los comerciantes no tienen incentivos para reducir los precios de los productos, pues el precio del combustible actúa como un umbral mínimo que sostiene la inflación de alimentos.
Precios elevados y salarios bajos: la presión constante sobre el poder adquisitivo en Nicaragua
Según análisis, este fenómeno impide que los hogares nicaragüenses experimenten un alivio estacional en el costo de vida, a diferencia de lo que ocurre en países como El Salvador o Guatemala, donde las bajas internacionales del petróleo sí se trasladan al transporte y a los precios minoristas.
En la comparación regional, los precios en Nicaragua solo son superados por los de Belice, mientras que países como Panamá, Guatemala, Honduras, El Salvador y Costa Rica exhiben valores menores para la gasolina y el diésel.
Las críticas de economistas y sectores de oposición también apuntan a la estructura del mercado de combustibles. Señalan que el congelamiento de precios se ha convertido en una fuente de ganancias extraordinarias para las distribuidoras de combustible, algunas de ellas vinculadas a intereses estatales, ya que compran barato en el exterior pero venden caro al mercado interno al precio congelado.