Honduras cerró el año 2025 con una cifra alentadora en materia laboral: la tasa de desempleo nacional bajó a 6.14%, según los resultados de la VIII Encuesta de Economía Familiar Multipropósitos, presentada por la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH). Este dato representa una caída de 1.06 puntos porcentuales respecto al año anterior, cuando la tasa de desempleo se situó en 7.2%. Según Forbes Centroamérica, el informe, que fue elaborado a partir de una muestra de 10,298 hogares, revela un avance en la recuperación del empleo, aunque advierte sobre presiones económicas que continúan afectando a la población hondureña.
De acuerdo con la publicación, el estudio advierte que, si bien se observa una recuperación parcial del mercado laboral, el país aún enfrenta retos derivados del estancamiento de los ingresos y el encarecimiento de bienes y servicios esenciales. Las presiones inflacionarias, especialmente en rubros como alimentación, transporte, educación y salud, han presionado el presupuesto familiar, limitando la capacidad de consumo de los hogares. “El estancamiento en la capacidad adquisitiva ocurre en un contexto donde aumentan los precios de rubros esenciales, presionando el presupuesto familiar y limitando el consumo”, señala el informe.
De acuerdo con Forbes, la encuesta divulgada en Tegucigalpa indica que el 67.03% de los ocupados en Honduras cuenta con un empleo asalariado, mientras que el 32.97% trabaja por cuenta propia, una cifra que refleja la relevancia del autoempleo en la economía nacional. Sin embargo, el documento advierte sobre un “problema estructural”: el 40.1% de los desocupados lleva más de seis meses en busca de una oportunidad laboral, lo que evidencia limitaciones en la generación de empleo formal.
El panorama laboral hondureño también está marcado por diferencias territoriales notables. La región central del país registra la tasa de desempleo más alta, con 7.08%, mientras que la región occidental presenta la más baja, con 2.97%. Esta disparidad refleja desigualdades en la actividad económica y la disponibilidad de oportunidades laborales, afectando principalmente a las zonas con menor desarrollo.
En cuanto a las fuentes de ingreso de los hogares, el salario continúa siendo la principal, representando el 53.9% de los ingresos reportados. El negocio propio ocupa el segundo lugar, con un 17.6%, y las remesas se consolidan como la tercera fuente, al representar el 8%. El estudio subraya que, a pesar de la reducción del desempleo, el 41.77% de los hogares reportó que sus ingresos no registraron cambios en el último año, el 31.85% indicó reducciones y solo el 17.74% experimentó aumentos. Este dato evidencia la persistente fragilidad de la economía familiar y la presión sobre el poder adquisitivo.
Según Forbes Centroamérica, la encuesta también pone de manifiesto la desconfianza de la ciudadanía hacia las instituciones políticas. El documento subraya “bajos niveles de confianza” hacia la Presidencia de la República, el Parlamento y los partidos políticos, situando a las universidades y al cuerpo docente como las entidades con mejor valoración social.
Frente a este contexto, la Universidad Nacional Autónoma de Honduras hizo un llamado al sector público y privado a emplear estos datos técnicos en el diseño de políticas que fomenten el empleo de calidad y permitan recuperar el poder de compra de la población. La institución resaltó la importancia de orientar los esfuerzos hacia la generación de empleo formal, la reducción de la informalidad y la mejora de los ingresos reales de los hogares hondureños.
En síntesis, Honduras logró reducir significativamente la tasa de desempleo en 2025, un dato que refleja avances en la recuperación económica tras años de dificultades. No obstante, el país enfrenta el reto de consolidar esta tendencia, superar las desigualdades territoriales y mejorar las condiciones de vida de su población, que aún sufre el impacto de la inflación y la falta de empleos de calidad. El llamado de la UNAH apunta a la necesidad de políticas integrales que atiendan tanto la generación de empleo como la protección del poder adquisitivo de los hogares para asegurar un crecimiento sostenible en los próximos años.