En las últimas semanas, Joaquín Guzmán Loera, conocido como El Chapo, el líder narcotraficante del Cártel de Sinaloa, ha escrito diversas cartas al juez Brian Cogan, quien llevó su caso en Estados Unidos para pedir su extradición a México, así como mejores condiciones en su encierro, la posibilidad de transferirse a cárceles con menores restricciones y evitar el aislamiento total que lleva.
Sin embargo, en la última carta hizo declaraciones insólitas al decir que en México era reconocido por “las buenas acciones” que llevó a cabo, así como deslindarse de la narcoviolencia generada por décadas.
La prestigiosa psicóloga y criminóloga Mónica Ramírez Cano, quien lo perfiló en la cárcel de El Altiplano, en el Estado de México, platicó con él en varias ocasiones y hasta le contó sus secretos y debilidades, analizó en exclusiva para Infobae México el contenido de las cartas y sus posibles motivos de tales declaraciones.
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La experta consideró que El Chapo enfrenta un deterioro físico y emocional por el confinamiento extremo que vive en una prisión de máxima seguridad en Estados Unidos, donde permanece aislado casi por completo y denuncia lo que él mismo ha denunciado en sus cartas como "violaciones a sus derechos humanos".
Desde su extradición, el capo del narcotráfico ha buscado sin éxito ser trasladado de regreso a México o al menos a una cárcel menos estricta, argumentando afectaciones serias a su salud mental y “condiciones inhumanas”, de acuerdo con cartas manuscritas dirigidas al juez Brian Cogan.
El Chapo aísla su estrategia en cartas: pide trato digno y culpa al gobierno mexicano
En los textos que Guzmán Loera ha enviado en los últimos meses, expone que sufre ansiedad, depresión y una gradual pérdida de estabilidad mental. Detalla que solo puede ver el sol durante una hora al día y que las autoridades le han prohibido hablar con custodios o tener contacto con otros internos.
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En una de las últimas cartas remitidas al tribunal estadounidense, el fundador del cártel de Sinaloa afirmó: “En México me conocen por ser una persona bondadosa y hacer buenas cosas. Yo no tengo la culpa de la violencia que hay en México. Es el gobierno quien tiene la culpa”.
El contenido de sus misivas reveló una línea argumentativa en la que defiende su imagen, desvinculándose de la violencia generada en el país. También insiste en que las condiciones en que se encuentra son insostenibles y están pensadas para quebrarlo, por lo que solicita ser extraditado o al menos cambiado a un penal de Texas o California (donde ya hubo fugas de reos), bajo el argumento de que le correspondería por cuestiones procesales y de salud.
En las cartas, Guzmán Loera insiste en que la privación de comunicación y de visitas con sus familiares, en especial sus hijas, lo ha llevado al colapso emocional. Afirmó que cuenta con pruebas de las afectaciones médicas y recalca que los derechos que le corresponden como preso han sido ignorados por las autoridades estadounidenses.
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Perfil psicológico y estrategias: la mirada de Mónica Ramírez Cano
La psicóloga, criminóloga y perfiladora criminológica Mónica Ramírez Cano, quien realizó un estudio directo a Guzmán Loera durante su reclusión en el penal de máxima seguridad El Altiplano en el Estado de México, describe al capo como un hombre que se percibe a sí mismo “como un CEO de una empresa”.
Ramírez Cano sostiene que, aunque Guzmán presenta una inteligencia general promedio de 120 —dentro de un rango normal de entre 90 y 120 puntos de coeficiente intelectual, según los estándares—, destaca por su habilidad en la manipulación y negociación con figuras de alto poder al contestar las órdenes de custodios cuando estuvo preso en México como “sí jefe, sí señor”, para empetizar con él y ganarse su confianza.
Ante el cuestionamiento de su deterioro mental y hasta dónde podría ser capaz de llegar, Ramírez Cano indicó que, a lo largo de sus encuentros, Guzmán nunca mostró tendencias suicidas.
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“Nunca presentó tendencias en el tiempo en el que yo estuve trabajando con él”, aseguró. Sin embargo, reconoce que las condiciones de aislamiento extremas que enfrenta en Estados Unidos superan de manera importante las que tenía en México, pues aquí aún podía recibir visitas de sus familiares, incluida su esposa Emma Coronel y sus hijas menores de edad.
La especialista interpreta que parte del contenido de las cartas no solo refleja un desquicio producido por el encierro, sino también una estrategia deliberada. “Seguramente parte de lo que viene escrito en las cartas obedece a sus estrategias”, explicó.
Ramírez Cano observa que Guzmán Loera aprendió a capitalizar, tanto dentro como fuera de la cárcel, su imagen pública y su relación con la sociedad, sin embargo tampoco duda que el encierro estricto haya hecho estragos en su mente.
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El discurso dual: bondad, narcocultura y legitimación social
La versión de “hombre bueno” que Guzmán Loera esgrime en sus cartas tiene un eco real en algunos sectores de Culiacán y la sierra sinaloense, según las voces consultadas en la entrevista exclusiva.
Existen testimonios de personas que recibieron ayuda material directa del capo: construcción de carreteras, transporte aéreo para atención médica y entrega de despensas y apoyos.
Sin embargo, Ramírez Cano subraya que este tipo de acciones forman parte del mecanismo de legitimación que los grandes criminales utilizan dentro de la llamada narcocultura mexicana.
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Al proyectarse como benefactores en su lugar de origen, logran la simpatía o admiración de parte de la población, al tiempo que generan sumisión y reclutamiento de jóvenes en el entorno.
“Es el juego del cártel: te ayudo, pero también te uso. Aunque en su caso sentí una legítima satisfacción y alegría por ayudar a quien lo necesitaba de su entorno”, señaló la criminóloga.
La presencia de la narcocultura, sostiene la entrevistada, conduce a que menores de edad aspiren a convertirse en sicarios o narcos, normalizando conductas violentas y delictivas.
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Ramírez Cano expuso que en diversas regiones del país, adolescentes expresan su deseo de incorporarse al crimen organizado, motivados por la admiración a figuras como El Chapo, el dinero fácil y la narrativa del “hombre hecho a sí mismo”.
Condiciones del encierro: de la estrategia legal al colapso psicológico
Ramírez Cano enfatizó que la extradición de Guzmán Loera habría estado marcada por promesas ambiguas de personal estadounidense, quienes le habrían ofrecido una condena de ocho a 10 años y condiciones menos rigurosas.
Sin embargo, en la práctica, El Chapo fue sometido a régimen de máxima seguridad, sin contacto humano, ni convivencia con otros internos, lo que lo diferencia radicalmente de su experiencia en El Altiplano.
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El encierro en una celda de dos por dos metros, donde solo puede ver el sol por una ventana durante una hora al día, aunado al aislamiento completo, ha provocado en Guzmán Loera síntomas de ansiedad y depresión. Ramírez Cano sostiene que “a cualquier persona, un encierro de esa naturaleza termina trastornándola”.
Aunque Guzmán Loera muestra deterioro emocional en sus cartas, la especialista considera que sigue empleando la manipulación y el aprovechamiento de su figura como parte de su estrategia.
Esto se evidencia en la insistencia para obtener mejores condiciones penitenciarias, o incluso evitar alguna sanción más grave bajo el argumento de afectaciones psicológicas.
Narcocultura, programas sociales y legitimación de la violencia
En la entrevista, Mónica Ramírez Cano advierte que los programas sociales federales, como las becas para jóvenes que ni estudian ni trabajan, solo funcionan en ciertos segmentos, pero no logran prevenir de manera estructural la incorporación de jóvenes al narco. Señala que muchos beneficiarios terminan gastando el dinero en armas o bienes ligados a actividades ilícitas.
Un fenómeno preocupante, señala la experta, es que incluso menores de edad expresan su deseo de volverse delincuentes, lo que evidencia una normalización de la violencia en México. “Es algo sumamente grave, eso nos lleva a replantearnos como sociedad qué estamos legitimando para que hasta menores piensen en eso”, puntualiza Ramírez Cano.
La criminóloga considera insuficiente la atención a las víctimas y alerta sobre la tendencia social a “romantizar” las figuras criminales. “No debemos olvidar nunca, cuando estamos entrevistando a estas personas, las heridas que han generado en la sociedad. En México, la atención a las víctimas es mínima y muchas veces se les revictimiza”, expresa.
Cartas de El Chapo amplifican su narrativa: niega vinculación con violencia y exige derechos
En las cartas manuscritas remitidas al juez Brian Cogan y al tribunal federal, El Chapo solicita ser extraditado a México, o en su defecto, trasladado a cárceles de Texas o California, bajo la premisa de que en Estados Unidos viven personas con sentencias equivalentes en penales de menor seguridad.
Expone que sufre afectaciones físicas y mentales por el aislamiento total, falta de atención médica adecuada y la restricción absoluta de visitas familiares.
Guzmán Loera recalca en sus textos: “No hice daño a nadie”. Insiste en que la responsabilidad por la violencia en el país corresponde a las autoridades. Al igual que en su discurso en entrevistas previas, evita reconocer su responsabilidad en el crimen organizado y se presenta como víctima de trato injusto y de violaciones a sus derechos fundamentales.
Ramírez Cano concluye que, fuera del deterioro emocional visible, la escritura de cartas y la construcción de una imagen “benévola” forman parte de una estrategia para recuperar algún tipo de área de confort o privilegio, incluso si las vías legales parecen “imposibles”.
- Las cartas de Joaquín Guzmán Loera al tribunal de Estados Unidos reflejan tanto una crisis emocional como una estrategia legal para obtener mejores condiciones carcelarias.
- La criminóloga Mónica Ramírez Cano afirma que El Chapo nunca presentó tendencias suicidas, aunque el aislamiento actual ha generado en él deterioro psicológico.
- Ramírez Cano advierte sobre el riesgo de romantizar a los criminales y la legitimación de la violencia a través de la narcocultura en México.