El consumo de bebidas alcohólicas y energéticas como el café genera preocupación entre especialistas de la salud por su posible influencia en los niveles de presión arterial, especialmente en personas con diagnóstico de hipertensión.
El debate sobre los verdaderos efectos de estas bebidas sigue abierto, y tanto la moderación como la consulta médica aparecen como factores clave en el manejo diario de quienes viven con esta condición.
Café: entre la controversia y la evidencia científica
El papel del café en la regulación de la presión arterial ha sido motivo de análisis por parte de la comunidad científica durante décadas.
Según un artículo publicado en la revista Healthline y revisado por la doctora Jenneh Rishe, la cafeína presente en el café puede provocar un aumento temporal de la presión arterial.
Este efecto tiende a ser más notorio en quienes consumen café de forma esporádica, mientras que quienes lo incorporan en su dieta diaria suelen experimentar incrementos menos marcados.
Investigaciones previas apuntaban a que el consumo prolongado de café podría asociarse con un mayor riesgo de desarrollar hipertensión.
Sin embargo, una revisión de 34 estudios publicada en 2017, citada por dicha revista estadounidense, concluyó que tomar café de manera moderada resulta seguro tanto para personas sanas como para quienes ya presentan presión arterial elevada. La publicación advierte que quienes ya padecen hipertensión no necesariamente deben abandonar el café, aunque no se recomienda iniciar su consumo a quienes nunca lo han hecho.
Alcohol: riesgos y advertencias médicas
El alcohol representa otro punto de análisis importante dentro de los factores que modifican la presión arterial.
La revista Healthline señala que durante años se pensó que el consumo moderado —una bebida diaria para mujeres y hasta dos para hombres— podía incluso ayudar a reducir la presión arterial. Sin embargo, investigaciones recientes muestran que incluso esta cantidad puede aumentar los riesgos para la salud cardiovascular.
La interacción entre medicamentos antihipertensivos y alcohol merece atención especial. Según la Sociedad Peruana de Hipertensión Arterial (SPHTA), se asegura que mezclar fármacos para la presión arterial con bebidas alcohólicas puede tener consecuencias adversas. Por ello, la recomendación varía según cada caso y se sugiere a las personas con hipertensión consultar con su médico para determinar cuál sería un nivel de consumo seguro.
Recomendaciones adicionales para controlar la presión arterial
Más allá de ajustar el consumo de café y alcohol, existen estrategias respaldadas por la Asociación Americana del Corazón (AHA) y otros organismos internacionales para el control efectivo de la presión arterial:
- Mantener una rutina de actividad física regular. La AHA recomienda al menos 150 minutos semanales de ejercicio moderado o 75 minutos a la semana de actividad vigorosa.
- Perder peso en caso de sobrepeso u obesidad. Incluso una reducción modesta puede contribuir a disminuir la presión arterial.
- Adoptar la dieta DASH, basada en alimentos frescos, frutas, verduras, granos integrales y proteínas magras.
- Abandonar el tabaco. Cada cigarrillo incrementa temporalmente la presión arterial y, a largo plazo, el consumo de tabaco endurece las arterias.
- Gestionar el estrés de forma activa. Buscar métodos de relajación puede ayudar a mantener la presión en niveles saludables.
Bebidas alternativas y seguridad cardiovascular
Ciertas bebidas, como jugos de frutas y vegetales, leche descremada y té verde, han demostrado efectos beneficiosos sobre la presión arterial, sin los riesgos asociados al café o al alcohol. Estas opciones pueden incorporarse en una dieta saludable para el corazón, aunque siempre bajo supervisión médica.
Claves para la detección y el manejo de la hipertensión
- La hipertensión suele avanzar sin síntomas, lo que dificulta su diagnóstico temprano.
- El control periódico de la presión arterial es fundamental para detectar la enfermedad y evitar complicaciones.
- El seguimiento médico y la adaptación de hábitos alimenticios y de vida permiten reducir el impacto de la hipertensión en la salud general.