Científicos descubrieron a una nueva especie de la serpiente más grande del mundo

Según los investigadores, el descubrimiento de la nueva especie sirve para comprender mejor el rol de la taxonomía genética dentro de los esfuerzos de conservación de las especies

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La Eunectes murinus era hasta hace poco la única especie de anaconda verde reconocida. (Wikicommons/Bernard DUPONT)
La Eunectes murinus era hasta hace poco la única especie de anaconda verde reconocida. (Wikicommons/Bernard DUPONT)

Las anaconda, perteneciente al género Eunectes, es conocida por ser la serpiente más grande del mundo en términos de volumen corporal y un depredador excelso a pesar de no contar con ningún tipo de veneno, pues envuelven a sus presas y las estrangulan hasta matarlas. Hasta hace unos días, se creía que sólo existían cuatro subespecies, pero un estudio reciente demostró que hay una más.

El estudio titulado “Disentangling the Anacondas: Revealing a New Green Species and Rethinking Yellows” (Desenredando a las anacondas: revelando una especie verde y repensando a las amarillas) publicado el 16 de febrero en en la revista científica MDPI Diversity, reveló que las Eunectes murinus en realidad se tratan de dos especies genéticamente distintas.

Para llegar a este descubrimiento, el grupo de investigadores recolectó muestras de sangre y tejido de anacondas verdes en Ecuador, Venezuela y Brasil durante la grabación del nuevo documental de National Geographic, Pole to Pole With Will Smith, de acuerdo con NatGeo.

La nueva especie de anaconda verde

Científicos descubrieron que existen dos subespecies de anaconda verde. (Wikicommons/Dave Lonsdale)
Científicos descubrieron que existen dos subespecies de anaconda verde. (Wikicommons/Dave Lonsdale)

De acuerdo con el artículo en The Conversation de Bryan Fry, coautor del estudio y profesor de la Universidad de Queensland, Australia, su descubrimiento “abre un nuevo capítulo en la conservación de este importante depredador de la jungla”.

En el estudio publicado en MDPI, los investigadores aclaran que examinaron anacondas pertenecientes al género Eunectes de varios lugares de América del Sur al mismo tiempo que recogían datos demográficos, ecológicos, tejido y sangre de cada individuo.

Algunas de las muestras fueron recogidas en el Hato El Cedral y Hato el Frío, dentro de la región de Los Llanos, mientras que otras se obtuvieron de los estados brasileños de Mato Grosso, Mato Grosso do Sul y Pará, así como de la región Bameno del Territorio Baihuaeri Waorani de la Amazonia ecuatoriana y del Territorio indígena Sirionó.

Las últimas muestras fueron proporcionadas por distintos museos y zoológicos, entre los que destacan el Smithsonian de Historia Natural, el Centro de Biodiversidad Naturalis y el Zoológico Metro de Miami.

La investigación genética fue realizada por un equipo especializado de la Universidad New Mexico Highlands, en EEUU, en colaboración con el Centro de Biodiversidad Naturalis de Países Bajos y la Universidad Indoamérica de Ecuador.

Los resultados revelaron la existencia de dos clados, o conjuntos de organismos, dentro de lo que hasta ese momento se reconocía como E. murinus.

Uno de estos organismos, el recientemente descubierto y nombrado como Eunectes Akayima habita la parte norte de América del Sur, mientras que el otro (E. murinus) vive en la parte central y más al sur del continente.

“Identificamos el período en que la anaconda verde se dividió en dos especies: hace casi 10 millones de años. Ambas parecen casi idénticas y no existe ninguna barrera geográfica obvia que las separe”, indicó Fry en The Conversation.

Aunque las barreras geográficas sean escasas, el científico dijo que su nivel de divergencia genética, de un 5.5 por ciento, “es asombroso, pues la diferencia entre humanos y simios es aproximadamente del 2%”.

La importancia de conocer a la nueva especie

La Eunectes murinus era hasta hace poco la única especie de anaconda verde reconocida. (Wikicommons/Bernard DUPONT)
La Eunectes murinus era hasta hace poco la única especie de anaconda verde reconocida. (Wikicommons/Bernard DUPONT)

Fry admite que los resultados de la investigación tiene “implicaciones importantes” para la conservación de estos animales, específicamente para E. akayima, pues como hasta el momento eran tratadas igual que una especie única, ambas podrían tener diferentes nichos y áreas de distribución ecológica y enfrentar amenazas distintas.

“Es necesario diseñar estrategias de conservación adaptadas para salvaguardar el futuro de ambas especies”, añadió el investigador, quien sugirió que estas podrían incluir iniciativas para proteger el hábitat y medidas para reducir el daño causado por la actividad humana.

“Cuando las especies no se reconocen, pueden pasar desapercibidas en los programas de conservación”, dijo Fry, antes de concluir que al incorporar la taxonomía genética dentro de los distintos programas se podrá proteger de mejor forma a las especies conocidas como aquellas que “aún están por ser descubiertas”.