
El primer testigo en declarar contra el ex secretario de Seguridad Pública de México, Genaro García Luna, fue el narcotraficante mexicano Sergio Villarreal Barragán, alias “El Grande”, quien aseguró que vio “en varias ocasiones” al ex funcionario “para pagarle sobornos de parte del Cártel de Sinaloa”.
“Hay dos tipos de corrupción, el que se voltea para un lado y deja pasar, y otra, la de los funcionarios forman parte de las actividades de la organización”, dijo “El Grande”, antes de aclarar, a instancias de la fiscal, que García Luna era del segundo tipo.
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Según Villarreal Barragán, los enviados del cártel se encontraban cada mes con García Luna en el estacionamiento de la plaza comercial Persiur, ubicada al sur de la Ciudad de México, donde le entregaban maletas repletas de dólares.
“El Grande” precisó que el encargado de los pagos a García Luna era Arturo Beltrán Leyva, amigo suyo y uno de los líderes del clan de los Leyva (parte del Cártel de Sinaloa), y agregó que él “estuvo en algunas ocasiones” presente en dichas transacciones, que, según su declaración, aumentaban a medida que el cártel crecía.
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Ya tenía todo calculado

Sergio Villarreal fue aprehendido por efectivos de la Marina en un fraccionamiento de lujo ubicado en Puebla. Ya los estaba esperando en el comedor de su casa. Se entregó sin oponer resistencia, pese a que lo acompañaban dos jefes de sicarios, pues su mujer y sus hijos se hallaban en una habitación de la casa.
El narcotraficante de 1.98 metros de estatura, de ahí su apodo, confesó haber desatado una “limpia” en Morelos bajo las órdenes de Arturo Beltrán Leyva que implicó la muerte y la tirtura de al menos 90 personas, a muchas de las cuáles él asesinó con sus propias manos, entre ellas Mario Pineda Villa, alias “El Borrado”, hermano de María de los Ángeles Pineda Villa, esposa del alcalde de Iguala José Luis Abarca, implicado en la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa.
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Sin emabrgo, desde antes de su detención ya había previsto al menos dos escenarios: primero, obtener “posibles beneficios” mediante el recurso de convertirse en testigo protegido del gobierno mexicano y colaborador de los EEUU; segundo, ofrecer información sensible a las autoridades sobre las operaciones del Cártel de Sinaloa y sus nexos con autoridades.
“El Grande” fue detenido durante el sexenio de Felipe Calderón Hinojosa, y ante la SIEDO recibió un nombre clave como testigo protegido: “Mateo”, y posteriormente rindió una larga declaración que en aquellos días fue motivo de repetidos escándalos.
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Una de esas acusaciones involucró al reportero de la revista Proceso, Ricardo Ravelo, pues “El Grande” afirmó que le dio cerca de 50 mil dólares para que dejara de publicar información relacionada con el capo.
“El Grande” implicó también en sus declaraciones a senadores, diputados, gobernadores y altos mandos del ejército. Por esa razón tres generales fueron aprehendidos, aunque a los tres los exoneraron tiempo después.
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En mayo de 2012, todavía bajo el sexenio de Calderón, Villarreal fue extraditado a los Estados Unidos. Ex policía judicial federal, destacado en Torreón, mediante la compra de autoridades primero de Coahuila y luego de Durango y Chihuahua, “El Grande” formó un ejército violentísimo dedicado al narcotráfico y asentó su bastión en la región lagunera, en donde gozó de protección absoluta y tuvo a su servicio a policías de Lerdo, Torreón y Gómez Palacio.
Pronto entró en tratos con Arturo Hernández, “El Chacky “ (jefe de asesinos del Cártel de Juárez y posteriormente de los Beltrán). Cuando “El Chacky” fue aprehendido, Villarreal se quedó con su territorio y le robó sus propiedades.
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Una versión dice que las dos cabezas que en 2006 aparecieron en las inmediaciones del aeropuerto de la ciudad de México fueron cortadas precisamente por “El Grande”, quien el cobró de ese modo la pérdida de media tonelada de cocaína a dos empleados de una empresa de almacenamiento de carga aérea.
Al momento de ser detenido se había convertido en enemigo del principal lugarteniente de Arturo Beltrán Leyva: Édgar Valdez Villarreal, alias “La Barbie.” “El Grande”había recibido la orden de asesinarlo, pues no solo se le acusaba de haber traicionado a Beltrán, sino incluso de estar formando su propia organización.
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Según “El Grande”, uno de los hermanos de Beltrán, Héctor Beltrán, conocido como “El H”, contrató a policías federales de élite y les pagó 500 mil dólares para que se deshicieran de “La Barbie”. El grupo habría estado a cargo, de acuerdo con El Grande, de un comandante de la Policía Federal, Iván Reyes Arzate (hoy detenido y extraditado a Estados Unidos), quien se hallaba bajo las órdenes directas del secretario de seguridad de Felipe Calderón, Genaro García Luna.
El asesinato, sin embargo, no se concretó. “La Barbie” también fue detenido y extraditado durante el sexenio de Calderón. Se le condenó a 49 años.
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