La llegada de Nasry Asfura al poder en Honduras marcó el fin de un ciclo electoral particularmente tenso y reconfiguró el panorama político del país. La nueva administración estrenó su mandato en un contexto de perspectivas económicas en ascenso y riesgos inflacionarios al alza, según el más reciente informe de la agencia inglesa de análisis financiero Emerging Finance (EMFI).
Las instituciones multilaterales y los mercados muestran confianza ante señales de estabilidad y disciplina fiscal, aunque advierten que los grandes avances futuros dependerán de la capacidad del gobierno para negociar en un Congreso Nacional sin mayorías claras.
La ceremonia de investidura de Asfura, realizada el 27 de enero, concluyó un proceso marcado por acusaciones de fraude, protestas e incidentes violentos, entre ellos un ataque dentro del propio Congreso. El margen estrecho de victoria —alrededor de 1.3 puntos porcentuales, equivalente a 40 mil votos según el informe— generó un clima de inestabilidad, aunque sin derivas institucionales mayores.
El respaldo abierto del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, resultó clave para reforzar el reconocimiento internacional del resultado electoral mientras persistían las discusiones internas. De hecho, el mandatario estadounidense invitó a Asfura a una cumbre de mandatarios en la Casa Blanca el próximo 7 de marzo.
El análisis de EMFI, con fecha 10 de febrero, destaca que la transición permitió reanudar la colaboración con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que había quedado en suspenso por la cautela previa a los comicios. La próxima misión oficial del organismo está agendada para este mes y su tarea será verificar el grado de cumplimiento de las metas fiscales y monetarias, además de debatir nuevas líneas de financiamiento.
Durante la pausa electoral se retuvo un desembolso por USD 120 millones, medida justificada por razones políticas más que por deterioro económico. Conforme al reporte, Honduras probablemente cumplió los principales criterios cuantitativos fijados para diciembre de 2025, especialmente en materia fiscal y de reservas internacionales netas, que ascendieron a USD 10,200 millones, considerablemente por encima del umbral mínimo de USD 5,900 millones establecido en el programa.
No obstante, el gasto social prioritario quedó por debajo de lo pactado, lo que evidencia dificultades de ejecución más que restricciones fiscales y señala un área crítica para el gobierno de Asfura. El sector eléctrico, en particular la ENEE (Empresa Nacional de Energía Eléctrica), continúa generando riesgos estructurales debido al persistente sobrepaso de las pérdidas de distribución frente a los objetivos revisados, ampliando los pasivos contingentes del Estado.
Relación con la Asamblea y su impacto en la economía
Los ajustes legislativos constituyen el próximo desafío determinante. El Partido Nacional, fuerza de Asfura, cuenta solo con 48 de los 128 escaños en la unicameralidad hondureña, cifra insuficiente para la mayoría simple (65 votos). Así, cualquier reforma de calado —incluidas las exigidas por el FMI en gobernanza fiscal o el sector eléctrico— requerirá alianzas estratégicas ,señala EMFI.
El Partido Liberal, con 44 escaños y liderado por Salvador Nasralla, asume un papel central, ya que juntos alcanzarían 92 votos y podrían formar una mayoría calificada. Nasralla ha manifestado su respaldo al acuerdo con el FMI, lo que abre la puerta a una cooperación selectiva y posibilitaría la aprobación de reformas estructurales vitales. De fracasar estos pactos, la administración de Asfura enfrentará un escenario de estancamiento parlamentario con limitadas opciones para avanzar en su agenda.
En lo económico, Honduras registró un crecimiento interanual del 3.4% en el tercer trimestre de 2025 tras desacelerar desde el 3.9% observado entre los meses de abril y junio. Los indicadores de octubre y noviembre reflejan una sorpresiva mejora, lo cual eleva las expectativas de expansión para 2026. Este dinamismo, sin embargo, se acompaña de renovadas presiones inflacionarias: el año 2025 cerró con una inflación del 5.0%, límite superior fijado por el Banco Central, y una inflación subyacente del 5.4%, ambas influenciadas por la ampliación monetaria y un mayor nivel de liquidez en la economía.
En contraste, el frente externo evolucionó favorablemente. La balanza por cuenta corriente registró en el tercer trimestre de 2025 un superávit de USD 170 millones (0.4% del PIB), proyectándose a conseguir el primer resultado positivo anual fuera del ciclo pandémico, favorecido por la fortaleza de las exportaciones y el flujo sostenido de remesas del extranjero.
El entorno internacional podría abrir nuevas oportunidades comerciales: la proximidad política con la administración de Donald Trump allana el camino para eventuales negociaciones arancelarias bilaterales, similares a las ya implementadas con Guatemala y El Salvador. La posibilidad de eliminar o disminuir aranceles sobre productos hondureños aumentaría la competitividad exportadora, especialmente tras la imposición de un gravamen del 10% luego del «Día de la Liberación», con impacto en sectores clave.
La reacción de los mercados a la llegada de Asfura
En el plano financiero, los mercados han reaccionado positivamente a los cambios políticos. El bono de referencia de Honduras con vencimiento en 2034 cotizaba cerca de 115 céntimos, marcando un máximo histórico tras el rally registrado al disiparse la incertidumbre postelectoral. Los eurobonos hondureños lograron un retorno total del 1.3% en el último mes, superando a los índices regionales, y las tasas de rendimiento de los títulos que vencen en 2027, 2030 y 2034 se ubicaban en 5.4% (-22 pb mensual), 5.5% (-21 pb mensual) y 6.3% (-24 pb mensual) respectivamente. La recomendación del equipo EMFI es mantener los bonos, dado que las coyunturas positivas ya se reflejan en los precios y el potencial alcista resulta acotado a mediano plazo.
La fortaleza de la alianza parlamentaria entre el Partido Nacional y el Partido Liberal prevé limitar los obstáculos a eventuales operaciones de refinanciamiento de pasivos —como el vencimiento del bono 2027— y reduce significativamente los riesgos de gestión y gobernanza observados en el pasado, plantea EMFI.
Las autoridades proyectan que la financiación externa en el periodo 2026–2029 provendrá prioritariamente de organismos multilaterales y acuerdos bilaterales, aunque no descartan la utilización de eurobonos para cubrir necesidades específicas de refinanciación. El marco macrofiscal hondureño permanece robusto gracias a la disciplina observada y al reanclaje de las expectativas con el FMI, aunque los desafíos persisten: el gasto rígido, el bajo PIB per cápita, la alta pobreza, la dependencia de remesas —que aportan aproximadamente 30% del PIB— y las debilidades institucionales establecen un techo a la calificación soberana.
Las reformas estructurales avanzarán posiblemente de forma gradual, y persiste el riesgo de reversión brusca si se agrava la fragmentación geopolítica global o la desinversión extranjera. El consenso de los mercados y las recomendaciones analizadas se mantienen cautos respecto al futuro, priorizando la estabilidad alcanzada pero manteniendo la visión de que el potencial de mejora está, por ahora, contenido.