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Así fue como Frida Kahlo, Diego Rivera y su esposa Emma Hurtado salvaron al Xoloitzcuintle

Hurtado es reconocida como la creadora de uno de los primeros criaderos de esta especie

El animal entró en las casas, la fotografía, la pintura y las colecciones de arte. (@MuseoMural)

El 27 de octubre fue declarado de Día Nacional del Xoloitzcuintle al ser nombrado de manera oficial como Patrimonio Inmaterial de la Ciudad de México.

Con esto crece el reconocimiento a esta raza originaria de nuestro país y de gran valor cultural para nuestra historia.

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Es gracias al creciente interés en esta raza que cada vez se conocen más detalles de su historia y uno de los que resalta es el hecho de que importantes figuras del arte nacional son piezas clave en el rescate de este bello y mítico ejemplar.

Y es que muchas personas desconocen que tanto Frida Kahlo como Diego Rivera y su última esposa, Emma Hurtado, ayudaron a preservar al xoloitzcuintle.

Por un lado, el muralista lo convirtió en una imagen pública de la mexicanidad y por el otro su última esposa mantuvo un criadero que buscó perpetuar la raza cuando todavía era poco común fuera de algunas regiones del país.

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En este punto también es importante aclarar que el rescate de esta raza suele ser atribuida únicamente a Rivera y Hurtado; sin embargo, Frida Kahlo fue una pionera en brindar reconocimiento y valor al xoloitzcuintle al posar con ellos en fotografías, pinturas y al adoptar a varios de ellos para su vida cotidiana de la Casa Azul.

Frida acompañada de sus perros Xolos a quienes retrato en sus pinturas.

A pesar de ello, Hurtado fue más reconocida en esta labor debido a que se le identifica como la creadora de uno de los primeros criaderos de esta especie, factor que fue vital para evitar su extinción.

Hurtado entró al círculo de Rivera como promotora de su obra en la década de 1940 y se casó con él en 1955, un año después de la muerte de Kahlo, según Encyclopaedia Britannica.

Frida Kahlo fue una pionera en brindar reconocimiento y valor al xoloitzcuintle al posar con ellos en fotografías, pinturas y al adoptar a varios de ellos.

Rivera colocó al xolo en el centro de la identidad mexicana

Tras la Revolución mexicana, Rivera participó en una corriente cultural que recuperó símbolos indígenas despreciados durante el periodo colonial y buena parte del Porfiriato. En este tiempo el xolo dejó de ser visto únicamente como un perro raro o rural y apareció como una figura ligada a la memoria prehispánica.

Esa revaloración tuvo un efecto concreto: el animal entró en las casas, la fotografía, la pintura y las colecciones de arte. Rivera y Kahlo convivieron con xolos y los mostraron como parte de un proyecto que reivindicó lo mexicano frente a los modelos europeos que dominaron las élites durante décadas.

El rescate del xolo no dependió de una sola persona.

El portal especializado Itzcuintli | Perro Mesoamericano señaló que el papel de Rivera no se limitó a la representación artística. Una cita de las memorias del caricaturista Eduardo del Río, Rius, refirió que el pintor habría fundado un criadero para “perpetuar la raza” de aquellos perros asociados con el México antiguo.

Si bien el testimonio de Rius no puede tomarte como un registro zootécnico ni permite calcular cuántos ejemplares nacieron en ese espacio si muestran como Rivera no solo incorporó al xolo a su imaginario visual sino que también promovió su reproducción.

El rescate del xolo no dependió de una sola persona. Comunidades rurales e indígenas conservaron ejemplares durante generaciones, mientras criadores y especialistas impulsaron después su reconocimiento formal. Rivera aportó otra pieza: prestigio cultural en un momento en que los símbolos prehispánicos volvieron a ocupar espacios públicos.

Rivera ayudó a devolverle valor simbólico al xoloitzcuintle.

Emma Hurtado sostuvo el criadero después de Diego Rivera

La participación de Emma Hurtado se ubicó en la continuación de ese esfuerzo. El mismo texto de Itzcuintli | Perro Mesoamericano reprodujo el recuerdo de Rius sobre un perro que Hurtado le regaló. El animal, llamado Oso, procedió de cruces realizados de vez en cuando en el criadero vinculado con Rivera.

Rius describió a Oso como un xolo con pelo. Esa característica tuvo peso en la historia de la raza porque el xoloitzcuintle pudo nacer con o sin pelo. En la época, los cachorros con pelo fueron vistos por algunos criadores como “degenerados”, un término que resultó impreciso y cargado de prejuicios.

El dato mostró una tarea menos visible que los murales: buscar destino para los cachorros y mantener vivos los animales de una línea de crianza.

Hurtado habría continuado el proyecto tras la muerte de Rivera, ocurrida en 1957, de acuerdo con la reconstrucción basada en las memorias de Rius.

Hurtado habría continuado el proyecto tras la muerte de Rivera.

Su relación con el xolo también reveló que el rescate de una raza no ocurrió solo en instituciones, exposiciones caninas o reglamentos.

Requirió alimentación, espacio, reproducción, atención veterinaria y personas que aceptaron llevar un cachorro a casa. Cada camada evitó que una población reducida desapareciera.

Con el tiempo la figura de Hurtado quedó eclipsada por Kahlo, Rivera y la coleccionista Dolores Olmedo, quien recibió xolos de la pareja artística y mantuvo animales en su propiedad de Xochimilco. El Museo Dolores Olmedo conservó esa herencia con ejemplares que remitieron a la presencia del perro en la obra y el entorno de ambos pintores.

Rivera ayudó a devolverle valor simbólico al xoloitzcuintle. Hurtado habría colaborado en la continuidad material de su crianza. Kahlo, Olmedo, criadores y comunidades completaron una red que permitió que el perro mexicano sobreviviera fuera de los relatos arqueológicos y las piezas de barro prehispánico.

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