La infraestructura de transporte a nivel global enfrenta un desafío creciente: adaptarse a un contexto donde los eventos disruptivos —como fenómenos climáticos extremos— son cada vez más frecuentes y severos.
Según un reciente informe de la OCDE, esta adaptación todavía está lejos de consolidarse, lo que expone a las cadenas de suministro a mayores niveles de riesgo e incertidumbre.
Uno de los datos más relevantes del estudio es que cerca del 88% de los mecanismos de financiamiento en transporte no contemplan criterios de resiliencia, lo que implica que gran parte de las inversiones en infraestructura no están diseñadas para sostener la continuidad operativa ante eventos críticos.
Infraestructura bajo presión en América Latina
El impacto de esta situación es particularmente significativo en América Latina y el Caribe, una región que concentró el 17% de los desastres naturales globales entre 2015 y 2024. Esta exposición no solo genera daños directos en infraestructura, sino que también repercute en la eficiencia del sistema logístico y en los costos asociados al transporte.
En economías con fuerte dependencia de las exportaciones de productos primarios, como ocurre en gran parte de la región, la interrupción de rutas, puertos o corredores estratégicos puede generar efectos inmediatos sobre la competitividad.
Además, el informe destaca que los países en desarrollo suelen experimentar pérdidas económicas más elevadas en relación con su producto interno bruto, lo que refuerza la necesidad de incorporar la resiliencia como un eje central en la planificación del transporte.
Invertir más para sostener la logística
Uno de los puntos centrales del análisis es el debate sobre los costos de incorporar resiliencia en los proyectos de infraestructura. Adaptar obras para resistir eventos extremos puede implicar incrementos de hasta el 50% en la inversión inicial, como en el caso de sistemas ferroviarios diseñados para soportar inundaciones.
Sin embargo, el mismo informe señala que estas inversiones pueden reducir los daños potenciales en aproximadamente un 66%, lo que evidencia un impacto positivo en el largo plazo. Desde la perspectiva logística, esto implica garantizar la continuidad de las operaciones, minimizar interrupciones y evitar pérdidas asociadas a la paralización de los flujos de transporte.
Este enfoque cobra especial relevancia en corredores logísticos vinculados a la actividad agroindustrial, donde la estacionalidad y los volúmenes de producción exigen sistemas de transporte confiables y sostenidos en el tiempo.
Casos regionales: reconstrucción con foco en conectividad
El informe también analiza experiencias concretas en América Latina, donde la reconstrucción de infraestructura tras eventos climáticos extremos comienza a incorporar criterios de resiliencia. En países como Honduras y Perú, los proyectos se enfocan en recuperar y fortalecer la conectividad vial, priorizando corredores estratégicos para la actividad económica.
Estas experiencias evidencian un cambio de paradigma: ya no se trata solo de reparar daños, sino de rediseñar soluciones capaces de sostener la operación ante futuros escenarios críticos. El objetivo es asegurar la integración territorial y minimizar interrupciones prolongadas en el traslado de mercancías.
Más allá de los proyectos puntuales, la OCDE advierte que el principal desafío es estructural. La resiliencia debe integrarse en una estrategia de largo plazo, articulando al sector público, el ámbito privado y los distintos actores del ecosistema logístico.
La ausencia de una mirada sistémica deriva en un uso ineficiente de los recursos, eleva los costos operativos y reduce la capacidad de respuesta ante contingencias. En este contexto, la infraestructura deja de ser únicamente un soporte funcional para convertirse en un pilar clave de la estabilidad económica.
La logística como eje de continuidad
El informe cierra con una advertencia contundente: no incorporar criterios de adaptación en el desarrollo del transporte implica trasladar mayores costos hacia adelante y aumentar la exposición a disrupciones recurrentes.
En un entorno donde las cadenas de suministro están cada vez más interconectadas, sostener la operación frente a escenarios adversos se vuelve un factor diferencial. El debate ya no gira solo en torno a expandir capacidades, sino en garantizar su desempeño en contextos de incertidumbre.
En este sentido, la resiliencia se posiciona como un componente esencial para sostener la eficiencia, la competitividad y la continuidad de los sistemas logísticos tanto a nivel regional como global.