Santiago Posteguillo: “Julio César fue un dictador que benefició al pueblo, su oposición llevó las leyes de la República al límite”

Es el autor de novela histórica más vendido en lengua española. El autor de “Roma soy yo” ahora habla de su nuevo libro, “Maldita Roma”, donde narra el ascenso político de la gran figura de la Antigua Roma. Su relación con Putin y Kim Jong-un.

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"Julio César no era como los dictadores del siglo XXI que matan a sus opositores", dice Santiago Posteguillo sobre la figura principal de "Maldita Roma"

Julio César fue un dictador, pero era un dictador en un contexto distinto al de hoy y que, además, en sus decisiones políticas, beneficiaba a una mayoría”. El que habla es Santiago Posteguillo en rueda de prensa para latinoamérica para presentar su nueva novela, Maldita Roma.

Y sigue: “Julio César estaba con el pueblo, y el pueblo estaba con Julio César, frente a la oligarquía senatorial”. Pronto las preguntas se centrarán en cuál es la relación con dictadores de la actualidad y saldrán los nombre de Kim Jong-un y Vladimir Putin. Y también qué deberíamos aprender de este personaje tan polémico como trascendente. Pero vayamos por partes.

El libro es la segunda entrega de la saga que empezó con Roma soy yo y que tiene como centro a uno de los personajes históricos más conocidos e impactantes del mundo: Julio César. “Nunca pierde sus ideales principales”, destaca Posteguillo sobre una de las figuras que más lo interpelan.

“Vamos a ir viendo que empieza a plantearse hasta qué punto, para conseguir sus objetivos políticos, puede recurrir a los métodos de sus oponentes, aunque los métodos de sus oponentes puedan llegar a ser cuestionables”, continúa el autor.

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En Maldita Roma los lectores se encontrarán con un Julio César más maduro, que pierde esa ingenuidad inicial de la juventud y va entendiendo que cambiar el mundo es mucho más complicado de lo que uno imaginaba. También, que el ascenso político se trata más de la escala de grises que de blanco y negro.

El libro, que a pocos días de su lanzamiento mundial, ya escaló al primer puesto de los rankings de ventas en América latina y España, promete ser otro de los tantos récords en la trayectoria del escritor español. Posteguillo, se sabe, es un gran fenómeno editorial. Es el autor más vendido de novela histórica en lengua española, con más de cuatro millones de lectores.

“Una oposición que no deja de ser ingeniosa, que juega a llevar las leyes de la República al límite. Pero contra eso tenía que luchar César constantemente”

Y rompe otra marca: es el escritor de novela más vendido en 2022 (sí, de toda la ficción que se publica). Incluso el libro que abre la saga, Roma soy yo, fue el más vendido en España desde su publicación. También otra cifra, un poco más personal, pero igual de impactante: Posteguillo confiesa que ya lleva escritas 9.762 páginas de la Antigua Roma en su vida y numerosos años de investigación por delante para completar la saga.

“Toda la saga de Julio César es una gran ironía dramática”, define Posteguillo. Ahora, el autor de Yo, Julia, Circo Máximo y La legión perdida se mete de lleno en el libro y esboza una hipótesis. ¿Julio César es un dictador como los de hoy?

Julio César, la figura principal de la saga de Santiago Posteguillo (Getty Images)
Julio César, la figura principal de la saga de Santiago Posteguillo (Getty Images)

Dictadores y opositores

“Hay términos que en su origen y en su origen latino significaron una cosa y que hoy día han evolucionado”, responde Posteguillo ante la pregunta sobre el papel del dictador y si podríamos pensar la actualidad en los mismos términos que en la Antigua Roma. Y trae un debate en torno a las palabras: “El significado de las palabras evoluciona y sus connotaciones varían. Hoy, evidentemente, en lengua española, la palabra ‘dictador’ es ciertamente peyorativa y negativa”.

Para ejemplificar, el escritor español, dice que al escuchar esa palabra pensamos en Kim Jong-un, de Corea del Norte, o en Vladimir Putin, de Rusia. “Habrá un consenso general de lo que entendemos como ‘dictador’ en el siglo XXI: a una persona que por la fuerza impone su control sobre un país y que además es tremendamente cruel con la oposición”.

Sin embargo, Posteguillo advierte que esta acepción difiere de la que tenían en la República romana y explica que el término se usaba para los momentos de crisis (guerras, hambruna o pandemia) en el que “se elegía a una persona, normalmente un senador de prestigio, para que durante un tiempo determinado -que podía ser normalmente de seis meses, algo bastante limitado- tomara una serie de decisiones de forma centralizada para resolver la crisis”. ¿Y después? Se dejaba el puesto y se devolvía el poder al Senado y a las asambleas del pueblo.

Entrevista a Santiago Posteguillo - El Ascenso Al Poder De Julio César Y Las Continuas Estrategias De Sus Opositores

Parece, entonces, que el significado de la palabra cambió para los tiempos que corren. Y leer Maldita Roma habla en pasado y presente. “Julio César fue un dictador que beneficiaba al pueblo de Roma frente a una oligarquía”, dice y menciona un rasgo que distingue al personaje histórico de los dictadores del siglo XXI: “Putin, a mi entender, es un dictador. ¿Qué pasa con estos dictadores que aniquilan a la oposición? ¿Pueden cambiar la forma de hacerlo? ¿Puede ser asesinándote, ejecutándote? O que te tomes un café con leche y haya apolonio en el café. Pero acabas muerto si eres oposición”.

Entonces, ¿cuál es la diferencia? Julio César derrota militarmente a todos sus opositores en la guerra civil y sin embargo luego les perdona la vida. Y eso fue el principio de su fin, porque a todos aquellos a los que perdonó la vida son los que lo rodean el 15 de marzo del 44 y lo asesinan. Eso a un dictador del siglo XXI no le pasa”, sostiene. “Es un personaje mucho más complejo”, concluye

Vladimir Putin recibe a Kim Jong-un en Rusia (North Korea's Korean Central News Agency. KCNA via REUTERS)
Vladimir Putin recibe a Kim Jong-un en Rusia (North Korea's Korean Central News Agency. KCNA via REUTERS)

La conquista del poder

En las 900 páginas de Maldita Roma el lector asiste a cómo es el ascenso político de Julio César y cómo se valdrá de distintos trucos y leyes de romanas para conquistar, poco a poco, posiciones de poder, a pesar de una feroz oposición.

Para la reconstrucción de todo este período, Posteguillo trabajó un año y medio en la novela y viajó a distintas locaciones especiales. Incluso, se adentró en el derecho romano, la densidad y complejidad del sistema electoral de asambleas y del Senado. “Sus opositores le ponen todo tipo de trabas legales y no tan legales en su ascenso político”, afirma.

Sin embargo, da un dato que impacta: César, con un tremendo ingenio y estucia política, consigue ganar cinco elecciones seguidas, incluso cambiando a veces algún sistema electoral para llegar a la máxima magistratura de la República Romana, que era ser cónsul de Roma”. Posteguillo también destaca la habilidad de sus enemigos políticos, otros personajes fuertes de la novela: Cicerón, Catón y Pompeyo.

“Una oposición que no deja de ser ingeniosa, que juega a llevar las leyes de la República al límite. Pero contra eso tenía que luchar César constantemente”, caracteriza y cuenta uno de los pasajes emblemáticos: cuando César intenta realizar una reforma agraria.

Antigua Roma y Julio César.
Antigua Roma y Julio César.

Llamado al presente

¿Qué podemos aprender de Julio César hoy? “Cumplir lo que había prometido”, dice y sigue: “se volvía a presentar a elecciones y el pueblo lo volvía a elegir con las nuevas promesas, volvía a cumplir las nuevas promesas y así cinco veces. Bueno, yo entiendo que esto puede resultar un sistema extraño en el siglo XXI, pero a Julio César le funcionaba”.

Es decir, la coherencia política, como la define Posteguillo. “Creo que todo nuestro sistema político daría un vuelco. Sería un gran avance social y político para todos nuestros países”, ya que, “ante el fracaso, su tenacidad hace no amedrentarse ante las dificultades”. También cita a Séneca cuando dice que “el éxito es en gran medida la confluencia de la preparación con la oportunidad”. Eso se verá en Maldita Roma.

También destaca caracterísitcas del líder romano: tenacidad, tesón, resistencia. Para eso se explaya sobre cómo Julio César, durante el exilio siguió su formación con Rodas, el mejor profesor de retórica de la época, el maestro, entre otros, de Cicerón. ¿Para qué? Para esperar la oportunidad de entrar al Senado. Y sucede.

El auge de la novela histórica

"La Academia en hispanoamérica no divulgó la Historia de manera accesible", opina Posteguillo sobre el auge de la novela histórica

¿Por qué las novelas de Santiago Posteguillo tienen tantos lectores? Quizá la clave está en dos elementos de la fórmula: Historia y entretenimiento. ¿Por qué la novela histórica es tan popular? “Es posible que en el mundo en habla hispana no ha habido una gran tradición por parte de la Academia en hacer gran divulgación histórica en un nivel contar la historia de una forma muy accesible”, opina.

“Es mucho más frecuente en el mundo anglosajón”, señala y agrega que hay un gran interés en los lectores de leer sobre el pasado pero que no pueden encontrar la accesibilidad en ensayos muy académicos. “Con la novela histórica pueden encontrar esa combinación de entretenimiento con que se les está contando qué es lo que ocurrió en el pasado”.

Ficha

Título: Maldita Roma

Autoras: Santiago Posteguillo

Editorial: Grupo Z

Páginas: 896

Precio (en Argentina): Papel: $ 19.999, Ebook: $ 3381,99

Así empieza “Maldita Roma”

Principium

La batalla de Bibracte - Centro de la Galia

Una colina en las proximidades de la fortaleza de Bibracte

58 a. C. Retaguardia del ejército romano

—¡Hay que retirarse, procónsul! —vociferó el joven Publio Licinio Craso—. ¡Por todos los dioses, el enemigo va a rodearnos! César escuchaba al hijo de Craso gritándole exactamente lo que él mismo ya sabía que debía hacerse y, sin embargo, se resistía a dar la orden de retirada.

Había dos batallas: la que todos veían y la que él sentía en su interior. Las convulsiones se acercaban, podía percibirlo y sabía que sólo manteniendo la calma más absoluta, tal y como le habían dicho los médicos, podría dominar su cuerpo.

La batalla de fuera, la que todos veían, había empezado bien, con las dos primeras líneas de veteranos empujando a los helvecios y sus aliados hacia su campamento, pero, de pronto, un contingente con guerreros de otras tribus, de boyos y tulingos, procedentes de la retaguardia enemiga, había rodeado todo el frente de combate y había desbordado a las legiones por el flanco derecho por donde se lanzaban contra ellos para embolsarlos, tal y como decía el joven Craso.

César vio a Tito Labieno, su segundo en el mando, ascendiendo por la colina en busca de instrucciones. Esto es, para confirmar de qué forma replegarse y alejarse de un campo de combate que se había transformado en una ratonera.

Publio Licinio Craso se hizo a un lado de inmediato al advertir que se aproximaba Labieno. El joven Craso tenía la esperanza de que el veterano legatus, que era además el mejor amigo del procónsul, lo hiciera entrar en razón.

Sin duda, para Tito Labieno la opción más lógica era también un repliegue ordenado, pero llevaba ya demasiados años con César y había compartido muchos momentos críticos, muchas situaciones imposibles con él como para dar por sentado lo que su amigo pudiera estar pergeñando. César mandaba, y Labieno no consideraba otra opción que la de estar con él, siempre, hasta el final. Sólo que, en aquella ocasión, si no se replegaban, el final parecía inminente.

Quién es Santiago Posteguillo

♦ Nació en 1967 en Valencia, España.

♦ Estudió literatura creativa en Estados Unidos, y lingüística y traducción en diversas universidades del Reino Unido.

♦ En 2006 publicó su primera novela, Africanus: El hijo del cónsul, el inicio de una trilogía que continuó con Las legiones malditas y La traición de Roma. También es autor de la “Trilogía de Trajano”, compuesta por Los asesinos del emperador, Circo Máximo y La legión perdida.

♦ Es el autor más vendido de novela histórica en lengua española con más de 4.000.000 de lectores.

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