La psicología revela los principales rasgos de las personas que prefieren quedarse en casa antes que salir con amigos: le llaman “soledad positiva”

Aunque muchas veces puede ser mal visto existen personas que realmente disfrutan el tiempo a solas

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Una mujer sonríe con los ojos cerrados, disfrutando de un momento de tranquilidad y confort en la sala de su casa, rodeada de un ambiente cálido y natural. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Mucha gente puede verlo como algo malo. Se asume que las personas deseamos salir, pasear y estar con amigos; sin embargo, existen más personas de lo que se cree que realmente disfrutan estar en soledad y quedarse en su hogar antes que salir y la psicología por fin confirma que esto no es algo malo.

Al contrario, preferir la casa antes que una salida con amigos puede reflejar rasgos ligados al autocuidado, la autenticidad y una manera diferente de manejar la ansiedad social, siempre que esa elección no se convierta en aislamiento no deseado.

La advertencia central está en la diferencia entre una decisión voluntaria y un encierro impuesto. Cuando la permanencia en casa deja de ser una elección, pueden aparecer sentimientos de alienación, pérdida de vínculos y, en algunos casos, depresión.

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En este sentido, la psicología plantea que no todas las personas disfrutan de ambientes ruidosos o de conversaciones largas en grupo. Para muchas, el tiempo a solas en el hogar resulta más cómodo y responde a motivos comunes y comprensibles.

La psicóloga de Middlebury College Virginia Thomas explicó al medio AS que para algunas personas la soledad representa lo que investigadores llaman “soledad positiva”, un estado vinculado al bienestar y no a una experiencia dolorosa o depresiva. También señaló que esa soledad puede ser elegida como una pausa para ordenar pensamientos, recuperar energía y reconectar con necesidades propias.

Una mujer medita sentada en el suelo de su habitación, con los ojos cerrados y una expresión serena, mientras el sol de la tarde ilumina el espacio con una luz cálida y natural. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La soledad elegida se asocia con bienestar y descanso mental

Esa desconexión del exterior, según la especialista, no implica apatía. Se entiende más bien como una forma de equilibrio personal, en la que el tiempo a solas funciona como espacio de recuperación.

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El hogar aparece además como un lugar de autenticidad pues para muchas personas la casa se consolida como un entorno sin juicios, protocolos ni exigencias sociales, donde pueden relajarse, cuidarse y recargar fuerzas.

La explicación cambia cuando interviene la ansiedad social. El temor a ser juzgado o a no estar “a la altura” puede convertir una reunión pensada para el ocio en una fuente de tensión, hasta el punto de influir en la decisión de rechazar invitaciones.

En ese escenario, las redes sociales operan como una alternativa percibida como más manejable. Hablar desde el celular o la computadora permite controlar mejor la interacción, regular la intensidad del contacto y salir de la conversación con un clic.

Una mujer disfruta de la lectura en la tranquilidad de su sala, iluminada por la luz natural que entra por la ventana. La escena transmite calma y bienestar, con detalles de plantas, libros y una taza de té, reflejando el auge de los hábitos de lectura en espacios domésticos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La línea entre bienestar e aislamiento puede ser delgada

Sin embargo, cuando se trata de una soledad autoimpuesta es cuando puede tener efectos negativos. La psicóloga y neurocientífica estadounidense Julianne Holt-Lunstad ha investigado los efectos de la “soledad crónica”, es decir, la no deseada, sobre la salud mental y la capacidad de socializar. Ahí se ubica la diferencia entre una preferencia saludable por estar en casa y un aislamiento que empieza a causar daño.

Por eso, los psicólogos recomiendan acompañar esos momentos de calma con actividades constructivas. La lectura, la meditación o la jardinería figuran entre las prácticas mencionadas para aprovechar el tiempo a solas sin que se vuelva una experiencia de desconexión perjudicial.

La idea de fondo es que quedarse en casa no significa ser antisocial. Puede ser una forma de protección frente al exceso de estímulos y una búsqueda de bienestar, siempre que la soledad siga siendo una elección y no una trampa.