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La prolongación de El Niño en Guatemala y el riesgo de una sequía que dure hasta el 2027

El déficit de precipitaciones en el Corredor Seco amenaza a los cultivos de maíz y frijol, reduce las cosechas y limita la contratación de jornaleros, profundizando la fragilidad social de comunidades dependientes

Un terreno de tierra agrietada con cultivos secos representa el impacto del fenómeno meteorológico de El Niño y la sequía en Guatemala. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El descenso notable de las lluvias en Guatemala, asociado al fenómeno de El Niño, se mantendrá y podría agravarse hasta el próximo año.

Las predicciones actuales advierten que la escasez hídrica se convertirá en un reto persistente para distintos sectores productivos y sociales del país.

Aunque El Niño aún no ha sido declarado oficialmente en Guatemala, los registros muestran tres trimestres móviles consecutivos con anomalías térmicas iguales o superiores a 0.5 °C, cuando se requieren cinco para una confirmación formal, detalló en un informe el Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología (Insivumeh).

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Según el documento, esta circunstancia técnica no ha impedido que el país experimente ya una disminución significativa en las precipitaciones y un aumento de las temperaturas; es decir, menos lluvia y más calor.

Desde marzo, los pronósticos anticipaban que la falta de lluvias se intensificaría a mediados de año. La observación actual confirma estas previsiones, lo que obliga a mantener la vigilancia y adaptar estrategias para enfrentar la situación.

Persistencia del fenómeno hasta 2027

El Instituto Privado de Investigación sobre el Cambio Climático (ICC) reporta que las condiciones de El Niño se fortalecieron en julio y se espera que prevalezcan durante el resto de 2026 y principios de 2027.

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Según el Centro de Predicción Climática de la NOAA, citado por el ICC, la probabilidad de que el evento continúe es superior al 95 %, con un posible aumento de intensidad hacia un episodio muy fuerte entre septiembre de este año y enero de 2027.

La anomalía de temperatura superficial del mar en la región Niño 3.4 alcanzó +2.0 °C en julio, superando ampliamente el promedio y marcando una tendencia preocupante.

El descenso de las lluvias en Guatemala, asociado a El Niño, podría mantenerse y agravarse hasta 2027. (Ministerio de Ambiente)

Impacto territorial: sur de Guatemala y El Salvador

Las consecuencias del fenómeno afectan de manera especial al sur de Guatemala y a El Salvador. Entre mayo y julio, la Boca Costa registró anomalías de hasta +0.9 °C y la región del Pacífico alcanzó +1.2 °C, detalló el Instituto que se especializa en el análisis del cambio climático.

Las precipitaciones estuvieron considerablemente por debajo del promedio histórico: en el Pacífico guatemalteco el déficit fue de -50 mm (-31 %) y en la Boca Costa llegó a -151 mm (-51 %).

En El Salvador, la zona montañosa y la región del Pacífico también experimentaron déficits superiores al 29 % y 77 % respectivamente. Se prevé que estos valores continúen descendiendo, lo que podría reducir los caudales de los ríos y afectar la disponibilidad de agua para la población y la agricultura.

Consecuencias para la economía y la salud

La falta de lluvias pone en riesgo la productividad agrícola, en particular los cultivos de maíz y frijol en el Corredor Seco, que son fundamentales para la seguridad alimentaria nacional. La sequía prolongada disminuye las cosechas y limita la contratación de trabajadores rurales, agudizando la vulnerabilidad de las comunidades.

El sector energético también enfrenta desafíos: la reducción del caudal de los ríos dificulta la generación hidroeléctrica, lo que lleva a un mayor uso de combustibles fósiles y al encarecimiento de la electricidad.

A esto se suman los problemas de salud pública, pues la escasez de agua favorece prácticas de almacenamiento deficientes y eleva el riesgo de enfermedades como el dengue.

Vigilancia y medidas anticipatorias

El Insivumeh ha reiterado la necesidad de monitoreo constante y actualización de la información sobre el fenómeno. El seguimiento preciso es clave para fortalecer las acciones preventivas y minimizar los efectos negativos, no solo en 2026 sino también durante el año siguiente.

El descenso de las lluvias en Guatemala, asociado a El Niño, podría mantenerse y agravarse hasta 2027. (Ministerio de Ambiente)

“Fuimos claros al mencionar que si Guatemala necesitaba 3 botellas de agua para pasar la época, en este momento y este año, lo que podría tenerse disponible son 2 botellas”, metáfora utilizada por el director del Insivumeh, Edwin Rojas, para ilustrar la magnitud del déficit hídrico que enfrenta el país.

Experiencias previas y perspectiva

La duración de El Niño en la región ha sido variable: entre 2014 y 2015, el episodio se extendió por 20 meses, mientras que en 2018-2019 duró 10 meses. Estos antecedentes refuerzan la alerta sobre la posible prolongación del déficit de lluvias.

En conclusión, Guatemala encara una prolongada escasez de lluvias producto de El Niño, que podría extenderse hasta 2027 y afectar de forma transversal la economía, la seguridad alimentaria y la salud pública. La adaptación y la vigilancia serán cruciales en los próximos meses.

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