Cada viernes por la noche, Kurt Evans, chef y propietario de Black Dragon en Filadelfia, Estados Unidos, mantiene viva una tradición familiar: pedir comida china para llevar, abrir una galleta de la fortuna y, si los números impresos en su interior parecen auspiciosos, usarlos en la lotería. Décadas atrás, este ritual lo compartía junto a su madre, y ahora Evans lo honra creando él mismo los mensajes que acompañan el postre en su restaurante.
Tras esta costumbre, común en miles de restaurantes chinos en EE.UU y otras regiones de Occidente, se encuentra una historia transnacional sobre el verdadero origen de las galletas de la fortuna.
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Pese a su vinculación con la gastronomía china, la creación de las galletas está ligada a la cultura japonesa. Las investigaciones de la historiadora culinaria japonesa Yasuko Nakamachi, autoridad acreditada en historia culinaria japonesa, han evidenciado que productos similares existían en Japón desde hace siglos, mucho antes de llegar a los restaurantes chinos estadounidenses.
Según Nakamachi, Japón ha estado fabricando galletas de la fortuna durante cientos de años, tradición documentada desde el periodo Edo (1603-1868), con ilustraciones que muestran a vendedores preparando senbei doblados de aspecto casi idéntico a las versiones modernas.
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Estas galletas, conocidas como tsujiura gashi, se elaboraban con masa de arroz y se rellenaban con mensajes escritos, que podían ser proverbios, fragmentos de canciones de la época o frases de humor. Como detalla Nakamachi: “En el pasado, contenían frases cortas, proverbios, líneas humorísticas o incluso letras de canciones populares del periodo Edo”.
Aunque todavía hoy se pueden encontrar snacks adivinatorios en Japón, durante siglos fueron artículo exclusivo de la élite, dado el bajo índice de alfabetización de la época.
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Origen y evolución histórica
La llegada de las galletas a la cultura gastronómica de Estados Unidos cuenta con diferentes versiones. Algunos aseguran que fue gracias a la pastelería japonesa Fugetsu-do y la empresa Hong Kong Noodle Company en Los Ángeles, que fueron pioneras en la producción.
Sin embargo, la mayoría de los expertos —incluida Nakamachi— refiere que fue en el Japanese Tea Garden de San Francisco donde comenzó la fabricación en masa. En este enclave, la ya desaparecida empresa Benkyodo, produjo grandes cantidades usando moldes de hierro diseñados por su propietario, según relata Gary Ono, descendiente del fundador.
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Tras dos décadas de estudio, Nakamachi sostiene que “las galletas de la fortuna más conocidas actualmente fueron, casi con certeza, inspiradas en estos originales japoneses”. Su libro, Tsujiura no bunka-shi, profundiza en este vínculo, con apoyo en fuentes históricas y testimonios. Durante la Segunda Guerra Mundial, la fabricación de galletas se interrumpió por el confinamiento de japoneses estadounidenses en campos de internamiento.
En ese contexto, fábricas propiedad de ciudadanos chinos asumieron la producción y lograron que se difundieran aún más tras la guerra, consolidando la percepción de que se trataba de una invención china.
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Al promediar el siglo XX, las galletas de la fortuna formaban parte del menú en restaurantes chinos y japoneses de Estados Unidos y Canadá, especialmente en los tradicionales chop suey houses. Actualmente, Wonton Food Company, el mayor fabricante estadounidense, lidera la producción industrial, mientras que Golden Gate Fortune Cookie Factory, la principal fábrica artesanal de San Francisco fundada en 1962, es la única de su tipo que sigue operando en esa ciudad.
La industria actual y sus protagonistas
Wing Noodles, la fábrica de galletas de la fortuna más antigua de Canadá, cerró en 2025 tras 80 años de actividad. En el Área de la Bahía de San Francisco, Oakland Fortune Factory, fundada en 1957, ha cobrado protagonismo a través de la elaboración artesanal y la creación de series especiales como las “galletas de solidaridad”, que contienen mensajes de líderes de derechos civiles y campañas contra el racismo. Alicia Wong y su esposo Alex Issvoran, actuales propietarios, impulsan variedades nuevas y realizan colaboraciones con empresas tecnológicas y creativos, como los guionistas de Rick and Morty.
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“Cada nuevo diseño tiene que tener un significado detrás”, destacó Issvoran. Tras el lanzamiento de las galletas de solidaridad, recibieron llamadas de clientes emocionados al abrirlas, lo que les permitió entender la conexión que establecían con el público.