Por qué Rothbard, el economista gurú de Milei, elogió al Che Guevara

El teórico estadounidense, conocido como el “padre del anarcocapitalismo”, explica “por qué muchos libertarios lloraron la muerte del líder revolucionario argentino en su texto “Ernesto Che Guevara, R.I.P.”.

Compartir
Compartir articulo
Murray Rothbard sobre el Che Guevara: "Todos supimos que su enemigo era nuestro enemigo, el gran coloso que oprime y amenaza a los hombres del mundo, el imperialismo estadounidense".
Murray Rothbard sobre el Che Guevara: "Todos supimos que su enemigo era nuestro enemigo, el gran coloso que oprime y amenaza a los hombres del mundo, el imperialismo estadounidense".

El Che ha muerto, todos lo lloramos. ¿Por qué?”. A muchos les costará creer que quien escribe no es un militante de la izquierda latinoamericana sino el estadounidense Murray Rothbard, padre del anarcocapitalismo y economista gurú del presidente electo argentino Javier Milei.

“Cómo es que tantos libertarios lloran a este hombre; cómo es que recién acabamos de recibir una carta de un joven y brillante libertario, un antiguo objetivista y un seguidor de Bircher (JBS), que en parte decía: ‘si finalmente agarraron al Che... estoy seguro de que su memoria vivirá para perseguir a Latinoamérica y a los Estados Unidos en las décadas siguientes. ¡Larga vida al Che!’. ¿Por qué?”, se pregunta en su texto “Ernesto Che Guevara, R.I.P.”, que forma parte de Utopía y mercado, la reciente compilación del filósofo argentino Luis Diego Fernández.

Publicado por Adriana Hidalgo Editora, Utopía y mercado es una antología que busca reflejar los diferentes rostros del pensamiento libertario a través de autores clásicos como Murray Rothbard, Robert Nozick y Ayn Rand y contemporáneos como Peter Thiel, Satoshi Sakamoto y Patri Fridman.

En este libro se pueden encontrar desde los fundamentos de los liberales libertarios hasta los clásicos de la izquierda libertaria, pasando por el paleolibertarismo de la década del noventa. Pero también las posiciones de la tradición libertaria en materia de sexualidad, drogas, arte y cultura al libertarismo del siglo XXI, en particular el desarrollo de las criptomonedas y las startups tecnológicas

En “Ernesto Che Guevara, R.I.P.”, que puede leerse completo al final de esta nota, Rothbard explica por qué muchos libertarios “lloraron” la muerte del líder revolucionario argentino ya que, como afirma el icono libertario en su texto, “su enemigo era nuestro enemigo”.

“Utopía y mercado” (fragmento)

infobae

Ernesto Che Guevara, R.I.P. (por Murray Rothbard)

Murray Newton Rothbard nació en Nueva York en 1926 y murió en 1995. Se graduó en la Universidad de Columbia. Economista, filósofo y activista político, fue un polemista apasionado, agitador, fundador de instituciones libertarias y padre del anarcocapitalismo. Este texto fue originariamente publicado en el número de la edición de primavera-otoño de 1967 de la revista Left & Right, dirigida por Leonard P. Liggio, H. George Resch y el propio Rothbard, que se editó desde la primavera de 1965 hasta 1968 y tuvo nueve números.

El Che ha muerto, todos lo lloramos. ¿Por qué? Cómo es que tantos libertarios lloran a este hombre; cómo es que recién acabamos de recibir una carta de un joven y brillante libertario, un antiguo objetivista y un seguidor de Bircher (JBS), que en parte decía: “si finalmente agarraron al Che... estoy seguro de que su memoria vivirá para perseguir a Latinoamérica y a los Estados Unidos en las décadas siguientes. ¡Larga vida al Che!”. ¿Por qué? Seguramente no lo dijo porque el Che fuera comunista. Son pocas las personas que, en este país o en cualquier otro, llorarían la muerte de Brezhnev, Kosygin o de Ulbricht, por ejemplo, todos ellos líderes comunistas. No, los fines comunistas del Che no son lo que ha convertido su nombre en un símbolo y una leyenda en el mundo y para la Nueva Izquierda en este país.

Lo que convirtió al Che en una heroica figura de nuestro tiempo es que fue la viva encarnación del principio de la Revolución, más que cualquier otro hombre de nuestra época, incluso, del siglo. Más que ningún otro hombre, desde el adorable pero absolutamente ineficiente anarquista ruso del siglo XIX, Mikhail Bakunin, el Che obtuvo el título de “revolucionario profesional”. Y más aún, parafraseando a Christopher Jencks, en un revelador –si no desafortunado– artículo reciente del New Republic, todos supimos que su enemigo era nuestro enemigo, el gran coloso que oprime y amenaza a los hombres del mundo, el imperialismo estadounidense.

Formado como médico en la Argentina, siendo testigo de cómo la CIA fomentara la contrarrevolución en Guatemala, a manos del golpista Castillo Armas, Guevara dedicó el resto de su vida a la Revolución. Primero en Cuba: allí encontró un ámbito prometedor donde, como todos saben, después de Fidel Castro, el Che fue el segundo en alentar y luego ganar la revolución allí.

El Che fue un notable revolucionario, pero no fue un administrador destacado, y como economista fue peor aún. Fue el Che quien encabezó la política coercitiva que hizo que Cuba pasara de ser un país azucarero a convertirse en un país autárquico –una movida arbitraria y antieconómica que casi hunde la economía cubana hasta que Fidel, movido por los economistas realistas rusos, puso un freno y revirtió la tendencia–. Frustrado como administrador, comprendiendo que ese trabajo no era su lado fuerte, el Che abandonó Cuba para continuar con su carrera revolucionaria, encendiendo y alentando la lucha revolucionaria a lo largo de Latinoamérica. Pero antes de ello, sintetizó su propia experiencia hasta convertirse en un distinguido teorizador de la lucha armada. Su libro La guerra de guerrillas alcanzó la misma importancia que los libros sobre esta nueva y floreciente disciplina escritos por Mao y el general Giap.

Los largos años en los que el Che desapareció, encendieron y aceleraron la leyenda viviente que crecía en torno a él, pero también lo destruyó demasiado pronto. Una vez que los principios de la revolución comenzaron a girar alrededor de la figura del Che, Guevara comenzó a olvidar su principio vital de que la revolución debía nacer de la conciencia indígena y de las dificultades de los campesinos. El Che sabía muy bien que él y un grupo de cubanos, sin importar cuán bien hubieran sido entrenados, no podrían exportar la revolución, no podría imponer la revolución ni al campesinado boliviano ni al venezolano, que no estaban preparados para la lucha.

Murray Rothbard: "Lo que convirtió al Che en una heroica figura de nuestro tiempo es que fue la viva encarnación del principio de la Revolución, más que cualquier otro hombre de nuestra época, incluso, del siglo".
Murray Rothbard: "Lo que convirtió al Che en una heroica figura de nuestro tiempo es que fue la viva encarnación del principio de la Revolución, más que cualquier otro hombre de nuestra época, incluso, del siglo".

Pero el Che, con su heroico corazón, no pudo contenerse y salteó un montón de etapas, lanzándose romántica e imprudentemente a la aventura prematura del combate armado en Latinoamérica. La ironía trágica fue que al Che Guevara, con su valentía y coraje, lo traicionó el propio campesinado boliviano al que quería liberar, y que poco entendía sobre el sentido del conflicto. El Che murió a causa de la violación de sus propios principios de la guerra revolucionaria.

Existen otras ironías alrededor de la muerte de Che Guevara. Se informó que el cuerpo martirizado del Che fue llevado victoriosamente a Vallegrande, Bolivia, y un exiliado cubano y un agente de la CIA corrieron hasta allí y comenzaron a embalsamar el cuerpo. La ubicua CIA estuvo allí para reclamar lo que le pertenecía.

La CIA puede reclamar el cuerpo del Che, pero nunca podrá encadenar su espíritu. El homenaje más apropiado al Che fue el conmovedor discurso tras su muerte de su viejo compañero de armas, Fidel Castro. En ese discurso, Fidel Castro declaró:

No importa cuán difícil sea imaginar que un hombre de su talla, con su prestigio, con su personalidad, pudiera haber muerto en un choque entre la guerrilla y las fuerzas armadas, no importa cuán ilógico parezca, nosotros –que lo conocemos– sabremos, de todos modos, que no es extraño. Porque él siempre, durante todo el tiempo que lo conocimos, se caracterizó por su coraje, por su absoluto desprecio a la muerte, en el momento más difícil y peligroso, en el que había que hacer las cosas más difíciles y peligrosas. Lo hizo muchas veces durante nuestra lucha.

Nos preocupaba menos su carácter, que su hábito de estar al frente en los momentos de peligro, y que esto lo llevaría a morir en combate.

Nadie podría asegurar que al menos tomaría los mínimos recaudos. Muchas veces enfrentó a las patrullas...

Nos hubiera gustado verlo, sobre todo, como el constructor de las grandes victorias del pueblo antes que el precursor de esas victorias. Pero el tema es que un hombre con su temperamento, con su personalidad, con su carácter, con su modo de reaccionar frente a algunas circunstancias, está destinado –desafortunadamente– a ser el precursor antes que quien lleva a cabo las victorias. Y los precursores son, desde ya, los constructores de la victoria, los grandes constructores de la victoria...

No debería sorprendernos que fuera uno de los primeros caídos en el combate de la guerrilla, ya que hubiera sido un milagro, es casi imposible que hubiera sido de otro modo...

Los imperialistas cantan voces de triunfo diciendo que desalentarán la lucha revolucionaria, que pronto quedará desacreditada por los propios hechos. Los imperialistas también conocen el poder, el impacto de un ejemplo, y también saben que, aunque un hombre físico sea eliminado, su ejemplo nunca será eliminado por nada ni por nadie [...]

Los diarios de todas las tendencias han reconocido las virtudes del Che universalmente [...] Él es un ejemplo único, y debe ser reconocido y respetado por sus enemigos, por los mismos enemigos a los que se enfrentó en armas, por aquellos que han sido sus enemigos ideológicos y que aún pese a ello han expresado su admiración y su respeto por el Che [...]

¿Acaso la historia de las revoluciones o de los revolucionarios se ha caracterizado por la ausencia de duros golpes? ¿No son los verdaderos revolucionarios los que se levantan contra esos golpes, los retrocesos sin desanimarnos? ¿No somos nosotros, los revolucionarios, quienes proclamamos el valor moral de los principios? ¿No somos nosotros, los revolucionarios, los primeros en reconocer lo efímero de la vida de un hombre y cuánto sobreviven sus ideas, su conducta y su ejemplo, cuando el ejemplo de un hombre ha guiado a su pueblo a través de la historia?