Agregar Infobae enGoogle

La industria plant-based crece: ¿qué falta para que llegue a más mesas?

El mercado plant-based en México tiene potencial de crecimiento, pero su consolidación dependerá de ofrecer alimentos accesibles, atractivos y capaces de integrarse a los hábitos de consumo de las familias

Jessica González Castro, Directora Ejecutiva de Generación Vegana

En México llevamos generaciones comiendo frijoles, nopales y maíz. Ahora, cada vez más empresas apuestan millones a que también incorporemos a nuestra alimentación bebidas de avena, chorizo vegetal o cochinita pibil elaborada sin cerdo. Sin embargo, hay una pregunta que la industria todavía debe responder: ¿qué hace falta para que estos productos permanezcan en el carrito del supermercado cuando termina la promoción?

En julio, Expansión publicó que el mercado mexicano de productos plant-based estaba valuado en aproximadamente 390 millones de dólares y que podría superar los 700 millones para 2030. La revista también citó a la Asociación de Emprendedores Veganos de México, según la cual 30% de la población se considera flexitariana; es decir, personas que buscan reducir su consumo de carne, aunque no necesariamente eliminarla por completo.

PUBLICIDAD

Este segmento representa una oportunidad importante para las empresas. Sin embargo, estar dispuesto a comer menos carne no significa necesariamente estar dispuesto a pagar más por un sustituto. Son dos decisiones distintas y, para que el mercado crezca de manera sostenida, es necesario entender esa diferencia.

En septiembre, dos noticias mostraron los distintos caminos que está tomando esta industria en México. Diario Financiero reportó que la empresa chilena NotCo había cerrado su oficina en el país, donde comercializaba productos importados. Ese mismo mes, El País documentó la expansión de la producción de bebidas vegetales de Güd en Celaya, así como el desarrollo de alternativas de origen vegetal de Benji con sabores como chorizo y cochinita pibil.

Aunque las tres empresas participan en el mismo mercado, enfrentan desafíos diferentes. Para algunas, el reto está en sostener los costos de importar y comercializar sus productos; para otras, en ampliar la producción local o desarrollar alimentos que conecten con los sabores y las costumbres de los consumidores mexicanos.

PUBLICIDAD

También hay señales de crecimiento fuera de los supermercados. En el ranking 2025 de Veganuary y HappyCow, México ocupó el segundo lugar entre los 11 países latinoamericanos analizados, con 3,224 establecimientos veganos o con opciones veganas, detrás de Brasil, que registró 4,259. Sin embargo, al considerar únicamente los restaurantes completamente veganos, México ocupó el primer lugar, con 512 establecimientos.

Esta oferta abre otra posibilidad para las empresas que desarrollan alimentos de origen vegetal: llegar a consumidores que quizá nunca buscarían un sustituto de carne en el supermercado, pero que sí podrían elegir unos tacos de cochinita vegetal en un restaurante porque les resultan atractivos y familiares.

Llevo más de diez años siendo vegana y defendiendo a los animales. Me entusiasma ver que existen cada vez más alternativas, pero también me interesa saber quiénes pueden acceder a ellas. Si una familia quiere reducir su consumo de carne, ¿puede encontrar un producto que le guste, que sepa preparar y que pueda comprar de manera habitual sin afectar su presupuesto?

A veces, la respuesta está en alimentos que forman parte de nuestra cocina desde hace generaciones, como los frijoles, las lentejas o los nopales. En otros casos, puede estar en un producto que ahorra tiempo, ofrece practicidad o permite preparar una versión vegetal de un platillo que las personas ya disfrutan.

La oportunidad para la industria no consiste únicamente en desarrollar nuevos productos o alcanzar cifras millonarias. También implica entender los hábitos de consumo, los presupuestos familiares y las preferencias gastronómicas de quienes podrían incorporarlos a su alimentación.

Los 700 millones de dólares son una proyección. Para saber qué está cambiando realmente en México, prefiero mirar indicadores mucho más cercanos a la vida cotidiana: cuánto cuesta llenar el carrito del supermercado, qué productos compramos una y otra vez y qué lugar comienzan a ocupar en nuestras comidas de todos los días.

Porque el verdadero crecimiento de la industria plant-based no se medirá solamente por lo que las empresas logren producir o vender durante una promoción, sino por su capacidad para convertirse en una opción accesible, atractiva y habitual en las mesas mexicanas.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD