La salida de unos 400 médicos cubanos del sistema público de salud en Guatemala, tras casi tres décadas de cooperación ininterrumpida, pone en riesgo la atención para miles de pacientes en todo el país, de acuerdo con usuarios y especialistas del sector. El Gobierno de Bernardo Arévalo de León decidió finalizar de forma unilateral el acuerdo bilateral con Cuba, priorizando la incorporación de profesionales nacionales e implementando un proceso de reemplazo por etapas, tal como informó la agencia EFE.
En la práctica, esta decisión obligará a suplir a los 412 integrantes de la brigada cubana —de los cuales 333 son médicos y el resto personal técnico y administrativo— en hospitales y puestos de salud distribuidos en 16 departamentos. El plan elaborado por el Ministerio de Salud de Guatemala prevé que la salida se ejecute en forma escalonada entre abril y diciembre, con vacantes abiertas para especialidades críticas como pediatría y obstetricia.
Las autoridades guatemaltecas fundamentan la medida en el avance de la formación profesional local. El doctor Luis Enrique Castellanos, director de Redes Integradas de Servicios de Salud del ministerio, señaló a EFE que el acuerdo con Cuba ya no sería necesario. El funcionario detalló que “ahora se gradúan muchos más médicos guatemaltecos” y precisó que su incorporación permitirá “fortalecer la red de servicios con talento humano nacional”. El directivo aseguró que existen convocatorias en marcha para cubrir las plazas próximas a quedar vacantes.
En centros como el Hospital Oftalmológico de Villa Nueva, situado a 20 kilómetros al sur de la capital, tanto personal como pacientes han manifestado su inquietud sobre el futuro de la atención tras la salida de los equipos cubanos. María Alicia de Pinula, paciente operada por el equipo cubano, afirmó a EFE: “Lamentamos mucho la situación y nos pone tristes porque ellos se van y han hecho mucho por el pueblo”. Por su parte, Verónica Suruy, beneficiada con dos cirugías recientemente, pidió a las autoridades que reconsideren la decisión y destacó que “han ayudado bastante”.
El impacto de la salida se percibirá especialmente en áreas rurales de difícil acceso, como Alta Verapaz, Huehuetenango y San Marcos. En estos territorios, los médicos cubanos han ejercido principalmente en medicina general y ginecología, tareas para las que, según Castellanos, el país carecía de capacidad en los años noventa.
La cooperación médica entre Cuba y Guatemala se inició en 1998, tras el paso del huracán Mitch que dejó un saldo cercano a 300 muertos en el país centroamericano. Desde entonces, los convenios establecían períodos de permanencia de tres años para los médicos y dos para el personal técnico cubano.
Limitaciones presupuestarias y desafíos en la cobertura sanitaria
El Ministerio de Salud de Guatemala enfrenta obstáculos significativos para garantizar la atención sanitaria universal. Según cálculos de centros de estudios independientes citados por EFE, el ministerio dispone de uno de los presupuestos más bajos de la región y mantiene una insuficiencia de personal e infraestructura para atender a sus 18 millones de habitantes.
La relevancia operativa de la brigada cubana se refleja en el testimonio de María Elena Barrero Aguilar, médica oftalmóloga cubana, quien describió: “Ayer se vieron cien pacientes y se operaron quince… esto lo llevamos a diario” al referirse al ritmo de trabajo de sus colegas en Guatemala. Barrero manifestó su satisfacción por “devolver salud al pueblo de Guatemala”, aunque admite que tanto ella como sus compañeros tendrán que “hacer maletas y volver a la isla de manera prematura”.
El retiro paulatino de la brigada cubana culminará a finales de 2024, tras 28 años de colaboración sanitaria permanente entre Guatemala y Cuba.