Los pasos de fauna ganan terreno y se convierten en aliados de la seguridad vial

Diseñados para que los animales crucen rutas y autopistas de forma segura, los ecoductos reducen accidentes, preservan ecosistemas y comienzan a ser considerados una herramienta clave para la infraestructura del futuro

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En corredores donde circulan vehículos pesados, un impacto con fauna de gran tamaño puede provocar daños significativos, interrupciones operativas e incluso accidentes graves (Imagen: Movant Connection)

Las carreteras y autopistas permiten conectar ciudades, impulsar el comercio y facilitar la circulación de personas y mercancías. Sin embargo, también generan una consecuencia menos visible: la fragmentación de los hábitats naturales. Para enfrentar ese problema, cada vez más países incorporan pasos de fauna o ecoductos, estructuras especialmente diseñadas para que los animales puedan atravesar corredores de transporte sin exponerse al tránsito vehicular.

Aunque durante años fueron considerados una solución ambiental específica, hoy los pasos de fauna son analizados también desde una perspectiva de seguridad vial, planificación territorial y sostenibilidad de la infraestructura. Su expansión responde a una realidad cada vez más documentada: los accidentes entre vehículos y animales generan costos económicos, riesgos para las personas y un fuerte impacto sobre la biodiversidad.

Los especialistas en ecología vial sostienen que estas estructuras permiten mantener la conectividad entre ecosistemas que quedaron divididos por rutas, ferrocarriles u otras obras de infraestructura, favoreciendo los desplazamientos naturales de las especies en busca de alimento, refugio o reproducción.

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Qué son los pasos de fauna y cómo funcionan

Los pasos de fauna pueden adoptar distintas formas según las especies presentes y las características del terreno. Existen puentes verdes o ecoductos que atraviesan por encima de las carreteras, túneles subterráneos para mamíferos, corredores para anfibios y reptiles, e incluso estructuras aéreas destinadas a especies arborícolas.

La clave de su funcionamiento no radica únicamente en la estructura en sí, sino en su integración con el entorno. Generalmente incorporan vegetación nativa, barreras acústicas y cercos que orientan a los animales hacia los cruces seguros. Además, suelen ubicarse en puntos identificados previamente mediante estudios de movilidad de fauna y registros históricos de atropellamientos.

La evidencia acumulada durante las últimas décadas muestra que los pasos de fauna resultan especialmente efectivos cuando se complementan con vallados laterales. Diversos estudios internacionales concluyen que esta combinación puede reducir entre un 80% y un 95% las colisiones entre vehículos y animales.

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Además de disminuir la mortalidad de especies silvestres, estas infraestructuras contribuyen a mantener la diversidad genética de las poblaciones animales al evitar que queden aisladas por grandes corredores de transporte.

Europa y América del Norte lideran la implementación

Los países que más han avanzado en la materia se encuentran principalmente en Europa y América del Norte. Los Países Bajos son considerados una referencia mundial gracias a décadas de inversión en infraestructura ecológica destinada a reconectar ecosistemas fragmentados. Allí se desarrolló una extensa red de ecoductos que permite el desplazamiento seguro de ciervos, jabalíes, tejones y otras especies.

Uno de los ejemplos más conocidos es el Natuurbrug Zanderij Crailoo, considerado uno de los puentes de fauna más extensos del mundo. La experiencia neerlandesa también permitió comprobar que estas estructuras son utilizadas por miles de animales cada año, validando su efectividad a largo plazo.

Los accidentes entre vehículos y animales generan costos económicos, riesgos para las personas y un fuerte impacto sobre la biodiversidad (Foto: Shutterstock)

En Canadá, el Parque Nacional Banff se convirtió en otro caso emblemático. Allí se construyeron múltiples pasos de fauna sobre y bajo la autopista Trans-Canada, permitiendo el desplazamiento de osos, alces, lobos y otros grandes mamíferos. Estudios de monitoreo registraron cientos de miles de cruces exitosos desde su puesta en funcionamiento.

Más recientemente, distintos países europeos continúan ampliando estas soluciones. Investigaciones realizadas en Estonia, por ejemplo, muestran que la utilización de los ecoductos aumenta con el paso de los años a medida que las especies incorporan estas rutas seguras dentro de sus patrones habituales de desplazamiento.

El impacto en la logística y la seguridad de las rutas

Más allá de los beneficios ambientales, los pasos de fauna también generan efectos concretos sobre la operación de los sistemas de transporte. Las colisiones con animales representan una fuente de riesgo para conductores particulares, transportistas y operadores logísticos. En corredores donde circulan vehículos pesados, un impacto con fauna de gran tamaño puede provocar daños significativos, interrupciones operativas e incluso accidentes graves.

Por ese motivo, diversos organismos consideran que la incorporación de infraestructura de conectividad ecológica debe formar parte de los procesos de planificación vial desde las etapas iniciales de diseño. La tendencia internacional apunta a integrar objetivos de movilidad, seguridad y conservación ambiental dentro de una misma estrategia de infraestructura.

También existe un componente económico relevante. Estudios recientes indican que la reducción de accidentes puede generar ahorros significativos asociados a daños materiales, atención médica, interrupciones del tránsito y pérdida de fauna silvestre. Algunas evaluaciones incluso concluyen que los beneficios acumulados durante la vida útil de estas estructuras pueden superar ampliamente sus costos de construcción en zonas con alta incidencia de siniestros.

En un contexto donde la sostenibilidad adquiere cada vez más peso en los proyectos de infraestructura, los pasos de fauna aparecen como una solución capaz de responder simultáneamente a desafíos ambientales, sociales y operativos. Lo que comenzó como una herramienta de conservación se está transformando en un componente cada vez más habitual de las carreteras modernas, demostrando que el desarrollo de la movilidad y la protección de la biodiversidad no necesariamente son objetivos contrapuestos.