Impacto real: cuando la educación se gestiona como proyecto estratégico

Ricardo Torres, empresario y presidente de la Fundación María de Guadalupe, comparte su mirada sobre el rol social de las empresas, la educación como igualador y la organización logística detrás de una obra sostenida en el tiempo

Ricardo Torres es empresario y presidente de la Fundación María de Guadalupe (Foto: Movant Connection)

“La generosidad le hace bien al que la recibe y también al que la ejerce”. Con esa idea como brújula, Ricardo convoca a empresarios a involucrarse en proyectos educativos. Desde una conducción horizontal y basada en resultados medibles, impulsa una iniciativa que busca cambiar destinos desde la escuela.

¿Qué sentís al liderar iniciativas que impactan de lleno en la sociedad?

Liderar instituciones de beneficencia o de filantropía, especialmente en educación, me da mucha satisfacción. Es como estar pagando una deuda. El país me dio tanto que hay que hacer algo por él. Y está en mi naturaleza hacerlo. No estoy forzado ni nada, me da felicidad genuina.

¿Qué valor le das a la educación como motor de desarrollo social?

La educación no asegura el desarrollo, pero el desarrollo requiere fundamentalmente de la educación. No está separada la decadencia argentina de la decadencia educativa, que es muy notable.

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Para mí es un gran factor igualador. Si algo puede igualar a dos personas de posiciones sociales distintas es poder leer, entender, reflexionar y hacerse dueño de su destino. Obviamente también hacen falta salud, trabajo, crecimiento, justicia. Pero yo elegí la educación.

Cuando pienso dónde estoy y lo que pude hacer en mi vida, me cuesta separarlo de los estudios que tuve, de la gente que conocí en el colegio y en la facultad, de las oportunidades laborales que surgieron a partir de eso. Veo en mi propia carrera un rol fundamental de la educación.

Desde tu experiencia empresarial, ¿qué rol tienen las empresas en el impacto social?

Soy empresario hace 50 años. Para mí la empresa es un factor de progreso, de felicidad, de logros compartidos. Da propósito. Y uno necesita propósito.

Nunca lideré un proyecto donde la gente no sintiera que estaba haciendo algo que valía la pena. Sin empresa no me imagino el desarrollo de un país, los que intentaron organizarse sin empresas quedaron en la nada. El rol social de la empresa en el bienestar, en el descubrimiento y en el progreso, es enorme.

¿Cómo se articulan las urgencias y los proyectos de largo plazo en la Fundación?

En nuestro caso conviven de manera complementaria. En los colegios Guadalupe demostramos que con el mismo dinero que invierte el Estado provincial logramos resultados muy superiores.

De cada 100 chicos que entran a primer grado en contextos vulnerables, solo tres terminan la secundaria sabiendo lo que tienen que saber. En nuestros colegios son 75. Con los mismos salarios docentes, los mismos chicos, las mismas familias, el mismo lugar.

Ricardo comparte una linda reflexión: "cuando uno tiene que elegir entre dos caminos y no sabe cuál es el correcto, elegir el más generoso suele ser una buena brújula" (Foto: Fundación María de Guadalupe)

Mientras transformamos la vida de esos chicos y sus familias, demostramos que la educación pública puede mejorar. Por eso también fundamos Argentinos por la Educación, para trabajar sobre la política educativa y promover que las mejores prácticas se adopten a gran escala. En el corto y en el largo plazo están alineados: demostrar que se puede para que se haga más.

¿Por qué creés que es importante medir resultados?

Lo que no se mide no se mejora. En Argentinos por la Educación trabajamos basados en evidencia. No se puede hacer política educativa solo desde las creencias. Muchas veces nuestras creencias chocan con la evidencia, y hay que tener la humildad de cambiar. Eso no es fácil. Pero si no medimos resultados, seguimos haciendo lo mismo que nos trajo hasta acá. El trabajo en los colegios nos permite contrastar evidencia con experiencia real.

¿Qué momento te emociona particularmente dentro del proyecto educativo?

El día de la graduación es de los más emocionantes del año. Ver a los padres, a las familias, sabiendo que sus hijos cambiaron radicalmente su destino. Sabemos que el recorrido escolar de los padres, especialmente de la madre, es un gran determinante del éxito escolar de un chico. Entonces cada chica que termina el colegio está cambiando también el destino de su futura hija. Eso es profundamente movilizante.

¿Qué hay de logística detrás de una fundación?

Hay una logística enorme. Coordinar padrinos, eventos, visitas empresariales, programas de empleabilidad. Es un tetris perfecto donde cada cosa tiene que pasar en el momento justo.

Si el padrino no va el día indicado, si no vive la experiencia adecuada, tal vez no se compromete. Y ese compromiso cambia la vida de un chico. Hay que ordenar todo con precisión para que los resultados se produzcan.

Además, estamos en zonas donde la industria logística es muy fuerte, y muchas empresas del sector participan en nuestros programas de empleabilidad. Para muchos chicos, el sueño hoy es un trabajo en blanco. Y eso habla del momento del país.

¿Qué conversaciones faltan entre empresas, Estado e instituciones?

Un trabajo en blanco no debería ser un sueño, debería ser un paso hacia tus sueños. Hay un enorme desafío en alinear evidencia, política y empresa. Muchas veces dudo de si la política entiende la realidad de lo que legisla. La interacción con municipios, provincias y el Estado nacional no siempre es sencilla. Volvemos a lo mismo: creencias versus evidencia.

¿Cómo describís tu liderazgo dentro de la fundación?

El rol de presidente es circunstancial. Somos un consejo donde el trabajo es muy horizontal. Dividimos responsabilidades, sentimos los logros como propios, nos motivamos mutuamente. Hay un equipo interno excepcional. Es un trabajo de equipo real.

¿Cuáles son los desafíos para este año?

Conseguir el financiamiento necesario para sostener los dos colegios, el de Tigre y el de Garín, y terminar de desarrollar el secundario. Necesitamos recaudar fondos para que el proyecto funcione. Y, por supuesto, que los chicos que egresan puedan continuar estudios o conseguir trabajo y cumplir sus sueños.

¿Qué reflexión te gustaría compartir?

Haría un llamado a la generosidad. Cuando uno tiene que elegir entre dos caminos y no sabe cuál es el correcto, elegir el más generoso suele ser una buena brújula. La generosidad le hace bien al que la recibe y también al que la ejerce. Invitaría a quienes forman parte del mundo empresario y logístico a involucrarse, a sentirse parte. En la Fundación María de Guadalupe siempre son bienvenidos.

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