La proliferación de tecnologías digitales ha incorporado nuevos hábitos y ventajas en la vida cotidiana y el trabajo, pero también ha dado lugar al tecnoestrés, definido como un padecimiento de adaptación asociado a la incapacidad de manejar de manera saludable los dispositivos.
Este fenómeno, conocido desde hace dos décadas en países industrializados y recién identificado de manera más amplia en México, se ha convertido en una de las principales inquietudes de la vida moderna, ya que puede producir alteraciones fisiológicas y psicológicas relevantes a cualquier edad y en cualquier entorno.
El avance tecnológico y la extensión del estrés laboral en México
Los cambios rápidos en las Tecnologías de Información y Comunicación han transformado modelos productivos y revolucionado la rutina en empresas grandes y Pymes, afectando los ritmos de trabajo y elevando el riesgo de enfermedades asociadas al estrés. De acuerdo con la información publicada por UNAM Global, la exigencia de estar siempre conectados para interactuar con proveedores o clientes, independientemente del dominio de la tecnología, ya es una necesidad obligatoria para la subsistencia empresarial.
PUBLICIDAD
Las pequeñas y medianas empresas, al depender de una comunicación intensa y permanente, enfrentan presiones adicionales. La presencia de miles de opciones tecnológicas —desde teléfonos celulares y laptops, hasta lavadoras con funciones avanzadas— representa el primer escenario generador de estrés: la dificultad para elegir el dispositivo adecuado.
El segundo momento crítico surge cuando se presentan obstáculos técnicos, como computadoras que dejan de funcionar o dispositivos con menús complejos. El tercer factor aparece cuando los equipos quedan obsoletos rápidamente o fallan, lo que provoca ansiedad ante la necesidad de actualizarse continuamente y obliga a gastar más para conservar lo último en tecnología.
Tecnoestrés: síntomas y recomendaciones
El tecnoestrés fue conceptualizado por el psicoterapeuta Craig Brod en 1984 como la “enfermedad de adaptación causada por la falta de habilidad para tratar con las nuevas tecnologías de manera saludable”. Sus síntomas incluyen desde tensión y ansiedad hasta irritabilidad y depresión. Este padecimiento ya es común en niños, adolescentes y adultos, y ocurre tanto en espacios laborales como en el entorno familiar.
PUBLICIDAD
Esta enfermedad puede agravarse si el usuario percibe las demandas tecnológicas como una amenaza, pues el nivel de estrés experimentado depende en gran medida de la autosuficiencia y la confianza para enfrentar lo nuevo. El fenómeno no es discriminatorio: afecta a personas en áreas urbanas y rurales.
Las alteraciones afectan tanto el cuerpo como el estado de ánimo. Además de los conocidos dolores musculares y problemas de visión vinculados al uso intensivo de computadoras, el tecnoestrés suma malestares afectivos como insatisfacción, irritabilidad y bloqueo mental.
El uso cada vez más extendido de computadoras portátiles y celulares ha transformado la dinámica laboral: ahora la oficina se traslada a cualquier espacio y se desdibujan los límites tradicionales entre el horario laboral y el tiempo libre, lo que complica aún más la separación entre trabajo y vida personal.
PUBLICIDAD
Reconocer el problema constituye el primer paso para mitigar el tecnoestrés. Las recomendaciones incluyen mejorar la alimentación, descansar adecuadamente, realizar ejercicio, estructurar mejor las actividades diarias, fomentar la autoestima y socializar con otros. En los casos en que el estrés se intensifique o derive en síntomas persistentes, la UNAM sugiere buscar la orientación de un psicólogo o psiquiatra.