Cada año, el 27 de junio se celebra el Día Internacional de las Micro, Pequeñas y Medianas Empresas, una fecha impulsada por Argentina ante las Naciones Unidas y aprobada por la Asamblea General en 2017. La efeméride reconoce el peso de estas unidades productivas en la economía global: según datos del Consejo Internacional para la Pequeña Empresa, representan más del 90% del total de firmas a nivel mundial, generan entre el 60 y el 70% del empleo y explican el 50% del Producto Bruto Interno planetario. En los mercados emergentes, las pymes crean 7 de cada 10 empleos formales.
En Argentina, la dimensión del sector no es menor. Según un informe de la Universidad del CEMA publicado en 2025, existen en el país 515.599 pymes registradas, lo que representa el 98% del total de firmas empleadoras. Estas empresas generan la mitad del empleo asalariado formal y explican el 35% de la masa salarial.
Ampliado al llamado “Mundo Pyme”, que incluye monotributistas, autónomos y asalariados informales de firmas chicas. El porcentaje del trabajo privado que depende de este segmento asciende al 77%.
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La logística como variable de competitividad
Dentro de los factores que condicionan la operación diaria de estas empresas, la cadena de distribución ocupa un lugar central. Para una pyme, el costo de mover sus productos desde el punto de origen hasta el cliente final puede representar una porción significativa de sus gastos operativos totales, con rangos que en el contexto argentino rara vez bajan del 3% sobre la venta neta, y que pueden superar el 4,5% en sectores con operaciones complejas, como el textil o el comercio estacional.
El panorama se vuelve más exigente cuando se observa la evolución de los costos logísticos en el país. Según el Índice publicado por la Cámara Empresaria de Operadores Logísticos (CEDOL), el año pasado cerró con un incremento del 37,01% en los costos del sector para las empresas argentinas. Combustible, salarios, peajes y mantenimiento de flota son los principales impulsores de esta presión sostenida sobre la estructura de costos de las pequeñas unidades productivas.
Tercerizar para sobrevivir
Frente a este escenario, una de las respuestas más concretas que adoptaron las pymes argentinas durante 2025 fue la tercerización logística. De acuerdo con relevamientos del sector, aquellas firmas que gestionaban internamente su almacenamiento y distribución enfrentaban costos fijos difíciles de ajustar y errores de stock de hasta el 15%, con impacto directo en ventas perdidas y daño a la relación con clientes. Al trasladar esas operaciones a operadores especializados, algunas empresas lograron reducir sus costos fijos mensuales hasta un 30%, al integrarse a recorridos consolidados y eliminar estructuras ociosas.
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La trazabilidad en tiempo real es otro de los elementos que pasó de ser una ventaja diferencial a una condición operativa básica. En un contexto de mayor competencia, agudizada por la apertura de importaciones y la llegada de nuevos actores al mercado interno, el cumplimiento de los tiempos de entrega y la visibilidad sobre cada pedido se convirtieron en factores decisivos para sostener la fidelización de clientes. Para una pyme, una falla logística no solo implica un costo operativo: puede comprometer su reputación comercial de manera permanente.
Exportar desde la pequeñez
Un capítulo aparte merece la relación entre pymes y comercio exterior. Según datos de la Secretaría de Industria y Desarrollo Productivo, las micro, pequeñas y medianas empresas representan el 99,4% del total de empresas del país, pero apenas el 1,3% de ellas exporta. Esa brecha entre presencia y proyección internacional revela uno de los cuellos de botella más persistentes del tejido productivo argentino, en el que los costos logísticos, los procesos aduaneros y la falta de escala operativa actúan como barreras concretas para la inserción en mercados globales.
A nivel mundial, la ONU reconoce que el acceso a infraestructura deficiente y los obstáculos al financiamiento son los principales frenos para el crecimiento de las pymes en los países en desarrollo. En Argentina, el 90% de los empresarios del sector logístico identifica el estado de la infraestructura vial como la preocupación más urgente, según datos de la industria publicados en 2026. Una red de rutas con solo 1.500 km de autopistas y 2.300 km de autovías para un territorio de escala continental condiciona directamente la eficiencia de distribución de las pequeñas empresas, que en su mayoría dependen del transporte terrestre como única alternativa operativa.
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