Aprovechar la tecnología para potenciar la riqueza de la complejidad humana

Melina Masnatta, emprendedora y consultora en tecnología y educación, brinda claves para los profesionales del comercio exterior ante la “sobrecarga cognitiva”, con la tecnología y el diferencial humano como herramientas

Melina Masnatta es emprendedora y consultora en tecnología y educación (Foto: Movant Connection)

“Durante años se priorizó un tipo de conocimiento, pero hoy debemos reencantarnos con el mundo y reconocer el valor de nuestras contradicciones y complejidades”, explica Melina, sobre los aspectos humanos irremplazables, relacionados con el liderazgo, la negociación y la creatividad.

¿Cómo comenzaste tu carrera en el sector tecnológico y qué te motivó a seguir ese camino?

Empecé en el sector tecnológico cuando inicié la carrera de Ciencias de la Educación, lo cual puede sonar un poco extraño. Esta disciplina ofrece una perspectiva científica de la educación, donde una de las primeras materias que cursé fue Tecnología Educativa, y me apasionó comprender cómo podíamos aprender con la tecnología.

Otra de las cosas que me apasionaron tiene que ver con que había mucho por hacer y mucho por escribir. Venía de un ámbito muy académico y, de pronto, no había libros de tecnología educativa, más allá de los dos o tres conocidos. En una carrera académica, que no haya libros significa que tenés que ponerte a escribirlos. Eso también me inspiraba a ser parte de algo histórico, a ser protagonista.

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¿Cuál es tu mirada sobre la velocidad de la evolución tecnológica en relación a nuestra capacidad de asimilarla de manera efectiva?

La tecnología avanza a un ritmo que supera nuestra capacidad de asimilación. Si intentamos competir directamente con la inteligencia artificial, perderemos, ya que opera en una dimensión distinta a la nuestra. Aunque la IA puede emular el pensamiento humano, ha trascendido esa etapa inicial.

Nuestro valor reside en conectar aspectos que nos son intrínsecos: frustración, ego, identidad y gestión emocional. Estos elementos, junto con un sentido ético, nos diferencian. La IA puede resolver problemas, pero carece de la capacidad para manejar contradicciones humanas.

Además, mantener una IA es costoso en términos de soporte físico y energía. En muchos casos, es más económico y eficiente confiar en humanos para ciertas tareas, ya que nuestras capacidades sensoriales y cognitivas son más versátiles.

Durante años se priorizó un tipo de conocimiento, pero hoy debemos “reencantarnos” con el mundo y reconocer el valor de nuestras contradicciones y complejidades. La IA puede proporcionarnos respuestas, pero le cuesta identificar lo que no estamos viendo, lo que no se ha dicho. Ahí radica nuestra ventaja: en la capacidad de cuestionar y explorar más allá de lo evidente.

"La experiencia humana permite comprender y manejar las sutilezas del conflicto y la negociación, adaptándose a las particularidades culturales que una IA no puede captar completamente", explica Melina (Imagen: Shutterstock)

¿Cómo imaginas la evolución del vínculo entre la tecnología y los profesionales de comercio exterior?

En el ámbito del comercio exterior, los profesionales suelen disfrutar de la adrenalina de estar constantemente conectados y enfrentarse a desafíos en la negociación, una actividad intrínsecamente humana y ligada al liderazgo. Además, este perfil muestra un marcado interés por lo internacional y la cultura, siendo personas con múltiples inquietudes.

Sin embargo, esta constante hiperconexión puede llevar a una sobrecarga cognitiva y al “burnout”. Aquí es donde las soluciones tecnológicas, como la inteligencia artificial (IA), entran en juego, automatizando procesos y conversaciones. Aunque podría pensarse que estas herramientas reemplazarán roles profesionales, la realidad es que no pueden sustituir aspectos esencialmente humanos como la negociación, que requiere paciencia, escucha activa y construcción de confianza.

Existe un sesgo tecnológico que nos lleva a creer que la tecnología es superior al ser humano en todos los aspectos. Sin embargo, en áreas críticas como el liderazgo y la negociación, especialmente en etapas decisivas, la intervención humana sigue siendo indispensable.

Por lo tanto, los profesionales deben reinventarse, enfocándose en resolver conflictos específicos en momentos clave, evitando la sobrecarga constante. Es esencial desarrollar una “mirada dron” para visualizar el panorama completo y una “mirada láser” para identificar y abordar puntos críticos en los procesos. La experiencia humana permite comprender y manejar las sutilezas del conflicto y la negociación, adaptándose a las particularidades culturales que una IA no puede captar completamente.

Para mejorar estas habilidades y gestionar la carga cognitiva, es fundamental invertir en el aprendizaje continuo. La educación es un proceso inherentemente humano que implica enfrentar frustraciones y desafíos. La tecnología puede ser una aliada en este proceso, ofreciendo herramientas personalizadas que facilitan el aprendizaje según las necesidades individuales.

En un entorno donde convivimos con agentes tecnológicos y humanos, es crucial identificar dónde reside nuestro valor diferencial. Este valor no se encuentra en tareas transaccionales, sino en áreas específicas donde el conocimiento y la experiencia humana marcan la diferencia. Así, nuestro aporte se asemeja más al de un hotel boutique, ofreciendo soluciones especializadas y de alto valor, en contraste con servicios más generalizados.

¿Cómo viviste estos desafíos siendo mujer en el mundo tecnológico?

La tecnología y el rol de la mujer han estado entrelazados desde siempre. A menudo olvidamos que la primera persona en programar fue una mujer: Ada Lovelace. También, Margaret Hamilton, quien diseñó el software que llevó al hombre a la Luna, es un ejemplo destacado. En los años 70, más del 70% de los estudiantes en Ciencias de la Computación eran mujeres. Fotos de esa época, tanto en Estados Unidos como en Argentina, muestran a mujeres alrededor de computadoras como Clementina, la primera en Argentina. Sin embargo, con el tiempo, esa presencia femenina disminuyó.

Al avanzar en el ámbito tecnológico, noté que ciertos aspectos no estaban diseñados para nosotras. Había códigos culturales que no compartía, lo que representaba un desafío. El mayor reto para las mujeres en tecnología es el liderazgo y los modelos a seguir. No veía referentes femeninos en posiciones de liderazgo. Estamos en una oportunidad de crear nuevos modelos de liderazgo, sin caer en respuestas binarias que resultan limitadas.

Es esencial diseñar una tecnología más humana, una IA humanizada. Consideremos que, para 2030, se estima que las mujeres serán el grupo con mayor poder adquisitivo. Es sorprendente que no estemos considerando este target. No solo es una posibilidad, sino una necesidad repensar y rediseñar los espacios de liderazgo en tecnología desde otra perspectiva.

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