El 9 de junio de 2008 cinco amigos entraron a una casa de dos pisos en Mesa, Arizona, Estados Unidos, con el código del garaje que les había dado un conocido. Adentro, el olor era suave pero inconfundible. Subieron al primer piso, abrieron la puerta de la habitación principal y el hallazgo fue brutal. En la ducha, con el agua todavía corriendo, estaba el cuerpo de Travis Victor Alexander, de 30 años, en posición fetal. Tenía la garganta cortada de oreja a oreja, un orificio de bala sobre la ceja izquierda y entre 27 y 30 puñaladas distribuidas por todo el cuerpo. Llevaba cinco días muerto.
Lo primero que dijeron los amigos cuando la policía les preguntó si Travis tenía enemigos fue un nombre: Jodi Ann Arias. Sin dudar.
Travis Alexander nació el 28 de julio de 1977 en Riverside, California, en una familia marcada por la adicción. Sus padres, Gary David Alexander y Pamela Elizabeth Morgan, consumían drogas y se separaron cuando él tenía ocho años. A los 11 años, se mudó a vivir con su abuela paterna, una mujer mormona y estricta que le impuso una disciplina férrea. Sus siete hermanos llegaron después, tras la muerte del padre en un accidente de tránsito ocurrido en julio de 1997, el mismo día en que Travis cumplía 20 años. Su madre Pamela murió en 2005, a los 52 años.
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La universidad no era una opción que Travis considerara. Trabajó en telemarketing y ventas minoristas, pero su verdadera ambición era convertirse en orador motivacional. Con ojos claros y facilidad para hablar en público, encontró su lugar en Pre Paid Legal Services (PPL), una empresa de servicios legales prepagos orientada a personas de bajos recursos. Travis se convirtió en el encargado de los seminarios, y ayudar a otros a crecer profesionalmente pasó a ser su norte.
Era, según quienes lo conocieron, carismático y simpático. Vivía en Mesa, Arizona, y su fe mormona era central en su vida cotidiana.
En septiembre de 2006, Travis asistió a una convención de PPL en Las Vegas, Nevada. Ahí conoció a Jodi Ann Arias, una joven de 26 años nacida el 9 de julio de 1980 en Salinas, California. Ella era fotógrafa amateur, ambiciosa, de pelo largo teñido de rubio y con una facilidad natural para caer bien. Según su amiga Sky Lovingier Hughes, que contó la historia a la cadena estadounidense ABC News, la conexión entre los dos fue inmediata: “Ella estaba muy entusiasmada con la relación. Le encantaba lo gracioso que era él, lo bien que la pasaban juntos”.
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Jodi había tenido una infancia sin grandes traumas, según declararon sus padres. Pero a los 17 años ya se había ido de su casa para vivir con un novio. Después vinieron varios: Matt McCartney, Bobby Juárez, Darryl Brewer y Abe Abdelhadi. Saltaba de trabajo en trabajo, de ciudad en ciudad, de pareja en pareja.
Cuando conoció a Travis, cortó de inmediato con quien salía en ese momento y empezó a frecuentarlo. Usó el sexo como herramienta de conquista desde el principio. Ante las creencias religiosas de él, que limitaban las relaciones sexuales convencionales, la pareja practicó sexo oral y anal durante un tiempo. Jodi calculó cada movimiento: cuando Travis le regaló un libro del mormonismo, ella lo leyó y le anunció que quería convertirse. El 26 de noviembre de 2006 fue bautizada en la iglesia de él.
En febrero de 2007 comenzaron a salir formalmente. Ella se mudó de Palm Desert, California, a Mesa para estar cerca de Travis. Según su amiga Lovingier Hughes, él llegó a decirle que Jodi era la mujer con quien quería casarse.
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Los amigos de Travis no tardaron en inquietarse. Jodi era demasiado posesiva: si en una cena no estaba sentada al lado de él, la furia se le notaba en los ojos. No toleraba que Travis hablara con otra mujer. Le revisaba el celular, los mails y las redes sociales. Se paraba detrás de las puertas cerradas para escuchar sus conversaciones privadas.
Lovingier Hughes recordó un episodio ante ABC News: tuvo la sensación de que Jodi estaba del otro lado de una puerta cerrada, Travis la abrió para verificar y la encontró parada ahí, con lo que el marido de la amiga describió como “una rabia en los ojos”. La propia Lovingier Hughes dijo que le advirtió a Travis en tono de broma: “Temo que un día te encontremos descuartizado en el freezer”. No era solo una broma.
Travis estaba convencido de que Jodi se había mudado a Mesa precisamente para vigilarlo. La relación se volvió un ciclo de discusiones, reconciliaciones y tensión permanente.
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En marzo de 2008, Travis cortó definitivamente. Pero la ruptura no cambió nada en el comportamiento de Jodi. Seguía apareciendo en su casa sin avisar, entraba por el garaje y se metía desnuda en su habitación. Él a veces cedía. Otras, le tenía miedo.
Cuando Travis descubrió que ella le había revisado los mensajes y se había enterado de que salía con una chica llamada Lisa, Jodi se vengó: le tajeó las cuatro gomas del auto. El episodio quedó registrado en los testimonios de los amigos ante la policía.
A comienzos de junio de 2008 Jodi Arias alquiló un auto en California y manejó hasta Mesa. Lo que ocurrió dentro de la casa de Travis ese día se reconstruyó, en parte, gracias a una cámara digital que ella misma intentó destruir: la metió en el lavarropas junto con sábanas y toallas. El aparato resistió.
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Los peritos recuperaron las imágenes con reactivos químicos. La secuencia comenzaba a las 13:40 con fotos de contenido sexual explícito. Después había varias de Travis desnudo en la ducha. A las 17:20, en la última foto de esa serie, él miraba directo a la cámara mientras el agua le corría por la cara. En la imagen siguiente, ya estaba en el piso del baño, sangrando.
La autopsia confirmó que Travis murió el 4 de junio de 2008, antes de cumplir los 31 años. Le dispararon con una pistola calibre .25, lo apuñalaron entre 27 y 30 veces y le cortaron la garganta al borde de la decapitación.
La escena del crimen aportó más pruebas. Los peritos encontraron un casquillo calibre .25, mechones de pelo largo oscuro, una huella de palma ensangrentada en la pared del pasillo y la cámara dentro del lavarropas. El análisis de esa huella dio dos rastros de ADN: el de Travis y el de Jodi. No quedaban dudas.
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Jodi Arias fue arrestada en California. Al principio negó haber estado en Mesa el día del crimen. Después de pasar una noche detenida, cambió su historia: dijo que sí había estado, que tuvieron sexo, que sacaron fotos en la ducha y que después dos intrusos enmascarados irrumpieron en la casa y atacaron a Travis. Las autoridades no creyeron esa historia.
En el juicio, que comenzó el 2 de enero de 2013 en el Tribunal Superior del Condado de Maricopa, Jodi presentó una tercera versión: dijo que Travis la atacó después de que ella rompió accidentalmente su cámara nueva, y que lo mató en defensa propia. Agregó que había perdido la memoria durante el ataque. El juicio duró cuatro meses y se convirtió en uno de los procesos más seguidos de Estados Unidos desde la absolución de la estrella de fútbol americano O.J. Simpson, con transmisión en vivo por televisión y por internet. El 8 de mayo de 2013, el jurado la declaró culpable de asesinato en primer grado con premeditación.
Cuatro integrantes de la familia de Travis hablaron antes de conocerse la sentencia. Su hermana Tanisha Sorenson dijo: “Dejá de asesinar a mi hermano una y otra vez manchando su nombre”, refiriéndose a Jodi como “ese mal que está sentado detrás de mí”.
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La propia Arias tomó la palabra. Sostuvo su versión de defensa propia, acusó a la policía y a los fiscales de haber cambiado su relato durante la investigación y pidió disculpas: “Lo más importante que quiero decir es que lamento enormemente el dolor que le causé a las personas que amaban a Travis. Estoy verdaderamente asqueada y siento repugnancia con mí misma”.
El jurado que la condenó no logró ponerse de acuerdo sobre si merecía la pena de muerte o cadena perpetua, por lo que se declaró un juicio nulo en esa instancia. Un segundo jurado, convocado en octubre de 2014, también quedó trabado. La ley del estado de Arizona impedía un tercer intento.
El 13 de abril de 2015, una jueza la sentenció a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional. Arias tenía 34 años.
En mayo de 2018 intentó revertir la condena ante un tribunal de apelaciones, con el argumento de que la cobertura mediática masiva y la supuesta mala conducta del fiscal le habían impedido tener un juicio justo y un jurado imparcial. El intento fracasó.
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Un juez la obligó a pagar 32.000 dólares a la familia de Travis para cubrir los gastos de traslado y alojamiento durante el juicio.
Jodi Arias cumple su condena en la prisión femenina de Perryville, en Goodyear, Arizona. Está alojada en un módulo de seguridad media-baja y trabaja como auxiliar en la biblioteca del penal, función que ocupa desde julio de 2018. Antes había trabajado en el depósito de la tienda interna entre 2017 y 2018, y como portera en 2016.
Según registros públicos relevados por la revista estadounidense People, tiene un único antecedente disciplinario: en febrero de 2016 fue sancionada por “falta de respeto al personal”.
No tiene posibilidad de salir en libertad. Por haber asesinado a su novio hace exactamente 18 años.