121 feminicidios en Honduras revelan persistencia de estructuras de dominación contra las mujeres, advierte académica

La directora del Observatorio de la Violencia de la UNAH, Migdonia Ayestas, alertó que los femicidios en Honduras son la expresión más extrema de una cultura de desigualdad y dominación

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La violencia contra las mujeres en Honduras dejó 121 femicidios en lo que va de 2026, según el Observatorio de la Violencia de la UNAH.

La violencia contra las mujeres en Honduras dejó 121 femicidios en lo que va de 2026, según el Observatorio de la Violencia de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras. Su directora, Migdonia Ayestas, advirtió que estos crímenes responden a estructuras de poder y desigualdad arraigadas en la sociedad.

Ayestas sostuvo que estos hechos no pueden analizarse solo desde una perspectiva criminal, ya que detrás de cada caso existen patrones culturales vinculados al control, la dominación y la desigualdad entre hombres y mujeres.

Según la directora del observatorio, la violencia de género se alimenta de normas sociales que históricamente han colocado a las mujeres en condiciones de subordinación, limitado su autonomía y reforzado prácticas machistas que se reproducen desde edades tempranas.

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Qué planteó la directora del observatorio

Explicó que los agresores utilizan la violencia como una herramienta para imponer autoridad y control, no solo sobre las víctimas directas, sino también como una forma de enviar mensajes de poder a su entorno social.

Migdonia Ayestas (d), directora del Observatorio de la Violencia de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (Unah), Unidas en Honduras, durante una conferencia de prensa. EFE/ Gustavo Amador

“El cuerpo de las mujeres es visto como un territorio que se quiere controlar. Es un mensaje de poder, una demostración de dominio que refleja una estructura de violencia mucho más amplia”, señaló Migdonia Ayestas.

Ayestas afirmó que los femicidios representan la manifestación más extrema de esta problemática y advirtió que detrás de cada caso existen historias marcadas por amenazas, agresiones previas, control psicológico, violencia económica y otras formas de abuso que muchas veces permanecen invisibilizadas.

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También lamentó que gran parte de la sociedad continúe observando estas muertes únicamente como cifras estadísticas, cuando reflejan dinámicas complejas de misoginia, odio y control sobre la vida de las mujeres.

Los datos registrados en 2026

De acuerdo con datos del Observatorio de la Violencia de la UNAH, durante lo que va de 2026 se contabilizan 121 muertes violentas de mujeres clasificadas como femicidios, además de tres casos adicionales que continúan bajo análisis para determinar su tipificación.

Para Ayestas, la solución no depende solo de endurecer las leyes o aumentar las penas, sino de implementar estrategias integrales que permitan atacar las causas estructurales que generan la violencia.

En esa línea, planteó la necesidad de fortalecer las instituciones encargadas de investigar estos crímenes, mejorar la capacidad de respuesta de los operadores de justicia y garantizar recursos suficientes para la atención y protección de víctimas en todo el territorio nacional.

La directora del observatorio advierte que los femicidios responden a estructuras de poder y desigualdad

“De nada sirven las leyes si no hay recursos. Se necesitan jueces capacitados, investigación criminal científica, presencia institucional y una respuesta efectiva del Estado”, manifestó.

Prevención, educación e impunidad

La directora del Observatorio de la Violencia también remarcó la necesidad de trabajar en la prevención desde edades tempranas. A su juicio, el sistema educativo cumple un papel fundamental para desmontar patrones culturales de discriminación y violencia que se transmiten de generación en generación.

Además, consideró indispensable involucrar a los hombres en los procesos de transformación social, con modelos de convivencia basados en el respeto, la igualdad y la resolución pacífica de conflictos.

En Honduras, organizaciones defensoras de derechos humanos han reiterado que uno de los principales desafíos sigue siendo la impunidad.

Aunque se han registrado avances en materia legislativa y de atención institucional, especialistas coinciden en que persisten obstáculos relacionados con la investigación de los casos, el acceso a la justicia y la protección efectiva de las víctimas.