En el New England Aquarium de Boston, siete pingüinos africanos ancianos viven en una isla especialmente diseñada junto a la entrada principal. El espacio, ideado como una suerte de “hogar para ancianos”, les brinda tranquilidad, una dieta ajustada y rutinas personalizadas.
Lejos de la competencia de las colonias jóvenes, disfrutan de terapias y actividades de estimulación mental. “¿Por qué no abrimos un hogar para ancianos?”, recuerda Eric Fox sobre el origen de la iniciativa, según informa National Geographic.
Características y cuidados de los pingüinos africanos envejecidos en el acuario
Entre los habitantes de la isla de retiro se encuentran Lambert, Dyer, St. Croix, Good Hope, Boulders, Harlequin e Isis. En la naturaleza, estos pingüinos suelen vivir entre 10 y 15 años, pero en el acuario algunos han superado los 30 años, como Good Hope, que alcanza los 36 años. La atención diaria está adaptada a sus necesidades y a las particularidades de la edad. Hay suficiente pescado, fisioterapia y sesiones de enriquecimiento mental, como paseos por el acuario.
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“Reciben suficiente pescado —a menudo relleno con medicamentos—, fisioterapia y actividades de enriquecimiento mental como paseos por el acuario y disfrutan de un ritmo de vida más lento”, señala el equipo del acuario.
Cada ave mantiene independencia bajo vigilancia constante. Los cuidadores diseñan una rutina que fomenta el bienestar físico y mental de los animales. La posibilidad de establecer rutinas propias ayuda a reducir el estrés y mejora la calidad de vida de los ejemplares longevos.
Enfermedades y condiciones frecuentes en los pingüinos geriátricos
Al envejecer, los pingüinos desarrollan glaucoma, artritis y problemas de columna, similares a los que padecen los humanos mayores. Lambert y Good Hope han perdido un ojo por el glaucoma, y Boulders, con treinta y cinco años, sufre artritis. “En la naturaleza, simplemente no llegan a vivir lo suficiente como para comenzar a desarrollar estos problemas”, explica Nina Nahvi, responsable del centro médico, a National Geographic.
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A partir de los 25 años, los exámenes médicos se vuelven más frecuentes y detallados para detectar cualquier señal de deterioro. Los chequeos oculares en los pingüinos de edad avanzada se realizan de forma trimestral, a diferencia de los anuales en los ejemplares más jóvenes. El control médico incluye análisis sanguíneos para verificar el funcionamiento de los órganos internos y detectar señales de inflamación o infección. El equipo actúa con rapidez si aparece alguna molestia o síntoma nuevo.
Procedimientos de cuidado veterinario y terapias aplicadas
Cada pingüino recibe un plan de atención individualizado, con vitaminas y medicamentos en el pescado y dosis adicionales de agua para proteger los riñones. Tras el desayuno, se aplican tratamientos específicos, como las gotas oftálmicas que Lambert recibe dos veces por día.
“Ese es, en realidad, el principal motivo por el que realizamos muchos de nuestros entrenamientos: asegurarnos de que cuando llegan a esta edad y pueden necesitar gotas para los ojos, no sea una experiencia estresante para ellos”, comenta Nick Vitale, entrenador principal.
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Además de fisioterapia, aplican acupuntura y láser para aliviar la inflamación y el dolor, mientras que el equipo veterinario sigue de cerca cada caso. El acuario cuenta con una acupunturista especializada que atiende a los pingüinos cuando es necesario. “Se trata de que sea divertido y positivo. Darles caricias y pescado es la clave para ganarse su cariño”, afirma Vitale. El ambiente busca siempre reducir el estrés y fomentar una relación de confianza con los cuidadores.
Adaptaciones del entorno y enriquecimiento mental para los pingüinos mayores
El diseño del recinto incluye alfombrillas suaves y rutas visuales para facilitar el movimiento de los pingüinos con limitaciones físicas o sensoriales. Cuando Lambert eligió la zona más alta, el equipo creó una “autopista” de materiales blandos para evitar lesiones en las patas. Cada pingüino o pareja establece su propio territorio, lo que minimiza el estrés por competencia. La estimulación mental es diaria.
Juegos con pelotas espejadas, juguetes flotantes y paseos por el acuario integran la rutina. “El pez que pasa nadando, los colores, las luces. A veces eso puede ser el tratamiento más eficaz para ellos”, afirma Nick Vitale. Harlequin, por ejemplo, se entusiasma al ver su transportín para salir de paseo por las instalaciones. Este tipo de actividades ayuda a prevenir el aburrimiento y promueve la curiosidad en los ejemplares longevos.
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Impacto del recinto geriátrico en la calidad de vida de los pingüinos y en la concientización sobre la especie
El recinto geriátrico permite monitorear de cerca la salud y el comportamiento de los pingüinos. Si alguno come mal o se mueve rígido, el equipo programa exámenes y terapias específicas, ajustando el cuidado a cada necesidad. “En algún momento tal vez debamos tomar la difícil decisión de que ya no es lo mejor para ellos, pero esta es una etapa intermedia”, reflexiona Eric Fox sobre la eutanasia humanitaria.
“También estamos aprendiendo sobre la resiliencia que tienen estos animales. Incluso en su vejez, son capaces de aprender y de encontrar nuevas formas de moverse, aunque tengan limitaciones visuales o articulaciones problemáticas”, añade Fox.
La experiencia inspira a los visitantes sobre la conservación del pingüino africano, especie en peligro crítico cuya población ha caído un 97% en menos de un siglo. En Boston, Lambert, Dyer, St. Croix, Good Hope, Boulders, Harlequin e Isis disfrutan de una jubilación en un entorno adaptado a sus necesidades.
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