Pamela David: "Me gustaría tener otro hijo"

Junto a sus hijos Felipe (9) y Lola (4), la anfitriona de Desayuno (América) recibe a GENTE para hablar de la maternidad, “el oficio que quiero seguir aprendiendo”. Cómo educa en tiempos violentos; el peso de la exposición y los prejuicios que derribó para amar a Daniel Vila (63)

Pamela (38), Felipe (9) y Lola (4) pintan sillas. Y detrás de esta idea de mamá hay una lección que trasciende el decoupage. "El cuidado de lo que se tiene es un valor, y con eso soy muy hincha", dice David, liderando con pincel la cruzada por recuperar el juego que cumplió más de una década de archivo. "Podría teorizar durante horas sobre la importancia del reciclado o la fortuna que significa hoy poder comprar algo nuevo. Pero no hay otro modo: haciendo se aprende".
–¿Dónde te ubicás entre las madres fundamentalistas del apego y las cultoras de la libertad total?
–Soy una mamá culposa e insegura, pero muy estricta. La del "¡límite, límite, límite!" para que todo funcione como un relojito. Aprendí que muchas veces, tanto permiso puede destruir el autoestima. Otra consecuencia de mi inconformismo… (se ríe). Aún hoy le dedico varias sesiones de terapia a la maternidad. Y desde el primer embarazo le di a los libros. El último fue Confianza total para tus hijos (de Florencia Andrés y Verónica de Andrés). Cada tanto lo releo y pongo en práctica cada ejemplo. Nunca quedo contenta, quiero seguir aprendiendo.
–¿Cómo te armás para criar hijos en tiempos violentos?
–Con Felipe (su hijo junto al basquetbolista Bruno Lábaque, 38) hablo mucho sobre adicciones, por ejemplo. El ya maneja información. Mientras desayunamos lee los diarios, y a la noche vemos Intratables (América). Ellos viven una realidad que no es la de la mayoría, y eso me desvela. Me ocupo de que abran la mirada: cada tanto le muestro fotos de la casita humilde donde crecí en Santiago del Estero, fomentando la conciencia del esfuerzo. Hoy, si quiere zapatillas nuevas, sabe que debe que ahorrar: mientras el talle de las que tiene vaya bien, no habrá otras.
–¿Y cuál es la coartada de una madre tan expuesta?
–En casa nada se esconde y toda pregunta tiene respuesta. Estoy segura de que Feli googleó mi nombre y le habrá aparecido alguna vieja producción como las de Playboy. Porque una vez me tiró: "Mamá, te vi…". Y le dije: "En ese entonces trabajaba como modelo y no me pareció mal; hoy, siendo periodista y mamá de un varón, ya no lo eligiría. ¿Querés que charlemos al respecto?". Me contestó: "No, no es necesario". Respeté su pudor. Pero ya tendremos la conversación, tal vez después de que salga esta nota. Quiero darle herramientas para defenderse de cualquier grito en una cancha de fútbol.

–¿Felipe digiere la fama?
–Comparte colegio con hijos de otras famosas (Colegio Bayard). El otro día Panam (Laura Franco) me envió un audio de WhatsApp: "Quiero contarte que me crucé a tu hijo y se presentó feliz: '¡Yo soy el hijo de Pamela David!' Te lo digo porque como mamá de varón, sé que ese tema nos preocupa". Pero mi temor más grande son las redes sociales, las mismas que a mí me enviaron a terapia. Sufrí mucho embarazada de Lola. Las agresiones me endurecían la panza. Al día de hoy no leo los comentarios públicos de las notas online.
–¿Cuál fue el precio más alto de tu exposición?
–Fue mientras hacía Fuera de foco (América, 2007), Feli era bebé. Y me tocó un informe nocturno, "el pre-dancing adolescente". Salí angustiada, intentando llegar a casa para la teta de las tres de la mañana, con la necesidad de conectar… (se quiebra). Entonces bajé de la camioneta vestida acorde, tacos, pollera… y escucho a una mujer: "¡Andá a cuidar a tu hijo, puta!" Quise morir. "¡Qué más quisiera!", pensaba yo. Ese momento marcó mi vida. Pero tenía la necesidad de trabajar. Por eso con Lola me di el lujo de parar un año para disfrutar esa conexión.
–Lo mejor de tu legado es…
–El mimo constante. El diálogo amoroso. Tengo una regla: chicos cerca, teléfono lejos y silenciado.
–El aspecto personal del que querés salvarlos es…
–Vivir tomándome examen. Siempre me concentré en qué mejorar mañana. Recién ahora estoy aprendiendo a mirarme al espejo y tirarme un centro. Parar y decirme: "¡Che, qué bueno!, ¡qué lindo!, ¡muy bien!". Quiero que mis hijos se valoren ahora, que disfruten su hoy.
–Un lección de mamá Patricia que hoy trasmitís orgullosa es…
–A mamá jamás la vi llorar. Hoy, de grande, pienso cuántos motivos habrá tenido para hacerlo. Pero nunca nos cargó esa imagen. Y se lo agradezco. Por eso hoy no me permito mostrarme triste frente a mis hijos.

Por Sebastián Soldano Fotos: Fabián Uset y Archivo Atlántida.

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