Un total de 170 médicos cubanos salieron este miércoles de Honduras tras la decisión del gobierno de no renovar el contrato con el programa de brigadas médicas de la isla, medida que refleja una redefinición de la política sanitaria nacional y deja la atención en regiones vulnerables ante el desafío de cubrir las vacantes con personal local.
La clausura del convenio, ejecutada con la despedida organizada en el aeropuerto internacional Ramón Villeda Morales de San Pedro Sula, ocurre en medio de un sistema de salud que enfrenta limitaciones en insumos médicos, infraestructura hospitalaria y demanda creciente de atención sanitaria.
Durante los dos años de vigencia, la brigada intervino directamente en la operación de siete mil personas, concentrando su labor en 17 de los 18 departamentos de Honduras y en cinco centros oftalmológicos instalados en Siguatepeque, Tegucigalpa, San José de Colinas, Catacamas y San Pedro Sula.
Estas cirugías resultaron decisivas para pacientes de escasos recursos, especialmente en regiones históricamente desatendidas. Según precisó, el embajador cubano Juan Laforte, los médicos trabajaron bajo “condiciones honrosas” y con “una remuneración adecuada”.
La misión cubana cubría 32 especialidades, que incluían medicina interna, cirugía general, oftalmología, pediatría, ginecología y anestesiología.
El despliegue permitió ampliar la cobertura sanitaria en áreas rurales y urbanas distantes, particularmente a través de programas de cirugía ocular gratuita que beneficiaron a cientos de pacientes en espera.
El acuerdo siempre estuvo rodeado de controversia. El Colegio Médico de Honduras cuestionó que la contratación de la brigada cubana desplazaba a profesionales hondureños aptos para ocupar esas posiciones, alegando que el problema real reside en la falta de nombramientos y recursos presupuestarios.
Estas voces afirmaron también que el costo del convenio era elevado, ya que los salarios de los cubanos se consideraban “onerosos” respecto al estándar local y el Estado debía asumir los gastos de seguridad, alojamiento y logística de los extranjeros.
A estas críticas se sumaron las revelaciones de la propia Secretaría de Salud, que admitió la presencia en la brigada de técnicos ajenos al ámbito médico, como electricistas y especialistas en telecomunicaciones, lo que amplificó los interrogantes sobre la naturaleza y alcance del acuerdo entre gobiernos.
Pese al cierre del programa, el embajador Laforte confirmó que los vínculos diplomáticos entre La Habana y Tegucigalpa se mantienen cordiales. Según afirmó, ha sostenido reuniones con la canciller Mireya Agüero y la vicecanciller Pamela Handal para asegurar el diálogo fluido sobre asuntos bilaterales.
El fin del convenio abre el interrogante sobre la capacidad de Honduras para cubrir las plazas vacantes y garantizar que las regiones remotas no vean reducida la atención médica.
Las autoridades en materia de salud han anunciado su intención de contratar médicos nacionales y reorganizar los servicios para evitar interrupciones, enfrentándose al reto de demostrar que el sistema puede sostener y mejorar los niveles de atención sin asistencia foránea.
El aeropuerto Ramón Villeda Morales simbolizó el cierre de esta etapa, entre despedidas y declaraciones diplomáticas, la partida de los médicos cubanos marca el final de una cooperación que articuló durante dos años la agenda sanitaria en el país.