Eduardo Lamazón: “El boxeo me encontró a mí, fue accidental”

Tenía diez años y su única tarea era llevar la toalla de un lado a otro. Medio siglo después, será recordado como uno de los historiadores del boxeo más respetados

Durante 25 años, Eduardo Lamazón trabajó junto a José Sulaimán y Víctor Cota en el Consejo Mundial de Boxeo, consolidando una trayectoria emblemática (Imagen Ilustrativa Infobae)

Eduardo Lamazón llegó al boxeo por accidente, a los diez años, en un pueblo argentino de 20 mil habitantes donde su padre presidía un club deportivo.

Lo que empezó como curiosidad de niño se convirtió en una enfermedad de vida que, medio siglo después, todavía no tiene cura, confesó en una entrevista con Ernesto Amador.

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“El boxeo me encontró a mí, fue accidental”, dice Lamazón. Su padre encabezaba un club donde, entre las canchas de tenis, la alberca y las canchas de básquetbol, un puñado de muchachos entrenaba box. El niño Lamazón se acercó, volvió al día siguiente y al otro.

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El club que lo formó sin proponérselo

No peleó. Su función era otra: llevar la toalla de un lado a otro, estar presente, hacerse útil. “Me daban algunas tareas, aunque fuera de llevar la toalla de aquí para allá, y yo me sentía importante”, recordó.

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Con el tiempo, el club comenzó a competir contra pueblos cercanos y a recibir visitas de rivales. Uno de aquellos muchachos llegó a campeón estatal.

Eduardo Lamazón inició su camino en el boxeo desde niño en un pequeño pueblo argentino, influido por el entorno deportivo encabezado por su padre (Foto: Twitter/ @lamazon_oficial)

Lamazón creció con ellos, o cerca de ellos, como él mismo dijo. El boxeo no fue una elección deliberada sino una atracción que se fue instalando sin pedir permiso.

“Los que dedicamos muchas horas por día a esto sabemos que es una enfermedad muy grave. Cuando la adquieres ya no te la puedes quitar.”

Cincuenta años después, el mismo escritorio

La trayectoria lo llevó al Consejo Mundial de Boxeo, donde trabajó como secretario de José Sulaimán y compartió escritorio durante 25 años con el periodista Víctor Cota.

“Compartimos el escritorio en el Consejo Mundial de Boxeo veinticinco años. Y cuando viajábamos, en ocasiones dormíamos en la misma habitación, y si no, andábamos juntos el resto del día.”

De esa experiencia acumulada nació un libro de 150 años de historia del boxeo que tardó cuatro años en agotarse y que, trece años después, la gente sigue pidiendo.

En 2025 publicó un nuevo volumen de textos reunidos, disponible en grandestextos.com, que describe como “un libro para nostálgicos, para gente que le encanta el boxeo y que tiene un rato para leer”.

Argentina, México y 46 años de raíces

Lamazón llevaba 45 o 46 años viviendo en México. Se asumía mexicano sin matices y rechaza cualquier jerarquía entre mexicanos de origen y mexicanos de adopción. “Cuando me digan: ‘Pinche argentino, vete de aquí’, será la primera vez, porque yo me siento más mexicano que nadie.”

En su momento, celebró cincuenta años de carrera con la misma convicción con que empezó: “Qué bueno que todavía estoy aquí”.

Cómo surgió el apodo de Eduardo Lamazón

Christian Martinoli bautizó al analista de boxeo Eduardo Lamazón con el apodo “Don Lama” durante una participación conjunta en un programa deportivo, según reveló el propio Lamazón en el podcast Un Round Más de Erik “Terrible” Morales.

El apodo 'Don Lama' nació en un programa deportivo gracias a Christian Martinoli y se popularizó en las transmisiones de Box Azteca con aportes de Carlos Aguilar (X/ @wbcmoro)

En esa emisión, el narrador de fútbol —fanático del Toluca y ajeno al mundo del box— sugirió que el sobrenombre se mantuviera para futuras transmisiones.

La propuesta prendió de inmediato entre el resto de los comentaristas, y desde entonces el apelativo se instaló en las narraciones de Box Azteca.

La construcción del apodo, no obstante, fue obra de dos personas. Fue Carlos Aguilar quien añadió la variante “Lama, Lama, Lamita” que acompaña los momentos en que el analista entrega sus tarjetas de puntuación.

“Y después lo de Lama, Lama, Lamita para dar la tarjeta fue Carlos Aguilar”, precisó el propio Lamazón.

El analista reconoció que el apodo le agradó desde el principio, sobre todo por la respuesta de la afición. “Sí me gustó, sobre todo porque ha funcionado bien, la gente lo ha recibido bien”.

Muerte de Eduardo Lamazón

Eduardo Lamazón, conocido popularmente como “Don Lama, Lamita”, murió a los 70 años y deja tras de sí medio siglo de trayectoria, marcada por su estilo crítico y su incansable pasión por narrar el boxeo.

Su legado se extiende tanto en la televisión como en el ámbito institucional, ya que durante más de veinte años desempeñó el cargo de secretario ejecutivo en el Consejo Mundial de Boxeo (CMB).

La partida de Lamazón generó un profundo pesar entre colegas y figuras del deporte. Mauricio Sulaimán, presidente del CMB, recordó que el comentarista arribó desde Argentina para trabajar junto al fundador del consejo y acompañó a la familia Sulaimán durante más de dos décadas.

Sulaimán expresó: “Dios lo tenga en su Santa Gloria”, rememorando la cercanía y la influencia de Lamazón en la regulación del boxeo internacional.

Por su parte, Carlos ‘El Zar’ Aguilar, compañero de transmisiones durante los años noventa y principios de los dos mil, destacó la cercanía personal y profesional que compartió con el narrador.

Aguilar manifestó su tristeza y agradeció las largas conversaciones y noches de boxeo que compartieron, señalando que la dupla que formaron fue parte esencial de la identidad de Box Azteca.

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