El Artigas “borrado de la historia”: fue esclavo del prócer uruguayo y peleó por la independencia pero nadie lo recuerda

Nació en Mozambique, integró la cuadrilla libertadora de los 33 Orientales y una calle en Montevideo lleva su nombre. Ahora, la historieta “Artigas, el patriota sin patria” reconstruye su historia y el pasado afro de la Banda Oriental.

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La Batalla de Ituizaingó fue clave para desencadenar la independencia uruguaya. Los 33 Orientales, de los que fue parte Joaquín Artigas, fueron protagonistas de esa liberación.
La Batalla de Ituizaingó fue clave para desencadenar la independencia uruguaya. Los 33 Orientales, de los que fue parte Joaquín Artigas, fueron protagonistas de esa liberación.

“La historia de los afro en el Río de la Plata ha sido silenciada a través de los siglos”, sostiene Felipe Pigna en el prólogo de Artigas, el patriota sin patria, una de las más exitosas historietas uruguayas de los últimos tiempos. El libro de Gonzalo Eyherabide, que acaba de ser publicado en la Argentina por Planeta Cómic, bucea –precisamente- en uno de esos silencios atronadores que todavía perviven en la memoria histórica del Uruguay y la Argentina en relación con el pasado esclavista.

A partir de una investigación que combinó fuentes académicas con relatos orales y el padrinazgo de gente de la talla de Jaime Roos, Eyherabide dio vida a una ficción histórica que recupera la figura de Joaquín Artigas -esclavo de la familia del “padre fundador” José Gervasio-, uno de los dos africanos que integraron aquella cuadrilla libertadora conocida como los 33 Orientales.

A lo largo de 180 páginas abigarradas de datos, reflexiones y mucho humor despiadado, la historieta se sirve del devenir particular de Joaquín Artigas para hablar de la experiencia de los africanos esclavizados en el Río de la Plata, de sus condiciones y conflictos, de sus costumbres y amores, y de la relación que tuvieron con la constitución de los relatos nacionales a ambos lados del Plata.

“En el siglo XIX era usual poner a los esclavos el apellido de la familia que los esclavizaba, como una etiqueta de propiedad”, cuenta a Infobae Leamos Gonzalo Eyherabide, de paso por Buenos Aires, para presentar su novela gráfica en el espacio de historieta de la Biblioteca Nacional.

La historieta reconstruye las vidas de los esclavos africanos que llegaron al Río de la Plata.
La historieta reconstruye las vidas de los esclavos africanos que llegaron al Río de la Plata.

“El protagonista del libro, Joaquín Artigas, fue un personaje real, un esclavo de la familia Artigas, terratenientes muy poderosos de la Banda Oriental. Y el título de alguna manera juega con esos dos Artigas -el esclavo y el prócer- y la idea de que ambos pueden ser entendidos como patriotas sin patria. Joaquín porque nació en el actual Mozambique y fue traído por la fuerza al Uruguay para terminar integrando el grupo de los llamados 33 Orientales, hito fundacional de la mitología nacional uruguaya. Mientras que José Gervasio –pese a su bronce de prócer- no buscaba una República Oriental del Uruguay como existe hoy en día, era más bien un federalista que bregaba por unas Provincias Unidas que no tuvieran la capital en Buenos Aires”, cuenta el autor.

-Desde el mismo título del libro se propone como un contrapunto entre estos dos Artigas, que de alguna manera se refiere a una historia oficial y a otra no contada…

-Entre los dos, a mí me interesó contar la historia de Joaquín, aunque José Gervasio va y viene por toda la narración. Lo que sabemos de él surge de los documentos escasos que hay en general sobre la esclavitud dentro de la historiografía rioplatense. Sabemos que nació en Mozambique, que lo trajeron en un barco esclavista y que se casó en 1818 con María del Congo, también esclava de Martín José Artigas, padre de José Gervasio. Sabemos, gracias a listas militares, que entró a la milicia y que en 1829 integraba un regimiento de Pardos y Morenos apostado en el cuartel de la Isla de Ratas, un pequeño enclave en el puerto de Montevideo, muy importante militarmente.

-¿Y qué más?

-Sabemos que en 1825 fue uno de los llamados 33 Orientales que se levantaron contra la ocupación luso-brasileña de la Banda Oriental, que luego derivaría en la conformación del Uruguay. Está documentado que recibió durante muchos años una especie de pensión o premio que se les dio a los 33 Orientales y que dejó de recibirlo en algún momento de la década de 1850, cuando suponemos que murió. La mayor parte de esta información –que tampoco es mucha- la reunió el historiador uruguayo Aníbal Barrios Pintos en un libro precioso que se llama Los libertadores de 1825, en el que dedica un capítulo a cada uno de los 33 Orientales. Pero aun así, Joaquín Artigas continúa siendo un personaje desconocido para los uruguayos, a pesar de que hay una calle en Montevideo que lleva su nombre.

Parte de la obra de Gonzalo Eyherabide.
Parte de la obra de Gonzalo Eyherabide.

-¿Qué tan difícil te resultó indagar en la historia afro rioplatense? Hablabas recién de la ausencia de registros y fuentes, como si nunca hubiera importado dejar siquiera testimonio…

-Durante las últimas décadas hubo un despertar bastante fuerte del interés por la historia afro y tanto en Uruguay como en Buenos Aires hay grupos de estudio que trabajan mucho y muy bien sobre el tema. Se trata de una historia que no ha quedado escrita, por lo que hay una dificultad importante para llegar a las cosas que pasaron y a sus detalles. Aunque soy un apasionado de la historia uruguaya, de este tema particular sabía muy poco, así que arranqué estudiando fuentes de los ingleses, que fueron los grandes esclavistas pero también los grandes historiadores de la esclavitud.

-¿Qué encontraste allí?

-Borges decía que los ingleses nos describieron, y en este caso es tal cual: conservan unos volúmenes fenomenales donde compilaron infinidad de datos sobre la trata negrera. También me dio una gran mano un historiador uruguayo llamado Alex Borucki, que trabaja en el Centro de Estudios de la Esclavitud en la Universidad de Irvine, una de las más grandes de California. Los estadounidenses lograron documentar todo el tráfico negrero, pero tienen sobre todo data de Estados Unidos y el Caribe, y les faltaba América del Sur. Así que llevaron especialistas como Alex para completar y él me ayudó muchísimo a documentarme sobre, por ejemplo, lo que ocurría en los barcos. La historia que yo cuento en el libro sobre esto es tan brutal que parece inverosímil, pero está todo descrito tal cual en la bitácora de un capitán de barco negrero a la que pude acceder a través de Alex.

-¿Y cómo siguió el proceso de investigación?

-Luego de pasar casi un año investigando llegó un momento en el que los libros me agotaron, así que empecé a hablar con personas del mundo afro en Uruguay, con colectivos de hombres y mujeres afrodescendientes que me transmitieron sus memorias familiares. Me contaron de abuelas que fueron traídas por tierra desde Brasil, de sus ritos, de su medicina, de las cosas que cocinaban… Y ahí empecé a llenar un motón de huecos gracias a las tradiciones orales de toda esta gente que tuvo la generosidad de compartirlas conmigo.

Gonzalo Eyherabide, inspirado en Astérix y en Fontanarrosa.
Gonzalo Eyherabide, inspirado en Astérix y en Fontanarrosa.

-¿Te sentiste condicionado por contar esta historia no siendo vos afrodescendiente? ¿Te preocupó en algún momento que pudiera considerarse “apropiación cultural”?

-Sabés que ésta es una pregunta que nadie me hizo… Y, la verdad, es que son ideas que me rondaron. De alguna manera, yo tengo un poco de todo lo que está mal hoy en día: soy blanco, heterosexual y de clase media. Pero era una historia que creía que debía ser contada y la encaré con muchísimo respeto. Una vez charlando sobre esto con Jaime Roos –que me ayudó a contactar con muchos músicos afrodescendientes para el libro- me dijo: “Mirá, Eyhe, vos tenés todo el derecho del mundo de contar esta historia, como artista vos te podés vincular con todo lo humano, nadie te puede imponer límites”.

-Desde la Argentina se ve como si en Uruguay la relación con la herencia afro estuviera más armonizada, más integrada en la cultura nacional… ¿Es realmente así?

-No te quiero pinchar el globo, pero creo que los argentinos tienen una idealización muy fuerte con el Uruguay. Creo que los hemos logrado engañar con mucho éxito (risas). Por momentos pareciera que nos utilizan como una especie de látigo para castigarse a ustedes mismos, como si fuéramos un paraíso y ustedes un infierno. Yo tengo una hipótesis disparatada que te voy a compartir: la Argentina y los argentinos tienen una vitalidad enorme, un nivel de población y un potencial de crecimiento que les brinda la posibilidad de autodestruirse cada dos por tres y volverse a levantar. En el Uruguay no nos podemos dar ese lujo, y por eso somos como más cuidadosos de no romper las cosas, somos más conservadores, como en el fútbol.

-Y en cuanto a la herencia...

-Volviendo al corazón de tu pregunta, te puedo dar un dato muy concreto: en el Uruguay la franja más pobre de la sociedad está compuesta mayoritariamente por mujeres y niños afrodescendientes. Con esa estadística no se puede discutir y da cuenta de que la grieta racial no está cerrada ni mucho menos. Entre la población afrodescendiente, además, hay muy pocos universitarios y también son escasas las oportunidades de ascenso social. Sin dudas que eso convive con la enorme gravitación de lo afro en la cultura uruguaya y rioplatense en general, que va desde el carnaval y el candombe hasta el origen del tango, donde los ritmos y la impronta africana es fundamental. Pero, sin dudas, que esa visión que se puede tener desde acá sobre la “armonía uruguaya” dista mucho de ser real.

José Gervasio Artigas, prócer de la independencia uruguaya. WIKIMEDIA COMMONS
José Gervasio Artigas, prócer de la independencia uruguaya. WIKIMEDIA COMMONS

-¿Hubo más dificultades o más facilidades al elegir la historieta como lenguaje para narrar esta historia?

-Pienso que la historieta te permite humanizar a los personajes históricos e insertar con naturalidad el elemento del humor, que sin dudas conecta con otro tipo de lectores. Tiene como una cosa accesible y entretenida a través de la que la historia cobra vida, como en aquella película Una noche en el museo. Obviamente que para mí fue mucho más fácil hacerlo en historieta, ya que siempre estoy publicando y es donde me siento cómodo.

-¿Cómo fueron los tiempos de este trabajo?

-En total me tomó dos años y medio que se dividieron en tres períodos de 10 meses: 10 meses de investigación histórica, 10 meses de guión y 10 meses de dibujo. Y me salió remontarme al estilo que tenía en mis inicios, porque sentía que así me iba a salir con más amor y calidad. A mis primeras fascinaciones con las historietas de Astérix y un personaje nuestro llamado Pelo Duro, que me llegó a través de mi abuela, y que me rompió la cabeza en su momento porque hablaba en uruguayo. Y también Fontanarrosa, por supuesto, y todo lo que leí en los 80 en el suplemento Óxido de la revista Fierro, donde estaban los autores más delirantes y nuevos. Creo –y esto es algo que me decía el historiador Alex Borucki- que me salió una historieta indiscutiblemente rioplatense, que tiene los modos y el lenguaje particular de esta tradición de la que me siento parte con muchísimo orgullo.

Quién es Gonzalo Eyherabide

♦ Nació en Montevideo, Uruguay, en 1972.

♦ Es historietista y escritor.

♦ Entre sus libros se cuentan Las semblanzas del Profe, Artigas, el patriota sin patria y ¿A qué estamos jugando?.

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