Descubren bacteria intestinal que podría frenar la pérdida muscular en la vejez

La investigación la realizaron científicos de la Universidad Mayor en Chile y los resultados fueron publicados recientemente en la revista científica Aging and Disease

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Científicos de la Universidad Mayor identifican a Parabacteroides distasonis como una bacteria intestinal que podría frenar la pérdida muscular en la vejez. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Sin duda la pérdida de masa muscular es una de las mayores preocupaciones al llegar a la vejez y aunque mantenerla suele estar asociada principalmente a una alimentación rica en proteína y la actividad física de manera regular, un estudio reciente parece haber encontrado otro factor que influye en ella y en el que pocos pensarían.

Y es que científicos de la Universidad Mayor en Chile lograron identificar una bacteria intestinal que podría ayudar a frenar la pérdida muscular en la vejez, un deterioro asociado con menor autonomía y calidad de vida, a partir de resultados en animales que apuntan a una futura suplementación con un postbiótico.

El estudio observó que esta bacteria, llamada Parabacteroides distasonis, disminuye de forma progresiva con la edad, pero se mantiene en adultos mayores con alto desempeño físico y cognitivo, mejor conocidos como los llamados superagers.

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Ese patrón llevó al equipo a plantear que su presencia estaría ligada a un envejecimiento más saludable.

Los resultados fueron publicados recientemente en la revista científica Aging and Disease y la investigación fue encabezada por Alenka Lovy y Cristian Bergman, junto con un equipo del Centro de Biología Integrativa de la Universidad Mayor.

El equipo halló que un microorganismo del intestino cae con los años, pero se conserva en adultos mayores con alto rendimiento físico y cognitivo, lo que sugiere una relación con un mejor envejecimiento. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El estudio mostró mejoras tras tres meses de suplementación

Para poner a prueba la hipótesis, los investigadores trabajaron con ratones de 18 y 26 meses de edad, equivalentes aproximadamente a personas de 70 y 90 años.

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Los animales fueron divididos en dos grupos: uno recibió su dieta habitual con suplementación de Parabacteroides distasonis en forma de postbiótico y el otro mantuvo una alimentación convencional.

Los postbióticos son compuestos benéficos producidos por bacterias del intestino, entre ellos vitaminas y otros metabolitos capaces de influir en distintas funciones del organismo. En este caso, la suplementación se hizo con microorganismos inactivados que pueden generar beneficios para la salud.

Después de tres meses, los ratones suplementados conservaron y mejoraron su fuerza muscular. También presentaron una coordinación motora superior frente a los animales que no recibieron el tratamiento.

Los beneficios también aparecieron a nivel metabólico pues los ratones sin cambios en la dieta desarrollaron alteraciones intestinales vinculadas al envejecimiento, como inflamación y aumento de la permeabilidad intestinal.

En contraste, los animales tratados con el postbiótico recuperaron la estructura del colon hasta alcanzar características comparables a las de ejemplares más jóvenes. Además, mostraron menores niveles de glucosa y lactato en sangre, dos indicadores asociados con un metabolismo más eficiente.

Imagen de la bacteria en microoscopio.(GMBANK)

La bacteria activa una señal antiinflamatoria que llega al músculo

Para entender cómo se producían estos efectos, el equipo analizó cambios en el intestino y en el tejido muscular. Los resultados mostraron que la suplementación con Parabacteroides distasonis estimula la producción de interleucina-10, una molécula antiinflamatoria liberada por células del colon.

Esa señal viaja por el torrente sanguíneo hasta el músculo. Ahí favorece el funcionamiento de las mitocondrias, estructuras encargadas de producir la energía que necesitan las células para operar.

De acuerdo con la publicación, ese mecanismo aumenta la resiliencia muscular frente al envejecimiento y ayuda a preservar su capacidad funcional. La pérdida progresiva de fuerza y masa muscular es una de las principales consecuencias de la edad avanzada.

Aunque los resultados todavía se limitan a modelos animales, los investigadores consideran que el enfoque podría servir en el futuro para prevenir la fragilidad asociada al envejecimiento pues se estima que podría crearse una pastilla que se pueda empezar a tomar de forma temprana en la vida, por ejemplo, a los 40 años, para evitar la pérdida de función muscular.